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Un Donald Trump herido es más peligroso para México

Trump está debilitado, pero para México será igualmente peligroso mientras ocupe la Casa Blanca. Es ocurrente, y no hay nada peor que un presidente insensato con iniciativa y mucho poder.

29-03-2017, 5:31:05 PM
Donald Trump.
Reuters.

La derrota del llamado Trumpcare debe ser bienvenida, al menos porque marcó un brutal freno para el aprendiz de autócrata, Donald Trump. No sólo se trataba de los nulos méritos de la iniciativa para normar el sistema de salud en Estados Unidos (cuando se comparaba con el vigente Obamacare), sino del intento por aprobarla al vapor.

Trump, cual jerarca de partido político mexicano, esperaba una bola de levanta-dedos en lugar de legisladores. Lo que no hay duda es que el golpe debilitó al Ejecutivo estadounidense de manera clara. Se vio que es posible enfrentarlo y derrotarlo.

¿Cuál será el impacto para México? Unos argumentan que Trump enfocará sus baterías sobre el país buscando recuperar fuerza (y autoestima). Ya se sabe que, entre sus numerosos partidarios, muchos igual de racistas, xenofóbicos y analfabetas en materia económica que su ídolo, atacar a México es táctica segura para ganar puntos.

Por ejemplo, ello implicaría acelerar la construcción de su inútil muro fronterizo, o impulsar las redadas y expulsiones de migrantes.

Muro sin financiamiento mexicano

Por otra parte, el debilitado Trump puede (aunque ello parece difícil) absorber el trancazo legislativo y hacerse a la idea que sus ocurrencias serán analizadas por el Congreso con seriedad –al menos por los suficientes diputados y senadores republicanos para que no se aprueben con facilidad. Ahí puede verse beneficiado México.

Por ejemplo, ya son varias las voces republicanas que admiten que el gobierno mexicano no pagará por el muro. Con más de dos meses de gobierno, Trump ha evidenciado que no tenía ni idea de cómo concretar esa promesa electoral.

Al parecer para su sorpresa, México se ha rehusado siquiera a negociar el punto, ya no digamos aportar un centavo o ladrillo.

La posición del gobierno mexicano de solicitar a empresas nacionales no participar en dicha construcción no debió tener lugar (nada como beneficiarse de una tontería que será costosísima en términos de materiales y mano de obra), pero es comprensible desde una perspectiva política.

De gravar las remesas –una idea, si cabe, más insensata que la del muro por impráctica– Trump no ha vuelto a decir nada ni tampoco (casi lo mismo) mandado un tuit

¿Abrogar el TLCAN?

¿Podría Trump, en un arranque de furia y exhibicionismo, usar su autoridad para anunciar la salida de Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte?  Por supuesto, pero cada vez es más clara para su administración que la mano de obra mexicana es un complemento, no un sustituto, para la estadounidense.

Esto ya lo reconoció públicamente Peter Navarro, director del Consejo para la Acreditación del Comercio Internacional, y gurú de Trump en cuestiones comerciales (ambos comparten ideas estrambóticas similares, destacadamente que un déficit comercial es algo siempre negativo para un país).

Si habrá una guerra comercial por reducir el déficit comercial estadounidense (que no es nada alarmante por su monto, pero eso no lo entiende la dupla Trump-Navarro) debe estallar con China, no México. Empresarios y legisladores han logrado frenar a la furia proteccionista que caracteriza a Trump, y probablemente seguirán haciéndolo.

Lo que no se entiende es esa extraña prisa que en público muestra el gobierno mexicano por renegociar el Tratado. Con aparente ingenuidad altos funcionarios de la administración Peña Nieto hablan de obtener “ventajas” en la cacareada reapertura del TLCAN.

Se sabe que Trump entiende toda negociación como una proposición en que uno gana lo que otro pierde (otra perspectiva errada del comercio internacional que ocupa su mente). Más valdría que el gobierno mexicano deje de empujar el asunto y guarde un prudente silencio, aplazando la reapertura todo lo posible. El tiempo, valioso consejero, igual mete en razón a los funcionarios trumpistas (como ya lo hizo parcialmente con Navarro).

Peligros: inversiones y migración

Trump puede estarse estrellando con su muro, y sus fantasías comerciales estar igualmente enfrentando la realidad. Sin embargo, debilitado como está, puede hacer un daño considerable a México. Una es seguir torpedeando inversiones en el país. El daño es real e incuantificable, porque algunas empresas simplemente han cancelado el traslado de producción manufacturera al país, para no incurrir en un iracundo tuit.

El otro problema, por supuesto, es una aceleración de redadas y expulsiones de migrantes ilegales. El gobierno mexicano se ha mostrado candoroso cuando sus funcionarios han dicho que la economía puede absorber esa entrada abrupta de trabajadores o estudiantes (quizá acompañados de familias). Llanamente no es el caso, ni lo será en el futuro.

En esos aspectos específicos, en lugar de renegociar el TLCAN con aparente entusiasmo, es dónde debe concentrarse el gobierno peñista. Quizá lo está haciendo, aunque con mucha discreción (ojalá). Lo cierto es que Trump sin duda está debilitado, pero para México será igualmente peligroso mientras ocupe la Casa Blanca. Trump es muy ocurrente, y no hay nada peor que un gobernante insensato con iniciativa y mucho poder.

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