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Qué hacer con Pemex ante la crisis que atraviesa

La opinión de los expertos va desde aquellos que aconsejan ayudarla a bien morir, hasta quienes opinan que todo se puede, siempre y cuando la cirugía mayor empiece ahora. La cosa es quién le pone el cascabel al gato.

13-04-2016, 12:26:43 PM
Qué hacer con Pemex ante la crisis que atraviesa
Jorge Arturo Monjarás

Si tiene éxito, la reforma energética podría mejorar el abasto de hidrocarburos, ordenar un nuevo y más eficiente mercado eléctrico, atraer inversión privada nacional y extranjera e incluso resolver algunas de las necesidades de captación del gobierno. Sin embargo, la reforma no plantea claramente cómo transformar un gigante ineficiente, atacado por la corrupción y profundamente endeudado, en una empresa eficiente y productiva.

Alguien debe arreglar a Petróleos Mexicanos (Pemex), pero nadie se anima a tocar sus principales problemas: el sindicato y su gobierno corporativo. ¿Cómo mejorar la eficiencia de Pemex sin reducir su nómina? ¿Cómo asociarlo con terceros sin transparencia en su administración? ¿Cómo pagará sus deudas si su producción disminuye anualmente?

Pemex es mucho más que un negrito en el arroz: su mala situación financiera podría contagiar la calificación crediticia del gobierno mismo, sus pérdidas solo abonan a las deudas millonarias que podrían terminar pagando todos los mexicanos. Sus defectos operativos se aprecian ahora, con el barril a 30 dólares, pero siempre han estado ahí.

La empresa reportó en 2015 uno de los peores años de su historia, con una baja de 26.5% en sus ventas totales, para totalizar 1.16 billones de pesos (bdp). Es cierto, los grandes responsables de esta situación fueron la baja en los precios promedio del petróleo (para diciembre la mezcla nacional rondaba los 30 dólares por barril) y las pérdidas cambiarias, con un dólar a 17.23 pesos en el mercado spot al 31 de diciembre.

Pero cuando baja la marea se ve quién andaba desnudo. Después de pregonar por años que su precio de producción de crudo rondaba los 9 dpb, Pemex aceptó que, contando comercialización, este sube a cerca de 25 dólares. Es decir, cualquier proyecto que implique un costo mayor resulta inviable. ¿Qué hacer con Pemex entonces? Para algunos, habría que deshacerse de la empresa de una buena vez, pues nunca fue “de los mexicanos”.

Opción 1: Cerrarla o venderla

En opinión de Luis Pazos, lo correcto sería cerrar la empresa, liquidar a todos y punto. Autor de más de 44 libros a lo largo de cuatro décadas, abogado y político, ha dedicado por lo menos tres obras a denunciar la situación de la petrolera, la última de las cuales, Los dueños de Pemex, sustenta su principal alegato: ¿por qué han de pagar todos los mexicanos, con sus impuestos, por los “excesos, la corrupción y los robos de todos aquellos que acumularon grandes fortunas con la petrolera”?

Los dueños verdaderos de Pemex han sido el sindicato, los funcionarios  y los contratistas corruptos, quienes lo han manejado como su caja chica.

“Han vendido a 1,000 lo que cuesta 10 pesos, han perforado pozos donde sabían que no había nada”, describe. Contratos fantasma, empresas intermediarias que contratan a terceros por una fracción de lo que reciben y un largo etcétera. Cita las incontables denuncias que se han hecho con los años sobre fraudes de todo tipo, entre las cuales destaca el famoso Pemexgate, en donde el sindicato, según la acusación, habría desviado 1,500 mdp a la campaña del PRI en el 2000.

El sindicato pretende que los mexicanos les paguemos las pensiones.

Para Pazos, el actual director de la empresa, Juan Antonio González Anaya es “gente seria” y tiene la instrucción de hacer recortes, pero ello a la vez implicará que disminuya aún más su producción de crudo o de gasolinas. Su vieja tesis de que a nadie le fue mejor con la expropiación petrolera que a los estadounidenses parece cumplirse como una triste realidad: hoy México importa hasta 30% del gas natural y 50% de la gasolina que consume de Estados Unidos. Pronto podría empezar a comprar crudo.

