Estilo de Vida

La ruta del vino en Sudáfrica

Estilohoy.com te invita a visitar alguno de los puntos de esta interesante región, con motivo de la máxima cita futbolera.

01-06-2010, 5:00:00 PM

Por David Martínez

Quien llega a Sudáfrica percibe inmediatamente tres fenómenos: el cielo azul, el horizonte sin fon y ese ruido tan peculiar que se asemeja al silencio. Por eso dicen que Sudáfrica es inspiración y cuando lo recorres te encuentras infinitas sorpresas, como su ruta del vino.

Tienes una imagen de África que crees que es la correcta y “cuando menos te lo esperas, aparece un boxeador y con un uppercut te demuestra que estás equivocado”. Así se refiere el novelista Fernando Schwartz al continente. Y es verdad: llegas a África con la imagen del safari, del sombrerito de explorador inglés que sale en todas las películas y te das cuenta de que lo que te rodea tiene algo curioso. Y das con cosas inesperadas, como su desconocida industria vitivinícola.

La revaloración de la ruta del vino está vinculada a la historia reciente de Sudáfrica, al fin del apartheid. A nadie se le escapa que el vino es un producto eminentemente europeo. Así, durante mucho tiempo estuvo asociado a la minoría dominante y como resultado del rechazo que producía el apartheid en la comunidad internacional, estaba sujeto a un embargo económico. Fue hasta la llegada de Nelson Mandela cuando la situación cambió. Muchos bodegueros comenzaron a explorar nuevas ideas y tecnologías para acelerar la producción. Sobre todo empezaron a observar qué se hacía en otras regiones del mundo. El beneficiado fue el pinotage, el vino sudafricano por excelencia, con carácter y muy frutal –se advierte fácilmente el sabor de las ciruelas, los plátanos, y las bayas rojas-, sedoso y con elevado contenido de alcohol.

Sol y viento antártico
La ruta del vino comprende los valles de Stellenbosch, Paarl y Franschoek, en las llamadas Tierras del Vino del Cabo o Cape Winelands, una región en la costa expuesta a los océanos Atlántico e Índico, en el extremo sur de África, que recibe la abrasadora luz de sol durante el día y por la noche la brisa marina modificada por las frías corrientes antárticas.

Cape Winelands es la ruta del vino más larga del mundo, con sus muchos spas y reservas naturales. Ahora, con la llegada del Mundial, se le ha dado el nombre de Ruta de la Amistad, por aquello de que “el vino une a los hombres”, de la misma forma en que se espera que lo haga el futbol. Así, se puede comenzar en Ciudad del Cabo para terminar en Stellenbosch, la perla vitivinícola del país.

Constantia, al sudoeste de Ciudad del Cabo, goza de clima mediterráneo y es considerado un suburbio de lujo de la ciudad. Es famosa por su Vin de Conatance, el favorito –con un sabor dulce ideal para la sobremesa- y el primero que produjeron los franceses allende el mar. Allí vale la pena visitar la finca de Groot Constantia.

Paarl ha sido señalada como la región que da fruto al vino del Mundial, el Fundi (estudiante en zulu). La creación del fundi dio origen al proyecto Laduma –gol, también en zulu- que incluye la formación de más de dos mil jóvenes en restaurantes y hoteles de todo el país, para luego contratarlos como agentes comercializadores del nuevo vino ante la llegada de los turistas que pasarán en junio por el país. Allí hay que acercarse a Kooperative Winjnbouwers Vereniging, la más famosa del país, que fabrica pinotage y brandy.

Franschhoek es la capital francesa de Sudáfrica, donde se asentaron los hugonotes. No obstante, uno recuerda que está en África al probar la carne de antílope acompañada de algún buen vino, un manjar que no se puede dejar pasar.

Stellenbosch es otro popular destino para los amantes del vino. Todo empezó en 1652 cuando Jan Van Riebeeck fundó la estación de avituallamiento de la Compañía de las Indias en el Cabo de Buena Esperanza, trayendo consigo la vid. El 2 de febrero de 1659 escribió: “Hoy, Dios sea loado, ha fluido por primera vez el vino de la uva del Cabo”. Por ello, el lugar conserva la arquitectura propia holandesa.

Así es el contraste sudafricano: tierra de planicies, sol abrasador y montañas nevadas. La ruta del vino es una buena estampa para llevarse a casa al final del viaje; además de vestirse de verde y alentar a la selección nacional.