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Corrupción, el depredador que acecha al tiburón ballena en México

La magia de nadar cerca del tiburón ballena, que puede medir hasta 20 metros de largo, podría desaparecer en pocos años, debido a malas prácticas turísticas, una débil regulación e indicios de corrupción. Esta es la historia.

07-02-2017, 6:30:32 AM
Arturo Luna.

Por Darinka Rodríguez, enviada. Foto y video: Arturo Luna. 

CARIBE MEXICANO. La lancha rompe la tranquilidad del mar. Los pasajeros, entre expresiones de asombro y comentarios de incredulidad, se acercan al borde de la embarcación. Ahí está. De color grisáceo, con manchas blancas, cual si fuera un mapa estrellado en pleno mar. Es un animal de 15 metros de largo que abre su enorme boca para devorar su alimento, mientras aletea con calma.

Los pasajeros no pierden un instante. De inmediato se colocan el equipo de buceo. Al sumergirse, la respiración de este mamífero se presiente entre las olas del mar. A su lado, un montón de diminutas crías de alrededor de un metro de largo se asen del cuerpo de la madre: es un tiburón, pero por su tamaño y color parece una ballena.

Miles de turistas acuden cada año a esta zona del Caribe mexicano para tener un encuentro directo con el Tiburón Ballena en la temporada de junio a septiembre, cuando miles de ejemplares llegan a aguas mexicanas para alimentarse del abundante plancton de sus aguas.

Pero la magia de esta experiencia vivida hasta hoy por miles de visitantes mexicanos y extranjeros podría desaparecer en pocos años, debido a malas prácticas turísticas, una débil regulación e indicios de corrupción, que han puesto a esta especie, conocida como “el pez más grande el mundo”, al borde del peligro de extinción. Es tan grave el problema que, en diez años, ha desaparecido poco más de la mitad de su población a nivel mundial.

Alto Nivel viajó a este lugar para investigar la magnitud del problema, así como su impacto económico y el posible daño ambiental.

 

Cada vez más lejos

Hay dos formas de vivir la experiencia del nado con el tiburón ballena: contratar el servicio por teléfono o internet con diversas empresas o llegar a Cancún, Isla Mujeres o la isla de Holbox, en el estado de Quintana Roo, y contratar la aventura en el lugar. El equipo de Alto Nivel probó ambos caminos.

El primer día, un equipo de transporte nos recogió en la ciudad de Cancún poco antes de las siete de la mañana del 15 de septiembre, día que muchos turistas se tomaron de “puente vacacional” y nos condujo hasta Punta Sam, donde inició la travesía.

En el punto, un grupo de poco más de 60 turistas, en su mayoría extranjeros, se preparaban para vivir la experiencia del nado con el tiburón ballena. Para esta excursión, debimos pagar 2,700 pesos o 150 dólares, dependiendo del tipo de cambio, a la empresa Cancún y Playa Tours.

Antes de salir, los guías dieron breves instrucciones en español e inglés, entregaron varias pulseras que identificaban la embarcación y dieron la oportunidad de rentar equipo de nado adicional. Poco antes de las 8 de la mañana, unas siete embarcaciones salieron de Punta Sam a la zona norte de la península, entre Isla Mujeres, Holbox e Isla Contoy, donde ocurren los avistamientos del tiburón ballena.

En nuestro caso, las embarcaciones eran lanchas rápidas de 33 pies y llevaban a bordo a ocho turistas, un guía y el capitán, aunque dependiendo del tipo de embarcación pueden ir de 10 a 15 personas. Antes de partir, el guía enfatizó que al llegar a la zona de avistamiento las personas se deben tirar en grupos de dos, siempre acompañados por él y permanecer sólo cinco minutos en el agua por cada turno. Por ningún motivo, nos aclaró, se debía tocar al espécimen.

En México, este ejemplar único realiza avistamientos en la zona de Baja California y en la península de Yucatán. En esta última, se realizan actividades turísticas que dejaron una derrama de 1.4 millones de dólares en 2014 y que crecen a ritmos de 7 por ciento anual, de acuerdo con datos de la Administración Portuaria Integral de Quintana Roo (Apiqroo).