Opción 2: Salir a bolsa

Hay quien no empezaría por el sindicato. Severo López Mestre, experto en regulación y políticas energéticas, quien colaboró en el pasado con algunos de los primeros modelos de privatización del sistema energético en México, plantea que la situación laboral es solo producto del sistema vigente hasta la fecha.

El punto por donde empezar es el gobierno corporativo, señala. Solo si Pemex funciona con un Consejo de Administración profesional y se maneja como una empresa privada, podría seguir siendo viable. De hecho, para el experto es prioridad, antes que tomar decisiones con respecto del sindicato. Así de claro.

Una buena idea para llevarlo a cabo es replicar el modelo con que China modificó sus empresas mediante la salida a las bolsas de valores del mundo. La lógica es que los severos requisitos de gobierno corporativo y estándares de transparencia e información que exigen las autoridades financieras son el incentivo que requieren las empresas estatales como Pemex para ordenarse. “¿A ver quién le ve la cara a la SEC?”, dice López Mestre.

Claro, tal táctica requiere una preparación de tres o cuatro años, en donde la capitalización obtenida sería menos importante que la disciplina adquirida para poder efectuar una oferta pública inicial. 

Opción 3: Hacerla pequeña

El primer paso para combatir un problema es reconocerlo; por lo menos, eso dicen en Alcohólicos Anónimos. Pemex tiene que reconocer que su adicción a los grandes caudales de dinero está por terminar. Nuevamente, la coyuntura de los precios del petróleo es lo de menos.

Todos sus yacimientos gigantes están en proceso de maduración o de agotamiento. En crudo, no le quedan a la empresa más que campos pequeños, con menores márgenes. La explotación en aguas profundas se ve más lejos que nunca. La distribución y comercialización de gasolinas por competidores internacionales acelera el paso. Las vetustas refinerías requieren grandes inversiones para modernizarse. La industria petroquímica no va a dar para todos y el negocio de gas natural se le ha ido. Por último, existen los esfuerzos reales por bajar la demanda de hidrocarburos por la vía de energías renovables.

Pemex tendrá que volverse una empresa mucho más pequeña, pero eficiente. El pico histórico de 3.2 millones de barriles diarios no volverá, dice David Shields, periodista y experto en energía. Por más que el Estado mexicano lo niegue, la producción de crudo tenderá a la baja, desde los 2.2 mbd actuales. No parece que existan más milagros estilo Cantarell.

Sin embargo, hay buenas oportunidades para la petrolera, si decide tomarlas y agilizarse. Asociaciones en petroquímica y refinerías, aprovechar los nuevos tipos de contrato en la explotación de crudo, obtener financiamiento vía los Fibra E. La cosa es eliminar dos obstáculos. El primero es la posible resistencia de Hacienda, pues no queda claro su incentivo para permitir que Pemex gane menos dinero.

El otro es, por supuesto, el tema del personal. Los directores actual y pasado de Pemex se han limitado a irse por las ramas. Recortan a los proveedores y a los contratistas, al personal de confianza, pero no tocan al sindicato ni con el pétalo de una rosa. Ello incluso ante el compromiso de recortar 100,000 millones de pesos de su presupuesto 2016. Los proyectos se cierran o se posponen, pero no ocurre ni un despido.

Cerrar, modernizarse o achicarse, son tres opciones para los siguientes años. Lo que es un hecho es que el peor camino que se podría tomar es el de no hacer nada, desgraciadamente el más fácil. Este es el momento de sentarnos a hablar de Pemex.

*Este es un extracto del texto que el autor escribió para Alto Nivel y que podrás consultar completo en la edición impresa de abril. Busca tu ejemplar en los principales puntos de venta, suscríbete en línea o descarga la revista digital. Sigue nuestra conversación en Twitter y Facebook. 

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