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¿Es verdad que el ‘decrétalo y llegará’ te conduce a la felicidad?

Seguro has escuchado estas frases para alcanzar la felicidad: 'decrétalo y llegará', 'cancélalo para que no ocurra' o 'si lo sueñas lo puedes lograr'; pero ¿es verdad que estas frases te pueden llevar a conseguir este objetivo?

23-05-2017, 11:09:59 AM
felicidad

El sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman menciona la importancia de replantearnos el concepto de felicidad. Coincido con su pensamiento en que podemos confundir nuestro anhelo de lograr la felicidad bajo dos premisas:

  • Con el cumplimiento de sueños personales, obtención de bienes, mejorar nuestra condición personal (física, económica, mental); o incluso con el logro de caprichos personales que disfrazan nuestro ego con una máscara deforme de espiritualidad.
  • Evitación de sufrimiento: ¿Cuántas veces hemos dicho?: “Quiero una relación, pero no quiero sufrir, quiero un trabajo en el que me sienta apasionado y feliz, quiero un jefe digno…”

El primer punto contiene cierto egocentrismo: “¿Cómo me siento?, ¿Quién quiero ser? ¿Cómo mejorar mis condiciones económicas?”etc. Alimentando únicamente nuestro ego glotón de: “me, mí, yo, mío…”

También podemos ser influenciados por cierta literatura, publicidad, gurús, etc., que enfatizan la omnipotencia del ser, con ideas como; “si lo sueñas lo puedes lograr”, “decrétalo y llegará”, “cancélalo para que no ocurra”; aunque en el fondo podríamos analizar si nuestro deseo es verdaderamente consciente o sólo se convierte en una lista fantasiosa de deseos que a la larga llevan a obsesionarnos en nosotros mismos y a enfocarnos en “mi felicidad”, “lo que yo quiero lograr”, “lo que quiero tener”, “en dónde me quiero ver”, reforzando de alguna manera mi individualidad vacía y egoísta.

Este enfoque pudiera parecer severo, pero sería más enriquecedor preguntarnos por qué tenemos esta obsesión por alcanzar la propia felicidad sin tener en cuenta que probablemente estemos entendiendo el objetivo en la vida como la conquista de la felicidad en sí misma y olvidemos el gozo que se obtiene en el aprendizaje al ir poniendo cimientos y abriendo caminos; en el esfuerzo y el rendimiento. Actitudes que a veces hemos olvidado.

¿Cuándo nos hemos puesto como meta enseñar al que no sabe, sufrir con paciencia los defectos de mis compañeros, visitar a un enfermo? Todos estos actos implican sacrificio, esfuerzo, bondad, etc., y no persiguen reconocimiento. Incluir en mis metas a los otros, no sé si sea el camino “express” a la felicidad, pero sí al sentido de vida; la esencia de mi existencia radica en la relación con el otro: la maestra es maestra sólo si tiene alumnos, el doctor sólo lo es si tiene pacientes, el líder si tiene un equipo, etc.

En mi experiencia con directivos he encontrado situaciones en las que uno mismo se va atrapando en sus propios planteamientos; alguna vez una alta ejecutiva me decía: “Voy a cumplir 45 años y no he obtenido la Dirección que me prometí a mí misma”.

Es notable cuántos autorreferenciadores existen en su discurso “yo, me, mi…” Además al preguntarle: “¿Quién te esclavizó a esa meta?” Su respuesta fue: “Me lo prometí a mí misma y además ¿qué pensará de mí mi esposo?”.

¿Cuántas metas, sueños, objetivos que nos planteamos tienen que ver con el otro? Pero no con esperar el reconocimiento de los demás, si no con pensar en la contribución real que podemos tener hacia ellos. Cuanto más se olvida uno de sí mismo, más humano se vuelve y más perfecciona sus capacidades. El sentido de la vida es encontrar tu don. El propósito: es regalarlo a los demás. 

En cuanto a la segunda premisa que señalo, escucho a menudo frases tales como: “Quiero estar motivado siempre, quiero ser feliz en pareja, etc.” Cuántas veces la experiencia nos enseña que para valorar la felicidad tenemos que padecer primeramente el sufrimiento. ¡Cuántos grandes aprendizajes personales han tenido como maestro supremo al sufrimiento! “Sufrir para gozar” fueron los primeros aprendizajes que mi padre me compartió. Comprendo que el aprendizaje es doloroso, no obstante los frutos obtenidos pueden ser de gran provecho. Como dice el Papa Francisco: “Ser feliz no es tener un cielo sin tempestades, camino sin accidentes, trabajo sin cansancio. Ser feliz es encontrar la fuerza en el perdón, esperanza en las batallas, seguridad en el palco del miedo, amor en los desencuentros”.

Podemos concluir que la felicidad no se encuentra persiguiéndola, no se encuentra en el reconocimiento popular de otros, no está en el cumplimiento de mis deseos de año nuevo; sino está en la capacidad de relacionarme humanamente con los demás, en mi aportación y sentido a los otros, e incluso en el sufrimiento mismo. Dostoyevsky escribió: “Sólo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos.” No se trata de cuestionar persistentemente a la vida, si no de aceptar las preguntas que la vida te hace a ti… ¿Qué le respondes tú a la vida?

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