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Por qué la globalización no cumplió lo que prometió

Los latinoamericanos se preguntan si alguna vez de verdad podrán elevar su nivel de vida y disminuir la pobreza, mientras que en Estados Unidos la gente se está muriendo de desesperanza, asegura Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía en 2001.

20-06-2017, 12:57:44 PM
globalizacion
Fotoarte Sofía Ugalde.

Es un mundo en donde se está disparando la inequidad. En donde los ricos son cada vez más ricos, crece el número de pobres y las clases medias se ven amenazadas. Curioso, esto no se ve nada más en los países emergentes, donde los salarios se mantienen bajos, independientemente del ritmo de crecimiento. También sucede en los países desarrollados, en donde la gente tiene esta sensación de que los empleos manufactureros “buenos” se fueron a otros países y sólo queda aceptar un puesto barato en servicios… o votar por Trump.

La globalización no cumplió lo que prometía, de hecho, nadie parece estar feliz, dice Joseph E. Stiglitz, economista, profesor de la Universidad de Columbia y premio Nobel de Economía en 2001, en un foro internacional organizado en Ciudad de México, que lleva por nombre Fracturas en la Globalización… nada menos.

Mientras la gente en los países latinoamericanos se pregunta si alguna vez de verdad podrá elevar su nivel de vida y disminuir la pobreza, por lo menos la extrema, en Estados Unidos la gente se está muriendo de desesperanza.

Por primera vez en décadas la esperanza de vida parece disminuir en el vecino país, y no por enfermedades o deterioro de la calidad de vida. La gente se entrega al alcohol, a las drogas, a la amargura por ocio, por falta de futuro.

Es el monstruo detrás del voto por Donald Trump. La gente no encuentra un trabajo que considere digno, el gobierno de EU nunca invirtió lo suficiente en reentrenar a la población para nuevas ocupaciones. Y encima de esto, la automatización se cierne sobre los empleos que pueden ser fácilmente imitados por un máquina medianamente inteligente.

Humanos o robots, ¿quién se quedará sin empleo?

Eso no significa, sin embargo, que las políticas Trumpistas sean la solución. De hecho, son diagnósticos y respuestas más tontos que la situación original y pueden causar mucho daño. ¿Cómo dice Trump que nos vieron la cara con el NAFTA (a los estadounidenses), si nosotros lo escribimos y casi lo impusimos? Es la pregunta de Stiglitz.

El foro organizó también una mesa redonda respecto de los populismos de izquierda y derecha, que revolotean como buitres alrededor del problema social y económico que vivimos; de esta desesperanza ante la globalización.

La xenofobia, el desprecio por la democracia, el racismo, el aislacionismo, el proteccionismo y demás lacras tiene origen en una población que ve canceladas sus aspiraciones y que incluso ve afectado su nivel de vida, su acceso a la salud. En este campo crecen las soluciones fáciles del populismo en Europa, en EU, en Latinoamérica.

En mesa redonda hablan Kaushik Basu, Erik Berglof, Tim Besley, Robert Johnson, Enrique Cárdenas, todos expertos en economía. Coinciden en las razones; coinciden en que el populismo no es la salida, pero también en que las fuerzas invisibles del mercado no son suficientes para arreglar el problema.

Hacen falta nuevas políticas públicas, es decir, que los gobiernos metan mano, de nuevas formas en sus economías, en las condiciones de vida de su población: que rompan moldes, que “salgan de la caja”; que tomen medidas disruptivas, para hablar el idioma de moda. Curioso, la ortodoxia en teoría económica se está quedando muy sola.

En este foro se anuncia la creación de una Comisión para la Transformación Global en el seno del Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico (INET), una ONG con sede en Nueva York dedicada a “buscar rigurosamente teorías y métodos económicos innovadores”, como dice su perfil.

La Asociación Económica Internacional (IEA) organizó este foro en Ciudad de México, en conjunto con el Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico (INET), el Instituto de Asuntos Globales y su Centro para América Latina y el Caribe de la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres (LSE) y el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

Buscan nuevas respuestas para este rompecabezas, antes que tipos como Trump impongan las suyas. Ojalá que lo hagan rápido, antes de que el daño (por la enfermedad o por el remedio) siga aumentando.

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