El trepidante balanceo de la embarcación tenía a varios de los turistas (alemanes, uruguayos, estadounidenses y mexicanos) bastante mareados. Las lanchas que venían a nuestro lado ya no se vislumbraban en el horizonte: parecíamos ser los únicos buscando nadar con el tiburón ballena, luego de una prolongada travesía de alrededor de dos horas por las aguas.

Entonces, el capitán apagó el motor, el guía quitó la música de fondo e hizo un anuncio a los turistas: “Estamos teniendo problemas para localizar al tiburón, pero vamos a andar otro rato hasta que encontremos un grupo. Estamos en comunicación con otras lanchas”, dijo Ángel, el guía de nuestra pequeña lancha.

En 2005, el tiburón ballena fue declarado Especie Vulnerable, pero este año, desde el 18 de julio, pasó a la lista roja de la Unión internacional para la Conservación por la Naturaleza (IUCN) como espécimen en Peligro de Extinción.

En pleno final de temporada de avistamientos, recorrimos unos 30 kilómetros desde Punta Sam hasta la Reserva de la Biósfera del Tiburón Ballena, declarada en 2009 como área protegida ante el aumento de turismo, y que comprende 145,988 hectáreas entre las islas Mujeres, Contoy y Holbox.

Los rostros de los turistas que nos acompañaban reflejaban preocupacióndesilusión y, en otros casos, se escuchaban molestos al no encontrar un solo ejemplar. Una media hora más tarde, ya con el sol muy arriba, casi a las 11 de la mañana, la barcaza giró y se precipitó con rapidez en dirección casi opuesta a donde nos dirigíamos.

Poco a poco nos dimos cuenta de que no éramos los únicosuna veintena de lanchas se arremolinaban en torno a lo que parecía ser el único grupo de tiburones ballenas que habríamos de encontrar.

”No sabemos si es por el cambio climático, pero cada vez tenemos que ir un poco más lejos para encontrarlos”, comentó Ángel poco antes de sumergirse con los dos primeros nadadores de nuestra lancha.

Lo que debería ser y no es

Las aguas del Caribe Mexicano son un lugar privilegiado para el tiburón ballena, ya que su temperatura y sus características albergan una buena cantidad de plancton con el que se alimentan. El avistamiento más grande de esta especie está en la zona de la península de Yucatán, con más de 1,100 especímenes únicos detectados, superado sólo por las costas del Océano Índico.

Aunque existe una regulación adecuada para preservar el hábitat de esta especie, la aplicación de las leyes es laxa y la supervisión deficiente. Lo que debería ser no es.

De acuerdo con las autoridades ambientales consultadas por Alto Nivelno se permiten más de cinco embarcaciones en torno a un avistamiento y debe de haber una separación de cien metros entre cada una para no perturbar a la especie.- Además, durante el nado, el turista debe permanecer a una distancia de 3 a 5 metros, dependiendo de la zona corporal de la especie y las lanchas no deben acercarse más de cinco metros.

Sin embargo, en pleno mes de septiembre, penúltimo día la temporada, y pese a que había disminuido el número de turistas observados en los meses de julio y agosto, se podían contabilizar 19 embarcaciones en torno a una concentración de unos 15 tiburones ballena en la zona de reserva, y las lanchas estaban muy cerca una de otra, y muy cerca de los tiburones ballena.

Incluso, los turistas más avezados nadaban muy cerca de la especie, aunque ninguno llegó a tocar a los ejemplares.

Para los asistentes, el trayecto pasó de una navegación cansada y el mareo, a una de las experiencias naturales más atractivas que existen: nadar con tiburones inofensivos de casi 18 metros de largo.

Para la temporada 2016 de nado con tiburón ballena, se emitieron 160 permisos para 294 embarcaciones en el área, según datos de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). Los permisos otorgados van en constante aumento, pues, de acuerdo a una investigación realizada por el consultor ambiental Carlos Álvarez, en 2009 se otorgaban de 90 a 120 permisos.

