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Por qué los gases de los autos son veneno para el planeta

La Tierra vive un momento delicado, y desde hace décadas los autos han jugado un rol principal en el desgaste del planeta. Nuestro columnista te explica por qué.

21-04-2016, 6:05:41 PM
Por qué los gases de los autos son veneno para el planeta
Cristóbal Miguel García Jaimes

En el año de 1987 se firmó el Protocolo de Montreal, en el que 191 países se comprometían a disminuir y erradicar la producción así como la emisión de hidroclorofluorocarbonos, no es un trabalenguas, sino una molécula utilizada en muchos campos de la vida cotidiana debido a que es muy estable químicamente hablando. Dicho compuesto lo encontramos en propelentes para aerosoles, gases refrigerantes y agentes extintores.

El uso de los HCFC (hidroclorofluorocarbonos) inició en la década de 1930 debido a que la industria automotriz tuvo por bien sustituir gases muy peligrosos como amoniaco y dióxido de azufre en sus diferentes procesos. Debido a la ya mencionada estabilidad química, es decir, no son muy “amigables” por lo que no se la pasan “juntándose” con otros átomos y moléculas, duran entre 70 y 120 años en la misma forma. Pero también como no reaccionan tan fácilmente con muchas moléculas no se preveía que pudiesen ser dañinas.

Nuestro planeta es como una rockaleta, esas paletas que forman parte de nuestra infancia y que por fortuna aún encontramos en algunos puestos de dulces. ¿Recuerdan que lo distintivo de dicha golosina era que estaba formada por capas?, pues nuestra Tierra es así. Tenemos muchas capas con un núcleo para nada dulce y chicloso, sino más bien algo ardiente y aplastado. Eso sucede bajo nuestros nuestros pies, y hacia arriba tenemos una especie de algodón de azúcar con muchas tonalidades. Vas a la Feria de Chapultepec y además de disfrutar el agarrar la mano de tu chica o chico también puedes degustar un delicioso pedazo de nube azul o rosa.

Pues bien, arriba de nuestra cabeza tenemos a la atmósfera, que es un conjunto de gases acomodados por su densidad. Estas capas, además de protegernos de los rayos que hay afuera en el cosmos, conservan el calor promedio de nuestro planeta, tal y como sucede en un invernadero. Y efectivamente, el efecto invernadero es algo natural y necesario para la existencia de todos nosotros. La cuestión que atañe en dicho caso es que se agrava y por ende aumenta la temperatura promedio y con ello es que sentimos un calorcito mucho más fuerte, pero eso es tema de otro día.

Dentro de las capas que encontramos arriba, hay una a 10 kilómetros de altura, no creo que sea muy fácil llegar allá con una escalera pero sí con ayuda de globos meteorológicos. Esta es la Capa de Ozono compuesta, como su nombre lo indica, de moléculas conformadas por 3 átomos de Oxígeno, encargada de protegernos de los rayos ultravioleta o UV. De llegar estos rayos completamente a la superficie terrestre no sólo provocarían cáncer de piel sino que la vida no podría existir.

Los rayos UV, aunque no lo parezca, son parte de lo mismo que la luz, las ondas de radio, las microondas e incluso, de aquel calorcito que sentimos sin ver nada, es decir, del espectro electromagnético. Dicho espectro no es un fantasma, es una especie de mapa que nos indica qué forma y color puede tomar la luz. Si la luz tiene una onda muy grande, es decir, si estamos en un lago enorme y aventamos una piedra vemos que se forman unas ondas, pero entre más grandes veremos que están más lejanas están entre sí, es decir, tienen menor frecuencia.

Existen rangos, comprendidos entre una longitud de onda y una frecuencia dada. Ondas muy amplias, pero frecuencias cortas o al revés. Los rayos ultravioleta, como su nombre lo indica, son ultra, están más allá del color violeta, no se pueden ver porque se salen del rango de luz visible  al igual que los rayos infrarrojos que se encuentran al otro extremo, abajo del rojo. Pero ambos tipos de luz son causantes de varios fenómenos. En este caso, los UV provocarían que las plantas no crecieran o que la vida marina no proliferara.

Varios científicos, principalmente Mario Molina y Frank Sherwood Rowland se dieron cuenta de que los gases HCFC disminuían a la capa de ozono debido a que las moléculas podían llegar muy alto, contrario también a lo que se pensaba. Con ayuda de los rayos UV se disociaban en moléculas más simples que reaccionaban con el ozono. Los científicos observaron que la capa estaba presentado una enorme perforación que tiempo después recibió el nombre de Agujero de Ozono.

Es por ello que se recomienda bajarle unas rayitas al uso de aerosoles o el automóvil. Sus efectos, como verás, son suficiente para dejar de circular.

*Cristóbal Miguel García Jaimes es ganador del Premio Nacional de la Juventud, a los 18 años construyó el acelerador de partículas más barato del mundo, y es fundador de la Asociación Ciencia Sin Fronteras. Estudia y trabaja en proyectos de investigación en el Instituto de Física de la UNAM.

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