Opinión

¿Qué gana Peña Nieto al pedir perdón por la Casa Blanca?

El presidente no se disculpó por ser corrupto o haber cometido un delito, sino por un daño a la imagen de la investidura presidencial. ¿Será que el gobierno federal aprendió ya el juego de la percepción?

19-07-2016, 1:19:56 PM
¿Qué gana Peña Nieto al pedir perdón por la Casa Blanca?
Daniela S. Valencia*

El día de ayer ocupó un lugar preponderante en los medios la histórica disculpa de Enrique Peña Nieto en torno al escándalo de la llamada Casa Blanca.

Evidentemente sus opositores hicieron el reclamo de que “no basta pedir disculpas sino rendir cuentas”, calificando como cínicas y vacías aquellas declaraciones que pasarán a la historia; a la par de quienes reconocieron como responsable, demócrata y aplaudible aquel acto de contrición, al mostrar lo que a su parecer será un parteaguas en su administración respecto a EL TEMA que se ha mantenido en la agenda pública (gracias al histórico impulso de la sociedad civil) incluso por encima de la economía y la inseguridad, y que ya se perfila como obligada bandera para quienes busquen sucederlo en los Pinos: el combate a la corrupción .

¿Por qué se disculpó Peña Nieto realmente?

Sin embargo, tanto a unos como a los otros bien les valdría volver a escuchar las declaraciones. El presidente no admite ni se disculpa por ser corrupto o haber cometido delito alguno, al contrario, reitera la defensa de su honestidad y por lo que pide perdón es por un mero daño de imagen a la investidura presidencial, por “hacer cosas buenas que parecen malas”. Se responsabiliza de la mala percepción que generó en la sociedad mexicana (e internacional) la compra-venta entre aquella mansión que “no la tiene ni Obama” entre su esposa Ángelica Rivera y uno de los contratistas más favorecidos de su administración, grupo Higa.

“Pido disculpas porque hayan creído que hice mal (aunque no lo hice), porque es mi responsabilidad cuidar lo que ustedes crean del presidente, ya entendí y seré menos insensible (o más cuidadoso) al respecto”, sería un parafraseo válido del discurso de ayer.

He ahí la controversia del discurso y la connotación que cada segmento de la audiencia le otorga según sus filias y fobias al presidente priista: “¡Qué altura de miras, qué responsabilidad, nuestro presidente demuestra humildad y compromiso!” versus la sentencia directa “¡Vaya cinismo, con disculparse no basta!”.

¿El gobierno federal aprendió la lección?

La magnitud de las reacciones es imposible que no se previeran en Los Pinos, pero es que también hay que entender que, independientemente de si es genuino o no el sentimiento de culpa y arrepentimiento personal de nuestro jefe de Estado, realmente muchas otras opciones no tenía: omitir de su discurso la mención de la Casa Blanca que se volvió símbolo de la corrupción y oprobio de su administración le anulaba toda legitimidad para promulgar el Sistema Nacional Anticorrupción. Peña estaba entrampado y su “mea culpa” era la única manera de intentar una salida digna en aquel contexto. Por lo tanto, ¿declaraciones necesarias? totalmente, ¿suficientes? por supuesto que no. Sin acción política consecuente, cualquier discurso político queda vacío, el timing juega como factor clave y sus bonus de credibilidad están muy agotados.

A estas alturas del camino recorrido, de lo poco que podríamos afirmar es que el actual gobierno federal ha aprendido ya (y a un coste muy alto) que la estrategia de no hablar de lo que todos hablan para intentar hacer creer que realmente no está pasando es lo que los ha llevado tanto a ellos como a su partido a una caída libre que buscan frenar. Para lograrlo antes de 2018 e intentar la remontada, lo que requieren a gritos son actos que demuestren que ya no les tiembla la mano para castigar culpables, incluso a los suyos. Las condiciones están dadas: ahí está la lista de gobernadores salientes que, al igual que el majestuoso inmueble de La Gaviota, se convirtieron en símbolo de aquellas añejas prácticas que tanto daño han hecho al país. Si realmente Peña ha entendido cómo opera el terreno de la percepción, habrá nuevos “Elbazos” muy pronto.

 *Consultora en comunicación política. Socia-directora de la firma hispanomexicana Abella & Valencia

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