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Qué es el populismo: 3 historias que lo explican

No hay un solo concepto y sus características varían de acuerdo al tiempo y lugar. Aquí te explicamos lo que significa a través de tres casos.

03-07-2016, 8:43:39 PM
Qué es el populismo: 3 historias que lo explican
Francisco Muciño

El pasado 30 de junio en la reunión de Ottawa entre los mandatarios de México, Estados Unidos y Canadá, el presidente Enrique Peña Nieto hizo una alocución sobre el populismo y los peligros que representa para el mundo.

“En este mundo hoy se presentan en distintas partes actores políticos y liderazgos políticos que asumen posiciones populistas y demagógicas, pretendiendo eliminar o destruir lo que se ha construido, lo que ha tomado décadas construir para revertir problemas del pasado”, dijo Peña Nieto sin personalizar la crítica, pero que todos interpretaron como un mensaje para el enemigo político del partido gobernante.

Después de la intervención del mandatario mexicano, el presidente Barack Obama ofreció una visión muy diferente del populismo. Dijo que ganó la presidencia en 2008 porque mostró preocupación por los pobres, por hacer un sistema tributario justo y defender causas sociales.

“Con eso se podría decir que yo soy un populista.”

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Este episodio significó un revés para el mandatario mexicano en su estrategia de advertir en foros internacionales sobre los supuestos peligros que representa el probable adversario del PRI en las elecciones de 2018. También reabrió la discusión sobre la definición de populismo.

 

Breve definición

La Real Academia Española (RAE) define el populismo como “tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”.  El Diccionario de Ciencia Política, editado por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) lo describe como “tendencia política dirigida a explotar los sentimientos de las masas para ganar el favor de éstas”.

No obstante, estas definiciones no han servido para abarcar todo un fenómeno difícil de catalogar. La profesora investigadora del Colegio de México, Soledad Loaeza, señala en el libro Del populismo de los antiguos al populismo de los modernos que éste “puede ser de izquierda o de derecha porque se apoya en algunas actitudes e imágenes fundamentales, por ejemplo, el antielitismo o la creencia en el hombre necesario defensor de los débiles.”

Guillermo Barba, economista de la Escuela Austríaca y experto en mercados de oro y plata, comenta que el populismo está muy arraigado en México, desde el Artículo 25 de la Constitución, que establece al Estado como rector del desarrollo nacional. De modo que el populismo no se encuentra sólo entres quienes aspiran a obtener el poder, sino en quienes ya lo ejercen.

“Hay un ejemplo más importante en México en este momento: el presidente de la República. Así que la crítica de Enrique Peña Nieto contra el populismo sólo lo es en contra de una versión de él (…) Él mismo es un populista, si bien más ‘light’”, explica el analista.

 

El caso de Estados Unidos

En Latinoamérica, el término populista suele ser usado de forma peyorativa. Pero el presidente de Estados Unidos se definió a sí mismo de esa forma y también al ex aspirante a la candidatura a la presidencia por el Partido Demócrata, Bernie Sanders.

“Hay otras personas que no han demostrado preocupación por los trabajadores, que nunca han luchado en cuestiones de justicia social o de asegurarse que los niños pobres tengan una oportunidad”, agregó refiriéndose a Trump.

En Estados Unidos, el populismo está más relacionado con un momento histórico que con la retórica. A finales del Siglo XIX, granjeros del suroeste formaron un Partido Popular para enfrentar a los demócratas y republicanos, a quienes acusaban de no atender sus demandas.

 

El populismo en Europa

En el viejo continente, el populismo suele estar más relacionado con la derecha y el nacionalismo. El resultado del referéndum del 23 de junio, en el que se impuso la mayoría para que el Reino Unido salga de la Unión Europea, es puesto como un ejemplo del ascenso de este movimiento al poder y es considerado un riesgo económico para el Banco Central Europeo (BCE).

“Mientras aumente el apoyo a los partidos populistas en los países, puede demorar la ejecución de reformas estructurales y fiscales muy necesarias”, dijo el banco central en su reporte de estabilidad financiera, publicado en mayo pasado.

En diez países que representan el 80 por ciento de la población y el 82 por ciento de la economía de la Unión Europea, el 42 por ciento de los habitantes quiere que algunos poderes regresen a sus gobiernos nacionales, según un estudio del Pew Research Center. La economía y la crisis de refugiados son los temas que más molestan a quienes quieren distanciarse de Bruselas, de acuerdo con las encuestas hechas por el instituto.

UBS señaló en un análisis sobre el futuro de Europa que el bajo crecimiento y el alto nivel de desempleo también han dado impulso a los partidos populistas. “Dado que ambos problemas previsiblemente habrán de continuar, es posible que la polarización política del último tiempo persista a largo plazo”.

 

El caso de México

En el país, el populismo, además de la retórica, está basado en prácticas como el clientelismo y paternalismo, respaldados por una estructuración de políticas de corte asistencialista, según el estudio En el nombre del pueblo. Muerte y resurrección del populismo, hecho por César Cansino e Israel Covarrubias y publicado por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) en 2006.

“La erogación administrativa de los servicios deja de funcionar bajo una lógica estrictamente racional y estratégica, para dar lugar a una erogación del gasto público de corte paternalista y masivo, justificado precisamente en las supuestas necesidades de la población”, afirman los autores en el estudio.

Guillermo Barba coincide en este sentido.” Los programas de ‘apoyos’ sociales no sirven y no son para combatir la pobreza o para que se desarrollen sus beneficiarios, sino para generar clientelas políticas favorables al grupo que ascienda al poder. No es casualidad que cada día haya más de estos ‘apoyos.’”

Los regímenes de Lázaro Cárdenas y Luis Echeverría fueron más relacionados con el populismo. En Latinoamérica se suele señalar esta corriente enraizada en el socialismo. Cabe mencionar que el PRI, junto al PRD, pertenecen a la organización Internacional Socialista, que aglutina a los partidos políticos de esta corriente en todo el mundo.

En 2015, el presupuesto federal otorgó casi 570,000 millones de pesos (mdp) a 161 programas sociales, de los cuales 43 se desconoce su desempeño y no se puede medir su efectividad. A estos programas opacos se fueron 75,000 millones de pesos, de acuerdo con el Índice de Desempeño de los Programas Públicos Federales de la organización civil Gestión Social y Cooperación (Gesoc).

“Si entendemos el populismo como el dar recursos sin ningún tipo de criterio y favoreciendo a ciertos segmentos sociales, me parece que ya habría ciertos rasgos de populismo en la política social federal”, comenta en entrevista Alfredo Elizondo, investigador de Geosc, organismo que desde hace siete años evalúa la efectividad de los programas sociales en México.

El especialista indica que el aumento de la pobreza en el país pese al incremento de estos programas se debe a que muchos de ellos no están enfocados en aumentar el ingreso de los supuestos beneficiarios y que otros son tan opacos que “no se sabe en realidad si es la caja chica de alguien, o de algunos.”

Para que la política social haga un combate efectivo a la pobreza, es necesario un uso racional de los programas y una estrategia que contenga la parte económica. “Eso es lo sustantivo, más que los adjetivos calificativos que se emitan desde diversos bandos políticos”, resalta Elizondo.

Guillermo Barba agrega que, aunque el discurso del populismo vaya en contra de las élites, lo que busca en el fondo es instalar otra minoría en el poder

“Cambiar una élite por otra no hace a nadie más libre, sólo se cambia de ‘amo'”.

 

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