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¿Qué hay detrás del cambio en imagen y discurso de AMLO?

Ya llega a reuniones en una camioneta Lincoln Navigator de lujo; da entrevistas a comunicadores que tenía satanizados; habla sin tapujos de alianzas e incluso defiende la reforma educativa.

20-07-2016, 11:35:10 AM
¿Qué hay detrás del cambio en imagen y discurso de AMLO?
Meraki México

El tuit es atípico. Él anuncia una debilidad: el beisbol. Se le sabía el gusto, no que fuera superior a sus fuerzas. Está acompañado de su hijo, junto a David Ortiz, el gran pelotero, en los pasillos del estadio de San Diego, previo al Juego de Estrellas de Grandes Ligas. La foto denota y connota.

Los adoradores de siempre se lo festejan. Sus detractores le echan en cara su doble discurso a favor de los pobres. Sin embargo, en la franja intermedia que divide fanáticos de linchadores el mensaje parece haber pegado. “Se le ve humano”; “hasta camisa de cuadritos rojos trae”, “se ve bien con el hijo; ya está muy grandote”.

Y esa franja de ciudadanos es la que le puede dar a Andrés Manuel López Obrador el triunfo en el 2018. Sin poder hacer nada más por críticos y acólitos, la lucha comunicacional está en el centro.

Ya llega a reuniones en una camioneta Lincoln Navigator de lujo; atrás quedó el Tsuru de Nico. Ya da entrevistas a comunicadores satanizados como Ciro Gómez Leyva. Ya habla sin tapujos de alianzas. Ante la debacle en popularidad de Miguel Ángel Mancera y el descontrol del PRD, sabe que en una de ésas se hace del apoyo del partido del Sol Azteca y junto con los votos seguros de Morena llega caminando a Los Pinos.

Más aún, ya habló de mantener la estabilidad del gobierno de Enrique Peña Nieto (“para tener una transición pacífica en 2018”) y habló mal de los maestros disidentes (“la reforma educativa no se puede derogar; hay que demostrar mando”).

Se dice con razón que estas conversiones de su discurso hacia el centro, hacia la concordia y el amor, ya las vimos hace seis y 12 años, para acabar siempre regresando al político necio, cerrado y testarudo que parece más obsesionado por el poder que por los pobres.

Sin embargo, los contextos cambian y el 2016 no es el mismo que 2010 o 2004. López Obrador no parece ser alguien que aprenda de los errores cuando le gana su pensamiento ortodoxo, pero los ajustes de comunicación que se ven actualmente indican que puede haber un avance, ya que sobre todo incluyen redes sociales y un asomo de autocrítica, elementos inexistentes en sus pasadas versiones de sí mismo.

Nada de lo que haga y diga AMLO de aquí en adelante será casual, y tiene que ser leído en el contexto de la lucha por el poder. Una que puede ser tan tersa como nunca, o tan fútil como siempre.

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