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Una oportunidad se abre tras el ‘gasolinazo’

El petróleo no se nos ha terminado, pero es preciso reconstruir la infraestructura de producción y distribución de combustibles en todo el país. Esta es la oportunidad que se abre en medio de la crisis para muchos inversionistas y un futuro benéfico para el consumidor.

01-02-2017, 6:40:35 AM

Sabemos perfectamente cómo llegamos hasta aquí. Los medianamente enterados fuimos testigos del dispendio en Pemex y del descuido en sus instalaciones de refinación y petroquímica, por décadas.

Uno a uno, políticos, periodistas, expertos, exdirectivos y trabajadores nos quejamos privada y públicamente del rumbo que tomó la administración de la paraestatal. Todo cayó en oídos sordos.

El gobierno decidió desplumar la gallina, como dijo el propio presidente Peña Nieto, vender todo el crudo, lo más rápidamente posible, sin preocuparse por dotarnos de combustibles de forma suficiente y al mejor precio sostenible. Luego, tomó el dinero y lo gastó, desfondando a la empresa. Parecía que el crudo les quemaba las manos.

Ahora, no es que el petróleo se nos haya terminado. Aún nos quedan años de producción, quizá muchos, si prosperan los proyectos en aguas profundas. Lo que es preciso es reconstruir la infraestructura de producción y distribución de combustibles en todo el país.

Volverla eficiente; eliminar el absurdo del robo de gasolinas, cuando es factible controlar los ductos a distancia mediante tecnología, multiplicar los centros de almacenamiento, modernizar las refinerías o construir nuevas versiones, más ligeras y baratas.

Todo esto son grandes oportunidades para la inversión privada, en asociación con Pemex o de forma independiente.

Si existe la voluntad política, podríamos darle la vuelta a la situación de la gasolina en tres o cuatro años. Garantizar el abasto eficiente y suficiente de un combustible de calidad, al mejor precio posible, en donde Pemex sería un jugador de gran tamaño, entre varios proveedores. Esta es la oportunidad que se abre en medio de la crisis del ‘gasolinazo’ para muchos inversionistas y un futuro benéfico para el consumidor.

Habrá entonces quien diga que este fue siempre el plan de la conspiración neoliberal: destruir Pemex para privatizarlo todo. Sin tratar de meternos en cabezas ajenas, bien se puede argumentar que a esta empresa no la manejaron bien nunca, ni cuando estaba en pleno crecimiento y se preparaba a administrar la abundancia.

El dispendio, el robo, fueron iguales desde tiempos de López Portillo y, por supuesto, los responsables siempre fueron el gobierno, sus proveedores a modo y el sindicato.

De hecho, creemos que hoy Pemex tiene un director que hace lo posible por enderezar un árbol que creció torcido. Si no lo logra, por lo menos será de los que se vayan sin escándalos.

Aquel ejemplo con que nos querían demostrar que era posible para el gobierno ser un empresario eficiente: Petrobras, cayó de su pedestal de forma estrepitosa. Hoy confirmamos que el gobierno debe garantizar el marco legal adecuado y hacerse a un lado. Quizá hay países en donde el Estado puede ser un buen empresario. No aquí.

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