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Quién se apunta para ser el mejor empleador de México

México vive una una dura realidad: nuestra población más preparada no encuentra un lugar en el mercado laboral. Es momento de tomar los retos que nos ofrece la nueva dinámica de trabajo y ofrecer un mejor futuro a nuestros jóvenes.

13-06-2017, 1:10:00 PM

En los tiempos de cambio, donde las estructuras económicas se reajustan, se abren oportunidades: el mercado laboral es uno de los sectores que más se modernizan, beneficiando a aquellos trabajadores de cualquier nivel, ya sean intelectuales, técnicos, académicos o administradores, para dar un salto en su propia actividad que le beneficie tanto a la persona o a la empresa donde participa, pero sobre todo a la productividad del país, que se traduce en un mejor desempeño económico.

En la economía actual, no importa la profesión, oficio o la actividad laboral que se tenga; herramientas como los idiomas, conocimientos tecnológicos y técnicos son indispensables para la solución de problemas y para mejorar los servicios actuales, pero no son los únicos. El futuro laboral exige mayores competencias y certificaciones laborales.

Hay una gran variedad de formas para lograrlo, pero la primera de todas es la preparación extracurricular, que les obliga a las personas a adaptarse a los nuevos tiempos. El desarrollo tecnológico, la inteligencia artificial, la nanotecnlogía, la biotecnología, los sistemas inteligentes están modificando sustancialmente los modelos de negocios e impulsando nuevas industrias; por ello, es obligación de todos contar con una capacitación constante.

Quienes no entiendan este tema se van a quedar atrasados y superados por los que están dispuestos a invertir parte de su tiempo en las facilidades que las empresas deben dar (capacitación y entrenamiento), pero que los individuos deben propiciarse.

Las ofertas de trabajo están variando significativamente hoy y para el futuro: en los próximos años veremos en la sociedad aparecer nuevas industrias y, con ellas, nuevos puestos de trabajo, con nuevas habilidades y capacidades. El Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés), en su estudio El futuro de los trabajos, señala que actualmente en muchas industrias y países, la mayoría de las ocupaciones no existían hace una década o menos, y anticipa que 65 por ciento de los niños que están en la primaria terminarán trabajando en puestos que aún no existen.

De acuerdo al WEF, las fuentes de trabajo que tienen una perspectiva positiva en el futuro serán todas aquellas relacionadas con la ingeniería, la arquitectura, la computación y la informática,  las matemáticas, la educación, las operaciones financieras y de negocios, así como las ventas.

Mientras que los empleos con perspectiva negativa son aquellos de oficina y administrativos, los legales, el mantenimiento y la instalación, los relacionados con las artes (música, pintura, escultura, el teatro), el diseño y el entretenimiento de medios, la construcción y la extracción, entre otros.

Estas tendencias tendrán un efecto en las economías, el cual ya empezamos a ver, sobre todo en la mediana y pequeña empresa, que son las que generan la mayor cantidad de empleos en la economía, y es ahí donde se deben desarrollar las habilidades del futuro. Quien entienda esto tendrá asegurado su crecimiento, su éxito y su desarrollo en los próximos años.

La pregunta que surge entonces es: ¿cómo debemos enfrentarnos a las tecnologías de la información, a los nuevos sistemas de comunicación cibernética, a las cuestiones de sustentabilidad y las nuevas técnicas de producción?

Factores, tanto públicos como privados, deben estar comprometidos en la capacitación continua; la burocracia debe tener un papel importante en este cambio que se está dando: hay que recordar que el sector público, generalmente, tiene empleos fijos, inamovibles, y en su mayoría son ineficientes. Los trabajadores de este sector deben tomar en sus manos la iniciativa de la capacitación.

Cabe recordar que las tendencias son el adelgazamiento de la nómina en este sector y constantes recortes al gasto público. Situación que obliga a la burocracia a modernizarse y tomar el reto de las nuevas tecnologías y ser más productiva.

En un país como México, en desarrollo, los retos son grandes, pero también las oportunidades, considerando que el país tiene el reto de generar más de un millón de empleos al año.

Si bien las reformas estructurales que ha realizado México (energética, de telecomunicaciones, laboral, financiera, hacendaria, educativa, en materia de competencia económica y de transparencia) garantizan la entrada de nuevas inversiones en sectores modernos y estratégicos, como las telecomunicaciones, el energético, el financiero, la manufactura, entre otros, estas deben ir acompañadas de una oferta de trabajo competitiva, capaz de generar valor y atraer nuevos competidores.

Pero también debe existir un proceso en que la mano de obra cuente con la certificación adecuada de las competencias laborales para operar determinada tecnología, maquinaria o procesos productivos. Cabe recordar que en el país tiene un grave problema de generación de empleo, sobre todo en sectores de la población con mayor grado de preparación académica.

De acuerdo a los últimos datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) que realiza el Inegi, en marzo de 2017 la desocupación en aquellas personas con estudios a nivel superior y medio superior alcanzó la cifra, nunca antes vista, de 50.53 por ciento, lo cual nos revela una dura realidad de que en el país nuestra población más preparada no encuentra un lugar en el mercado de trabajo.

El proceso no es sencillo: se requiere un análisis de la oferta y la demanda de competencias laborales, a nivel país, regional, sectorial, así como definir los sectores estratégicos con potenciales de demandas de trabajo futuras y actuales; identificar las tendencias en los sectores, un análisis de brechas laborales, así como un plan de acciones prospectivas a fin de crear habilidades de la fuerza de trabajo específicas para cada región y sector.

Algunos esfuerzos se han estado llevando a cabo, pero es importante acelerar estas acciones de manera coordinada. Al respecto, el papel de la academia es fundamental en su vinculación con el sector productivo y el desarrollo de centros de investigación, además de identificar las principales demandas laborales específicas que generen valor. En ese sentido, la tecnología debe ser la base de toda capacitación y certificación.

La tecnología, los avances, la informática, los sistemas digítales, físicos y biológicos son considerados la nueva revolución industrial (también llamada Revolución 4.0) y estos no se van a frenar: llegaron para quedarse y van a continuar mejorando y causando cambios en el mercado laboral.

Por ello, no hay punto de retorno; es momento de tomar los retos que nos ofrece la nueva dinámica del trabajo, con nuevas técnicas, nuevas tecnologías y nuevos conocimientos, con una capacitación continua. De esta manera podremos ser más productivos, aportar valor a nuestro trabajo y también ofrecer la oportunidad de un mejor mercado laboral a nuestros jóvenes.

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