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Trump y Hillary tuvieron su ‘cuarto debate’ con chistes

Los candidatos compartieron el escenario en una cena formal en Nueva York, menos de 24 horas después de terminar su tercer y último debate presidencial en Las Vegas el miércoles.

21-10-2016, 3:39:19 PM
Trump y Hillary tuvieron su ‘cuarto debate’ con chistes
Reuters

Las tensiones de la campaña presidencial de Estados Unidos se filtraron en una cena de caridad de alto perfil ayer jueves cuando Donald Trump y Hillary Clinton intercambiaron chistes, varios subidos de tono. Como cuando el republicano refrendó su intención de meter a la cárcel a Clinton y ella hizo énfasis en los comentarios despectivos del empresario sobre las mujeres.

Los candidatos compartieron el escenario en una cena formal en la ciudad de Nueva York, invitados  por el ex gobernador del estado, Alfred E. Smith, menos de 24 horas después de terminar su tercer y último debate presidencial en Las Vegas el miércoles.

El evento anual, que recauda dinero para niños necesitados, por lo general ofrece a los aspirantes a la presidencia un respiro de la tensión de la campaña electoral. Pero Trump y Clinton optaron por intercambiar bromas pesadas que reflejaban la acritud de la campaña de la Casa Blanca de 2016.

Trump habló primero y soltó algunos golpes bajos a su rival, haciendo alusión al escándalo de los correos electrónicos e insinuando que es corrupta, lo que provocó algunos abucheos entre el público.

“Con todo el ambiente caliente entre mi oponente y yo en el debate de anoche, hemos demostrado que en realidad podemos ser civilizados el uno al otro”, dijo Trump. “De hecho justo antes de tomar el estrado, Hillary chocó accidentalmente  conmigo y ella, con mucha cortesía, dijo, ‘Perdón'”.

En el debate del pasado miércoles, Trump y Hillary intercambiaron varias descalificaciones. La candidata demócrata dijo que su oponente es “marioneta de Vladimir Putin” y el empresario la llamó una “mujer asquerosa”.

También este comentario fue objeto de una broma durante la cena.

“Anoche llamé a Hillary una mujer desagradable”, dijo Trump durante su discurso. “Pero esto es relativo. Después de escuchar a Hillary, ya no pienso tan mal de Rosie O’Donnell. De hecho, Rosie me está empezando a agradar más”, agregó sobre la presentadora de televisión, a la que ha dirigido sus críticas y burlas en otras ocasiones.

Clinton, cuyas observaciones suscitaron aplausos y burlas, se concentró en los comentarios despectivos de Trump por las apariencias de las mujeres.

“Donald mira a la Estatua de la Libertad y le da un cuatro, tal un vez cinco, si deja la antorcha y la tablilla y cambia su pelo,” dijo Clinton en Nueva York.

“Ahora que lo pienso, ¿sabes cuál sería un buen número para una mujer? 45”, dijo Clinton, refiriéndose a que el 8 de noviembre será elegido el presidente número 45 en la historia de Estados Unidos.

La candidata también soltó munición contra algunos de los que apoyan a Trump. “Estoy muy contenta de estar con tan distinguidos políticos y ex funcionarios de Nueva York, como Michael Bloomberg, Andrew Cuomo y Bill de Blasio. ¡Ah!, y por ahí también está Rudolph Giulliani”, dijo Clinton sobre el ex alcalde de Nueva York, quien tenía un gesto serio durante la cena.

Trump y Clinton se sentaron muy cerca durante la cena, separados solamente por el cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York. Al concluir el evento, los candidatos se dieron la mano, algo que evitaron hacer en el debate del miércoles.

Pero el tono de las declaraciones de ambos candidatos durante la cena fue un rompimiento con el pasado, cuando las figuras políticas y candidatos presidenciales adoptaban una postura autocrítica con buen sentido del humor.

En un momento del evento, que reunió seis millones de dólares para obras de caridad de la Iglesia Católica para los niños, Trump dijo que Clinton estaba “fingiendo no odiar a los católicos.”

Trump se refería a los correos electrónicos hackeados del presidente de la campaña de Clinton, John Podesta, publicados por Wikileaks, que muestran empleados de la candidata criticando figuras de alto perfil por abrazar el catolicismo como la más “políticamente aceptable” de las religiones socialmente conservadoras.

Alfred Smith IV, anfitrión de la noche, reflejó la la tensión en la sala y en la campaña en sus observaciones introductorias: “Ésta ha sido una campaña para los libros de historia”, dijo. “También ha habido una campaña para los libros de psiquiatría.”

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