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¿Por qué terminó la era del dinero barato?

A la incertidumbre por las medidas que puede implementar Donald Trump en Estados Unidos, se agrega el alza de tasas de interés. Esto es el fin de una época de recursos baratos que limitará la inversión y el crecimiento económico.

19-12-2016, 2:16:29 PM
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El resultado de las elecciones en Estados Unidos sorprendió a buena parte del mundo. El impacto de este acontecimiento se dejó sentir en México de inmediato y de una manera particularmente acusada. Esto es resultado de la gran vinculación comercial, financiera, laboral y social entre los dos países, y del tono proteccionista que caracterizó los discursos de campaña, especialmente al del hoy presidente electo que, además, fue marcadamente antiinmigrantes.

Así, el tipo de cambio del peso mexicano por dólar, que llegó a recuperarse hasta 18.30 el día de la elección, conforme se perfilaba el candidato ganador, fue subiendo rápidamente de precio hasta rozar los 21 pesos.

El efecto también se sintió en el mercado de valores con una significativa caída del IPC. En los días posteriores a la elección, la curva de rendimiento de la deuda del tesoro de EU se desplazó hacia arriba, con la tasa a 30 años acercándose a 3%, cuando en los días previos a la elección rondaba 2.6%; la tasa a 10 años pasó de alrededor de 1.8% a situarse arriba de 2.2%.

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De esta manera, a la incertidumbre sobre el futuro del intercambio comercial entre México y Estados Unidos, y de las cuestiones migratorias, se sumó el efecto de las tasas de interés, lo que ha mantenido al peso mexicano por encima de los 20 pesos por dólar, a pesar del aumento de 50 puntos base de la tasa objetivo de Banxico y del desplazamiento de la curva de rendimientos de los títulos de deuda mexicanos en todos sus plazos.

La subida de las tasas de interés del vecino país del norte indica que los mercados están anticipando la elevación del gasto público, principalmente en infraestructura y la reducción de impuestos, según los compromisos de campaña del presidente electo. Es de subrayarse que el mercado de valores estadounidense reaccionó positivamente al resultado electoral, sobre todo al sector financiero, que parece anticipar cierta desregulación de su actividad.

En este panorama, las variables financieras parecen definirse con cierta claridad, mientras que lo que ocurrirá en materia comercial y migratoria aún está por verse y, por el momento, es fuente de una gran incertidumbre.

La elevación de las tasas en Estados Unidos implica para México una curva de rendimientos más alta y con menor pendiente. El fin de una época de recursos baratos, sin duda, a largo plazo marcará limitaciones a los procesos de inversión y de crecimiento económico.

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Por otra parte, es difícil prever el impacto que los cambios en políticas comercial y migratoria tendrán sobre la economía real. Por lo pronto, en el mejor de los casos —aunque al final dichos cambios no resulten muy radicales—, se han generado expectativas adversas que detendrán decisiones de inversión, con la consecuente desaceleración económica. Así, la evolución del tipo de cambio permite prever para 2017 una inflación de 4 y 5% aproximadamente, y la combinación de mayores tasas con ajustes no radicales a la política comercial podría tener como resultado un crecimiento del PIB de entre 0.5 y 1.5%.

Solo queda a nuestro país, y obviamente a los diferentes niveles de gobierno, la tarea más importante: hacer un uso estratégico y eficiente de su presupuesto público que, inevitablemente, se verá restringido. Por su parte, la política monetaria tendrá que continuar adaptándose a las condiciones planteadas por los vecinos del Norte.

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