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Brasil coquetea con el nuevo gobierno de México

Aunque Peña Nieto se encontrará con Dilma Rousseff la próxima semana, es improbable que se finalicen las pláticas sobre un TLC entre ambas naciones.

11-09-2012, 10:17:58 AM

El presidente electo de México, Enrique Peña Nieto,
aterrizará la próxima semana en Brasil dispuesto a pasar la página de una
reciente crisis comercial entre las dos mayores economías de América Latina.

Pero aunque su encuentro con la presidenta Dilma Rousseff se
refleje en más comercio e inversiones, resucitar las truncadas negociaciones
para un Tratado de Libre Comercio (TLC) parece improbable mientras no
cicatricen las heridas abiertas por una reciente disputa por el comercio
bilateral de autos.

En un rebrote de proteccionismo, Brasil impuso a comienzos
de este año a México la suspensión temporal de un acuerdo de libre comercio de
autos que debía servir de preámbulo para un futuro TLC, lo que enfrió las
relaciones.

Eso sólo empeoró el temor de la agroindustria mexicana a la
liberalización del comercio.

Tras la victoria electoral de Peña Nieto, Rousseff rompió el
hielo al levantar el teléfono para felicitarlo.

“Le expresó que queremos retomar las relaciones con
México y darles mayor consistencia”, dijo a Reuters el asesor de asuntos
internacionales de Rousseff, Marco Aurelio García, que participó en la llamada.

Consultado si la presidenta había invitado a Peña a reanudar
las conversaciones para un TLC, García dijo: “Hay un camino muy grande a
ser explorado dentro de los marcos actuales”.

Del otro lado de la línea, cautela.

“Hay la invitación y la intención de ampliar las
relaciones estratégicas”, dijo a Reuters Emilio Lozoya, asesor de asuntos
internacionales de Peña Nieto durante la campaña y barajado como posible futuro
secretario de Relaciones Exteriores.

“Los detalles de si sería un TLC o acuerdos sectoriales
están por verse, pero el principio de nuestro lado es que debemos explotar la complementariedad
de nuestras economías”, añadió.

Brasil y México llevan más de 15 años jugueteando con un
elusivo TLC. Las negociaciones naufragaron antes en el 1997 por reservas de
Brasil y nuevamente en el 2010 por dudas de México.

Pero pese a todos los intentos fallidos, la idea de eliminar
las barreras comerciales entre las dos mayores economías de América Latina no
pasa de moda.

Los actuales problemas con sus socios de la unión aduanera
sudamericana Mercosur y el frenazo de su economía renovaron el interés de
Brasil por México. Es contra ese telón de fondo que Rousseff recibirá a Peña
Nieto el 20 de septiembre en Brasilia, en lo que García llamó “un
encuentro de conocimiento”.

Pero todo dependerá de si hay o no “buena
voluntad”, indicó Lozoya, echando mano a una expresión muy usada por
diplomáticos y empresarios mexicanos tras el fiasco del acuerdo automotor.

Eternos desencuentros

Welber Barral, un ex secretario de comercio exterior
brasileño que encabezó en el pasado las negociaciones del TLC, viajó ocho veces
a México en el 2010 para negociar un acuerdo que, recuerda, parecía al alcance
de la mano.

“Era un acuerdo ambicioso”, dijo durante un
reciente foro de inversiones en Sao Paulo. “Más comprensivo inclusive que
el que tenemos con el Mercosur. No abordaba sólo acceso a mercado, sino reglas
aduaneras, reglas sobre servicios e inversiones”.

Hoy Barral es más prudente: “Una negociación
Brasil-México va a ser muy lenta”, comentó.

Un TLC podría tener un impacto significativo sobre los 9 mil millones de dólares negociados entre ambas naciones en el 2011, que representan
menos de un 2% del comercio total de cualquiera de los dos países.

México podría reducir su dependencia a los ciclos de la
economía de Estados Unidos y Brasil ganaría acceso a un mercado de 115 millones
de habitantes para sus productos básicos.

