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Opinión

2 de junio, ¿locura o sabiduría colectiva?

14-06-2024, 8:16:04 AM Por:
2 de Junio
© INE

De un sistema medianamente inteligente pasaremos a un sistema francamente tonto, por definición.

Individualmente, somos los más débiles de la naturaleza, somos alimento para los depredadores. En grupo, en cambio, somos la especie dominante, el depredador alfa.

Nuestra supuesta inteligencia no es tanta, excepto cuando se trata de comunicarse y cooperar. Ahí sí somos campeones.

No sabemos cómo producir o preparar alimentos, cómo funciona un auto, un celular o cómo sobrevivir, pero el sistema humano sí sabe y ha creado conocimiento y sabiduría que todos aprovechamos.

James Surowiecki, en su interesante libro The Wisdom of the Crowds (2004), habla de varias ventajas específicas del grupo. Sabemos cooperar y coordinarnos de manera intuitiva y natural, pero además, algo más misterioso: Un grupo ignorante suele ser más acertado que cualquier experto.  No hay genio que pueda más o sepa más que un mercado, simple y llanamente porque el mercado procesa mejor la información y corrige sus errores. El mercado aprovecha la experiencia de todos y, por tanto, es una herramienta de cooperación por excelencia.

Por eso han fracasado las economías estatizadas manejadas por un pequeño grupo de burócratas, por más inteligentes o bien intencionados que sean, y han prosperado las economías de mercado, por más tontos y egoístas que puedan ser sus compradores y vendedores. Por eso son más prósperas las democracias con separación de poderes y libertades ciudadanas a las dictaduras o las oligarquías.

Sin embargo, hay momentos en que el grupo se comporta como multitud, como manada y en lugar de decisiones sabias, toma decisiones locas o tontas. El populismo suele generar esas decisiones radicales y desquiciadas porque se compran, distorsionan o apabullan las decisiones individuales. También existe un libro que habla de ello: The Folly of The Crowds. El ascenso de Hitler en Alemania es un buen ejemplo:  El pueblo más racional y productivo del momento fue llevado a una espiral de locura y destrucción inimaginable.

Un mercado político o económico puede corregir en el mediano o corto plazo, pero sólo si no se cambian las reglas y el juego permanece infinito, si se vuelve finito, en cambio, surge un ganador definitivo y se acaba el juego.

El 2 de junio, el mercado político mexicano tomó la decisión 2 a 1 de avalar una opción que a muchos nos parecía fracasada (malos resultados, mal gobierno, inseguridad, polarización) y peligrosa por su intención de cambiar las reglas para concentrar el poder. ¿Por qué? Hay dos teorías:

1) Fue un mega-operativo del partido en el poder. Elección de Estado a pesar del INE.

2) Estamos frente a un evento de estupidez colectiva.

Ninguna es de blanco y negro, hay grises. El mega-operativo de Morena/Gobierno va desde lo legal hasta lo ilegal, y más allá, lo extremo, el crimen organizado.

La estupidez colectiva puede ser desde justificada (necesidad, desinformación) hasta voluntaria y consciente: Algunos electores desean la concentración de poder en un solo partido y en una sola persona. Una dictadura.

Lo más probable es que sea una combinación de ambas… y están correlacionadas. A mayor estupidez, mayor probabilidad de mega-operativo, y viceversa. 

Aún falta la pelea por una distribución equitativa de diputados y senadores sin mayorías calificadas artificiales. Si se concentra el poder más allá de lo que el electorado dijo, Morena y aliados lograrán una mayoría calificada de 3 a 1 y se cambiarán las reglas del juego con el infame Plan C … adiós democracia, libertades, estabilidad económica y el México que conocemos. Se acabó el juego. De un sistema medianamente inteligente pasaremos a un sistema francamente tonto, por definición.

En dictadura, la salud del país no depende de la inteligencia colectiva sino de la salud mental del dictador. No conocemos un solo ejemplo en donde eso haya funcionado… y los mercados económicos lo saben.

La batalla por impedir sobrerrepresentación es vital no sólo para el país y por tanto,  para la propia candidata ganadora. Nadie anhela a tener un país en llamas y ya se vislumbraron los primeros incendios.

Toda esta discusión se hubiera evitado con una decisión política más equilibrada por parte de los mexicanos. No fue así. Una vez más, como en los mundiales de fútbol, quedamos fuera de la competencia. A pesar de la Marea Rosa, decidimos ser chicos y hacernos víctimas del destino, de la historia o de la geopolítica. Nos auto-eliminamos.

Cuando la perversidad y la estupidez se hacen amigas y se cambian las reglas del juego, no hay milagro guadalupano o nearshoring que puedan con ello.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja únicamente la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel.

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autor Director y fundador de Semáforo Delictivo.

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