La capacidad de carga (el número máximo de embarcaciones permitidas por día) es de 160, por lo que se estableció un programa de “hoy no circula” para no superar esta capacidad, según señala la autoridad ambiental.

“La principal amenaza para el tiburón ballena puede ser el turismo no regulado, por lo que hemos puesto atención para regular de la mejor forma este aprovechamiento no extractivo. Sabemos que algunos permisionarios desarrollan actividades turísticas o los que no pueden ‘circular’ están desarrollándolo, y que algunas de las embarcaciones no cumplen con los requisitos, pero es la Profepa (Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente) quien realiza las sanciones”, asegura José Bernal Stoopen, director de Especies Prioritarias para la Conservación de la Conanp, en entrevista.

Pese a este conocimiento, la Profepa no ha realizado este año ningún tipo de sanción. Ignacio Millán, subprocurador de Recursos Naturales de esta dependencia, indicó que se tienen registrados 206 permisos, en contradicción con lo señalado por la Conanp, que asegura que son 160.

“En lo que va de la temporada, no tenemos ninguna sanción. El trabajo previo de carácter preventivo que se hizo con los prestadores y con la Conanp, para que se dieran las autorizaciones en tiempo, nos ayudó a bajar el riesgo hacia estas especies”, dice el funcionario.

Nadie dice nada

La versión oficial no es la única. Investigadores en la zona también han detectado irregularidades que ponen en riesgo al tiburón ballena. Dení Ramírez, investigadora y líder del proyecto Tiburón Ballena México, señala que en temporada baja en el mes de septiembre, esta zona excede la cantidad de embarcaciones permitidas, pues llegan a zarpar hasta cien embarcaciones con 10 o hasta 15 turistas cada una para ver a un grupo de 15 tiburones ballena, mientras que durante los meses de julio y agosto esta cantidad se dispara al doble.

“Hay un problema de capacidad de carga en esa zona, demasiadas embarcaciones. A pesar de que sea la población más grande del mundo del tiburón ballena, se tiene que regular el número de embarcaciones”, comenta la especialista en entrevista.

En lugares donde hay exceso de navegaciones, advierte Ramírez, sí puede haber consecuencias graves por desplazamiento de su comida, lo que alejaría al tiburón ballena de las costas mexicanas.

“El que se agreguen en zonas con altas concentraciones de turistas, como Cancún, la contaminación de plásticos y hasta pesticidas, afectan la reproducción”, dice la especialista.

Aún cuando era temporada baja, la alta concentración de turistas en una zona de reserva da señales claras de que hay un descontrol en la zona. Pese a la realidad a la vista, a nuestra llegada a Isla Mujeres, ninguno de los prestadores de servicios quiso dar un comentario negativo de las actividades en torno a los tiburones ballena.

“Se controla mucho a los turistas”. “Las autoridades regulan mucho este tema”. “No se puede tocar al tiburón”. “No hemos tenido problemas con las autoridades”. Son estas las frases más comunes cuando se interroga a los pobladores de Isla Mujeres.

Al regreso a Punta Sam, Ángel, nuestro guía, compartió que existen nadadores que se creen expertos, quienes buscan tocar a los tiburones o pasar por alto las reglas establecidas, pero aseguró que, en la mayoría de los casos, los turistas acatan las reglas.

El silencio de habitantes, lancheros y comerciantes parecía antinatural y provenir del miedo a hablar, más que del desconocimiento de las irregularidades. En el segundo día de nuestra visita, en Holbox, este silencio se convertiría en varias voces denunciando los conflictos de interés que tienen como víctimas principales a los tiburones ballena y a los turistas que aún sueñan con, algún día, poder mirar de cerca la piel grisácea con manchas blancas de esta especie, que sobrevive como un mágico mapa estrellado en el mar.

En la siguiente entrega, te presentamos un panorama de lo que sucede en la isla de Holbox, municipio de Lázaro Cárdenas, Quintana Roo en torno a este importante tema.

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