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Takeshi Kitano, el nuevo maestro del cine nipón

Con un lenguaje cinematográfico propio, este cineasta retrata el sentido trágico y lo más íntimo de la naturaleza humana.

08-01-2009, 5:00:00 PM
Takeshi Kitano,  el nuevo maestro del cine nipón
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Los cinéfilos de todo el mundo se preguntaban quién sería el sucesor de Akira Kurosawa, el gran director japonés. La respuesta a tal interrogante no tardó en llegar en la obra de Takeshi Kitano.


Este cineasta escribe, dirige, confecciona las escenografías, edita y actúa sus películas. Se sumerge en sus raíces culturales, extrae historias, contextos, ideas y les da forma siguiendo las tendencias del cine contemporáneo, procurando siempre el arte y consiguiendo un cierto toque occidental. Así, ha reinterpretado los géneros propios del cine japonés, desde el yakusa eiga, cine de la mafia, al jidaigeki o el drama épico. En el Festival de Venecia, ha ganado el León de Oro por Flores de fuego (Han bi, 1997) y el de Plata por Zatoichi (2003).


Antes de ser director fue actor interpretamndo al sargento Hara en el filme de Nagisa Oshima, Merry Christmas Mr. Lawrence (1983), donde también aparece David Bowie; su actuación lo llevó a competir en el Festival de Cannes y marcó el inicio de su internacionalización.


Yakusa y policía a la vez
Su mérito como cineasta ha sido la reformulación del cine de mafiosos (yakusa eiga). En su segundo filme, Boiling Point (3-4x juugatsu, 1990), se convierte en un yakusa, el hombre que sirve a la mafia, le imprime el misticismo del samurai, enfrenta su destino trágico y libra una lucha interna entre el deber y la lealtad. Para los occidentales, es lo más cercano al antihéroe del cine negro, el hombre que sobrevive utilizando la única herramienta que conoce: la violencia.


El yakusa de Kitano tuvo su máxima expresión en Sonatine (1993), con la que estremeció al público y la crítica en el Festival de Cannes, y se convirtió en una figura de culto. Luego confirmó su manejo del género con El Capo (Brother, 2000), cuya acción se traslada a Los Ángeles. Pronto reconocieron su influencia Quentin Tarantino, Luc Besson y John Wo. Mientras, en Japón, Takashi Miike y Kinji Fukasaku surgieron como sus herederos.


Temas universales
Mucho se ha hablado de la violencia explicita en sus filmes, en ocasiones a manera de reproche y a veces de exaltación. Al respecto, Kitano responde: “No la retrato como algo glamoroso: cuando presento un hecho violento también muestro las consecuencias y el dolor que produce”.


Con El capo parecía que Kitano había llegado a su punto más alto, pero a continuación abandonó sorpresivamente a sus policías y yakusas y nos presentó la historia de un amor trágico en Muñecas (Dolls, 2002) –inspirada en la obra Suicidio de los Amantes, escrita por Chikamatsu Monzaemon para el teatro clásico de marionetas llamado bunraku. Para muchos es su obra maestra y bien puede calificarse como la más estética de sus películas.


Mientras Muñecas le daba vuelta al mundo, elaboró un drama épico-histórico, en torno a Zatoichi, un viejo samurai que queda ciego. Nunca antes había hecho gala de tan buen humor. Un Kitano totalmente diferente pone a bailar y cantar a sus personajes, de acuerdo con una tradición del teatro kabuki, con cierto toque occidental que lo acerca al tap dance . Con esto volvió a ser premiado en Venecia con el León de Plata al Mejor director.


Takeshis’ (2005) es una especie de ensayo muy personal que desconcertó a muchos. En él confronta a los dos entes que habitan en él: el actor, Beat Takeshi, y el director, Takeshi Kitano. Ha sido la menos aplaudida de sus películas y se dijo que incluso quedó tentado a no volver a filmar… Pero luego de una pausa, en el transcurso de este año estrenará otro filme Kantoku: Banzai! (cuya traducción literal sería “

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