El sector privado brasileño dice estar listo.

“El temor a que Brasil derrumbe el mercado mexicano es
infundado”, dijo Ricardo Santin, director de mercados de Unión Brasileña
de Avicultura, la mayor industria de pollos del mundo que no logra colocar ni
un solo muslo en México.

“Si este es el momento o no es una valoración de los
mexicanos. Por nuestra parte estamos listos para empezar a negociar”,
añadió.

Pero los empresarios brasileños saben que será complicado,
sobre todo después de la imposición este año de cuotas a las importaciones de
autos mexicanos, que dispararon el déficit comercial con ese país a 1.170
millones de dólares en el 2011.

El Ministerio de Comercio Exterior, a sólo unas cuadras de
su palacio presidencial de Planalto en Brasilia, aún no recibió instrucciones
de reactivar las negociaciones, según una fuente.

Una forma de aproximarse sería mediante acuerdos sectoriales
en siderurgia, petroquímica o alimentos. Otra sería aprovechar el interés de
Peña Nieto por replicar el modelo de la petrolera brasileña Petrobras para
darle más independencia a la estatal Pemex .

“Hay espacio de cooperación. México es un país con el
que nos interesa tener una relación más estrecha”, dijo García, el asesor
de Rousseff.

México a la alza

Otro obstáculo para negociar un TLC en este momento es el
desbalance en el ciclo de ambas economías.

Brasil, con su crecimiento encallado, tendría mucho que
ganar con el acceso irrestricto a México. Pero el atractivo podría ser menor
para México, con una economía que se está despertando ayudada ahora por una
recuperación en Estados Unidos.

Brasil y México perdieron el tren, dice Jaime Zabludovsky,
un negociador mexicano del TLC con Estados Unidos y Canadá en la década de
1990.

La subida del real encareció las exportaciones brasileñas y
además Peña Nieto necesitará de todo su capital político para convencer a los
mexicanos de la conveniencia de negociar un Acuerdo de Asociación Transpacífico
con Estados Unidos y otros miembros APEC, lo que implicaría abrir más aún su
sector agrícola.

“Una negociación ambiciosa como la que se estaba
pensando entre México y Brasil en el corto plazo es muy complicada (…) Lo que
vimos en el acuerdo automotor, que era el campeón de la relación bilateral, es
nada más una muestra del tipo de dificultades que habría”, dijo
Zabludovsky.

Además, las fortunas parecen estar cambiando. México está
atrayendo parte de los flujos que los inversores colocaban hasta hace poco en
la bolsa de Sao Paulo y Nomura cree que podría desplazar a Brasil como la mayor
economía de América Latina dentro de 10 años.

México ha invertido unos 26 mil millones de dólares en
Brasil, casi cinco veces más que el flujo de capital en el sentido opuesto.

Millones de brasileños desayunan pan Bimbo, hablan por
celulares Claro del grupo América Móvil de Carlos Slim, usan electrodomésticos
Mabe y beben Coca-Cola embotellada por Femsa.

Pero los empresarios mexicanos mantienen la pelota en el
piso.

“Lo que se puede hacer ahora es aprovechar la
oportunidad para renovar un diálogo que se había detenido por el impasse del
acuerdo automotor. Pero eso no quiere decir que van a haber pláticas para un
tratado de libre comercio. Nada de eso”, dijo Eduardo Ragasol, presidente
de la asociación de empresarios mexicanos en Brasil.

Rubens Barbosa, un ex negociador brasileño ante el Mercosur
y actual asesor de comercio exterior de la poderosa Federación de Industrias
del Estado de Sao Paulo, pronostica más retórica que avances concretos.

“Brasil y México están desencontrándose hace muchos
años”.

¿Cómo podrían México y Brasil fortalecer sus relaciones
comerciales?

Para saber más:

.Peña Nieto visitará Centroamérica y Sudamérica

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.México puede superar a Brasil como líder en Latam: Hacienda