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Productividad, el talón de aquiles de las empresas mexicanas

Una mayor productividad permite destinar recursos a la inversión, lo que se refleja en un aumento de la capacidad productiva de la economía; sin embargo, en México hay fallas que requieren ser atendidas. Te contamos cuáles son.

26-07-2016, 9:31:25 PM
Productividad, el talón de aquiles de las empresas mexicanas
Gerardo Cruz Vasconcelos

En 2013, México registró el nivel más bajo de productividad laboral entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), 60% inferior al promedio de ese conjunto de naciones y 70% menor al de Estados Unidos. Esta brecha se ha venido acentuando en las dos últimas décadas, ya que la productividad aumentó a un ritmo más lento en México que en el promedio de los países de la OCDE.

Además, no solo la productividad laboral es determinante en la mejoría de los niveles de vida de la población, sino que la denominada “productividad total de los factores” (PTF) desempeña un papel relevante en la evolución de la productividad del trabajo y del ingreso. La PFT es un indicador de la “eficiencia” con que se combinan los factores productivos, trabajo y capital, en la economía. Lo que importa es el crecimiento de la PTF, ya que esto se aúna a una mejoría de los niveles de vida.

También en este aspecto el desempeño de México ha sido insatisfactorio, ya que para el periodo 2000-2011 nuestro país experimentó un decrecimiento de la PTF, lo que se reflejó en una pobre evolución del producto (o ingreso) per cápita. En el pasado, el lento crecimiento del ingreso por persona en México ha retrasado la convergencia con los países de la OCDE. Es claro que, además de las reformas económicas en marcha, el país requiere una renovada capacidad institucional para poner en práctica las reformas aludidas, así como sistemas de gobernanza que garanticen la transparencia y la rendición de cuentas en todos los niveles del sector público.

El entorno de la productividad es la competitividad, que es la fortaleza relativa frente a los rivales. Al hablar de la competitividad de un país, nos referimos al grado en que ese país es capaz de generar más riqueza que sus competidores en el mercado global. Nos ocuparemos de estos tres conceptos, íntimamente relacionados, a lo largo de este artículo. La competitividad, como lo ha hecho notar el Foro Económico Mundial, se relaciona con un conjunto de indicadores; la productividad, en cambio, alude directamente al producto generado por hora de trabajo, y en el caso de la PTF, a la mejoría (o el detrimento) en la eficiencia para combinar factores productivos.

Los impactos en la economía

La productividad provoca una “reacción en cadena” dentro de las empresas. El incremento de la productividad laboral permite la reducción de costos y del desperdicio; esto contribuye a mejorar la calidad y el precio de los productos, lo que hace posible mantener el mercado y generar empleos y utilidades, lo que a su vez representa sueldos y salarios en la economía.

En última instancia, la mayor productividad permite, si las condiciones del mercado así lo indican, destinar recursos a la inversión, lo que se refleja en un aumento de la capacidad productiva de la economía. La productividad laboral es la relación que existe entre la producción y el factor trabajo, usualmente medida por las horas trabajadas o por el número de empleados; es decir:

Productividad del trabajo = producción / horas trabajadas

Esta relación nos indica que hay una estrecha relación entre el crecimiento (aumento de la producción) y el incremento de la productividad. En principio, a medida que es mayor el aumento de la productividad, mejorará el desempeño económico.

La productividad laboral no toma en cuenta la contribución de otros factores de la producción. Por ejemplo, es usual considerar que una mayor dotación de capital por trabajador elevará la producción de bienes y servicios. A pesar de su alcance parcial, la productividad laboral es muy utilizada como medida estadística.

Al respecto, una medida sencilla de la productividad laboral es la que se obtiene dividiendo el Producto Interno Bruto (PIB) entre la estimación oficial de horas trabajadas en la economía, lo que permite comparaciones de valor agregado por hora trabajada entre sectores de una misma economía y entre países.

Cabe agregar que la productividad no debe confundirse con la producción. En nuestro caso, la productividad mide la eficiencia con la que se utiliza el factor trabajo en la producción.

Además, la productividad laboral solo se elevará cuando los factores de la producción (trabajo, capital y tecnología, en el caso de nuestro país) se utilicen en forma óptima para alcanzar mayores niveles de valor agregado en la economía.

Esto significa que obtener ganancias en productividad laboral no es el equivalente a trabajar más horas, ya que esto estaría aumentando la utilización del factor trabajo.

Como lo ha señalado Paul Krugman, economista estadounidense y Premio Nobel de Economía en 2008 por sus contribuciones a la Nueva Teoría del Comercio y la Nueva Geografía Económica, y quien ha sido un fuerte crítico de la doctrina neoliberal y del monetarismo: “La productividad no lo es todo, pero en el largo plazo lo es casi todo. La capacidad de un país para mejorar su estándar de vida a través del tiempo depende, casi exclusivamente, de su habilidad para elevar el producto por trabajador”.

En el caso nuestro país, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reporta que el llamado Índice Global de Productividad Laboral de la Economía (IGPLE) presentó una disminución de 0.4% en el tercer trimestre de 2015, en comparación con el año anterior, al pasar de 101.9 a 101.5.

Como se observa, el desempeño de la productividad laboral en nuestra economía sigue siendo insatisfactorio. Cabe señalar que el sector más relevante en materia de productividad, el industrial o secundario, explica en buena parte la disminución del IGPLE.

Resulta oportuno señalar que el comportamiento de la productividad es el resultado de los incentivos que orientan las decisiones de las empresas.

Sin duda, el desempeño de la productividad se verá afectado por las fallas del Estado o del mercado. Entre las primeras puede señalarse, por ejemplo, una mala o agresiva política tributaria que desincentive la contratación de mano de obra o la inversión productiva de las empresas y, entre las segundas, las trabas a la libre competencia y el poder de mercado de algunas empresas.

Este es un extracto del texto que el autor escribió para Alto Nivel y que podrás consultar completo en la edición impresa de julio. Busca tu ejemplar en los principales puntos de venta, suscríbete en línea o descarga la revista digital. Sigue nuestra conversación en Twitter y Facebook.

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