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Que investiguen a todos los gobernadores. A todos

¿Alguien puede nombrar a un gobernador, uno solo, que sea reconocido como capaz, visionario y honesto? Lamentablemente no hay partido político que se salve. Es momento de investigarlos a todos.

26-04-2017, 6:35:54 AM
gobernadores-corruptos
Foto arte Sofía Ugalde.

En muchos países están hartos de su clase política, no sólo en México. La frase sale una y otra vez: “que se vayan todos”. Pero no se irán, y lo sabemos. Menos en México, con un sistema político cerrado en que la jugosa franquicia que puede ser un partido político no se concede con facilidad (hay que evitar la competencia, parece la consigna).

Los independientes representan una posibilidad interesante, pero son pocos y muchos de ellos son simplemente militantes añejos de un partido que pudieron reciclarse, pero al cabo incapaces de cumplir (basta ver al Gobernador de Nuevo León).

¿Alguien puede nombrar a un gobernador, uno solo, que sea reconocido como capaz, visionario y honesto? ¿Uno cuyo trabajo sea producto de un manejo adecuado de los recursos, no de endeudamientos tan masivos como ocultos? No suena como un ejercicio ambicioso, dado que el país cuenta con 32 entidades, pero lo es.

Al contrario, la broma que tiene mucho sustrato de verdad es que la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) moverá su sede al Reclusorio Norte.

No hay partido político que se salve. Es lógico, puesto que cualquiera puede servir para medrar. La corrupción no distingue entre ideologías, por más que algunos que se definen de “izquierda” sientan al respecto una peculiar superioridad moral (mientras roban con la derecha, es de suponerse). Todos están manchados, desde PRI, PAN, PRD y Morena hasta las lucrativas organizaciones (muchas de ellos prácticamente de corte familiar) que son los pequeños partidos.

Ya uno no vota por el mejor, sino el percibido como menos peor. Las campañas electorales son concursos de populismo y demagogia en que todos los candidatos, todos, prometen lo que saben perfectamente que no cumplirán. El más reciente botón de muestra es el Estado de México. Pero, finalmente, por alguien se tiene que votar, con un mínimo de ilusión (más bien ingenuidad) de que algo, no todo, cumplirá.

Los líderes de los partidos, todos, han sido evidenciados en público con, por lo menos, ciertas acciones que ponen en entredicho esa honestidad y ética personal de la que todos, faltaba más, presumen.

Son los taxis del líder del PRI, en añadidura de su abultada liquidación cuando dejó la Comisión Federal de Electricidad. Son los numerosos viajes al extranjero del dirigente de Acción Nacional.

Es el departamento en Miami de la Presidente del PRD, como son los bienes que el dirigente de Morena transfirió a sus familiares para fingir una pobreza franciscana en su declaración 3de3. Del Presidente de la República mejor ni hablar, desde la Casa Blanca hasta su peculiar argumento de que la corrupción es algo cultural.

Un problema grave es que muchos ciudadanos son selectivos. ¿Exigencias de que se investigue a López Obrador por otro video que muestra dinero que se recauda en su favor (esta vez sin ligas)? Será de un priista. ¿Qué se averigüe si Javier Duarte financió al PRI o Morena. Es que se trata de un simpatizante del PAN. ¿Qué se llegue hasta las últimas consecuencias sobre el escándalo de Odebrecht, en este gobierno y el anterior? Sin duda lo demanda un partidario de Morena.

No se pueden ir todos, ni se van a ir. Pero la porquería alcanza a todos, y a todos se debe investigar. Hay políticos con genuina vocación de servicio, entrega y honestidad. Quizá pocos, pero existen, y probablemente en todos los partidos. Sin embargo, la mayoría abusa en mayor o menor grado de su poder y cargo. Igual, hay grados, pero la porquería rebosa por todos lados.

Por ello el imperativo de que la ciudadanía supere su ingenuidad o parcialidad. No son “todos menos mi partido” o “todos menos aquellos con los que siento afinidad”.

Porque México está hundido en la podredumbre, desde humildes presidencias municipales hasta Palacio Nacional, desde diputados locales hasta senadores, desde un funcionario en una ventanilla hasta el encargado de una dependencia.

México no es único. Amplias operaciones anti-corrupción acabaron destapando tales cloacas que derribaron hace algunas décadas al sistema de partidos en Italia, mientras que actualmente parece que toda la clase política del Brasil está sentada en el banquillo de los acusados. Ojalá pronto llegue el turno de México. Porque investigar a todos beneficiará a todos.

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