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“Unión fiscal” de Merkel afronta obstáculos

La canciller alemana se esforzó en la cumbre del G20 para lograr que los Estados de la UE tengan una unión fiscal total que responda a la autoridad central en Bruselas.

20-06-2012, 11:14:41 AM

A mediados de la década de 1990, a Helmut Kohl le
preguntaron cómo esperaba convencer a los alemanes de cambiar el marco por una
nebulosa nueva moneda que después fue bautizada como euro.

“Eso pasará”, dijo el canciller. “Los
alemanes aceptan un liderazgo fuerte”.

Casi dos décadas después recayó sobre la ex protegida de
Kohl, Angela Merkel, la responsabilidad de persuadir a los escépticos alemanes
-y a sus socios de la zona euro- que más unidad de Europa, y no menos, es la respuesta
a la profunda crisis que aflige a la moneda única.

En una cumbre del G20 en Los Cabos esta semana, Merkel se
esforzó para convencer al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y a otros
líderes de su idea de encaminar a Europa a una unión fiscal, donde los Estados
miembros deberían ceder un poder sin precedentes sobre la política
presupuestaria a la autoridad central en Bruselas.

Su esperanza es que al comprometerse con un gran paso hacia
la integración política y económica, Europa pueda corregir los errores de los
padres del euro como Kohl y convencer a los mercados de su decisión de mantener
la moneda.

“Estos pasos le mostrarán al mundo que Europa y el
proyecto europeo son irreversibles”, dijo en Los Cabos el presidente de la
Comisión Europea, José Manuel Barroso.

Barroso es uno de los cuatro altos funcionarios de la UE que
deben presentar propuestas en una cumbre del bloque a fin de mes sobre la
manera de lograr una unión fiscal en Europa.

Pero mientras se acerca el momento de la cumbre y durante
los meses siguientes, Merkel afrontará una serie de obstáculos desalentadoras
que podrían interrumpir sus planes.

Primero, debe recuperar el tiempo perdido explicando su
visión a ciudadanos de su país y del bloque que son cada vez más escépticos
sobre los beneficios del euro y de la Unión Europea ante una crisis cada vez
más profunda, que aumentó el desempleo y llevó a las economías de Europa a la
recesión.

“El argumento más fuerte en contra de reinventar a
Europa es que la mayoría no quiere”, dijo el diario alemán Sueddeutsche
Zeitung el fin de semana en un editorial.

Pese a que en los últimos meses llenó sus discursos con
referencias a “unión política”, Merkel aún debe aclarar cómo se vería
su plan y qué tan rápido puede ser implementado. Europa no es una pasión para
ella, como lo era para Kohl, por lo que su desafío es vender el gran plan.

Altas expectativas

Merkel también debe lidiar con las altas expectativas de los
socios del G20, como Estados Unidos, que abrazó a regañadientes una
integración europea como la solución para la crisis después de que la canciller
alemana rechazó sus reclamos de medidas más radicales de corto plazo, como la
emisión de bonos comunes de la zona euro y garantías de depósitos bancarios transnacionales.

Funcionarios alemanes en Los Cabos dijeron a periodistas que
Washington entendió que la presión de Merkel por una unión fiscal era un
proceso “evolutivo” y no “revolucionario”.

Pero también reconocieron que la presión estaba creciendo
para generar un comunicado de peso en la cumbre del 28 y 29 de junio, sin
importar lo difícil o poco realista que esto pudiera resultar.

“Sabemos que las expectativas para la cumbre de la UE
son altas”, dijo un aliado de Merkel. “Necesitamos dar algo. Pero la
realidad es que muchos países no han aceptado la idea de moverse hacia una
mayor integración fiscal. Será muy difícil hacer el gran anuncio”,
sostuvo.

El mayor obstáculo, más allá de su audiencia doméstica,
podría ser el nuevo presidente francés Francois Hollande, con quien debe
desarrollar una relación cercana.

Hollande, un protegido de Jacques Delors -uno de los padres
del euro, al igual que Kohl-, aún no ha mostrado si está preparado para abandonar
décadas de oposición a la transferencia de poderes a Bruselas y aceptar el plan
de Merkel.

La contundente victoria de sus socialistas en las elecciones
parlamentarias del domingo fortalecieron la posición de Hollande.

Alemania anunció este mes que estaba preparada para conceder
a España un año extra para alcanzar sus metas de reducción de déficit, y
también mostró flexibilidad en permitir que la ayuda de la UE fluya
directamente a los bancos españoles sin que el país tuviera que comprometerse a
un programa de ajuste económico completo.

Funcionarios alemanes rompieron un tabú de la posguerra al
mostrar tolerancia para un alza de los precios a nivel local y apoyar acuerdos
de aumentos de salarios por inflación en la manufactura y sectores públicos.

Algunos vieron el lenguaje del comunicado del G-20 en Los
Cabos como otra señal de una nueva disposición de Berlín a comprometerse.

En él, los países europeos reconocen que estaban
considerando moverse a lo que se denomina unión bancaria, con herramientas de
resolución bancaria y un esquema integrado de garantías de depósito que hasta
ahora Alemania había frenado.

Reunión en Roma

En los preparativos para la cumbre de la UE quedará claro si
estas medidas ayudarán a convencer a los socios de los alemanes. Merkel viajará
a Roma el viernes para reunirse con Hollande, con el presidente del Gobierno
español, Mariano Rajoy, y con el primer ministro italiano, Mario Monti.

Un problema incluso mayor es si un plan a largo plazo hacia
una mayor integración -que presumiblemente incluiría un control central sobre
los presupuestos, impuestos, coordinación de políticas laborales y un
Parlamento europeo más poderoso- tiene alguna oportunidad de calmar a los
mercados.

Aunque Europa esquivó una bala en las elecciones del domingo
en Grecia, que le dio a los partidos pro rescate una mayoría parlamentaria, y
convenció a Madrid de buscar un rescate para sus bancos, los costos del
endeudamiento español siguen estando altos, y aún existen riesgos de que Italia
caiga por contagio.

Rescatar a la tercera y la cuarta mayores economías de la
zona euro
no es una opción. Es por eso que los funcionarios están
silenciosamente preparándose para usar las herramientas de las que ya disponen
para proteger a Italia y España.

En Los Cabos, Monti lanzó la idea de utilizar los fondos de
rescate del bloque, el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) y el
Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), para comprar bonos de los debilitados
miembros en el mercado abierto.

Merkel ha señalado en privado que esta es una medida que
estaría preparada para aceptar si la crisis se profundiza, aunque Berlín no le
dio ninguna seguridad a Monti en la cumbre del G-20, según funcionarios.

Si los líderes de la UE logran enviar un convincente mensaje
sobre una unión fiscal en su cumbre de fin de mes, el Banco Central Europeo
podría también intervenir para limitar la turbulencia de corto plazo con una
tercera ronda de préstamos baratos a largo plazo para los bancos, o con una
rebaja en las tasas de interés.

“Una exitosa salida de la crisis del área euro
requerirá una hoja de ruta a una unión fiscal y bancaria y una hoja de balance
mucho más grande del BCE”, dijo el economista de JP Morgan David Mackie.

“Pero mientras, lo que se necesita parece cada vez más
claro. El riesgo es que las autoridades continúen moviéndose
escalonadamente”, agregó.

Eso, dijo Mackie, significará “mucha más tensión en el
mercado y mucho menos crecimiento económico” en el camino.

¿Crees que la figura de Angela Merkel está perdiendo peso en
la zona euro?

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