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Por qué a México sí le conviene renegociar el TLCAN

El acuerdo no nos ofreció todas las oportunidades que esperábamos, ni aprovechamos las que sí estaban disponibles por falta de una política industrial. Por ello es preciso exigir una mejor integración con nuestros vecinos.

03-04-2017, 6:35:29 AM
Foto arte.
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Es cierto que no podía pedírsele todo el peso del desarrollo del país a un acuerdo comercial. Sin embargo, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) no cumplió el objetivo, alguna vez formulado durante la administración de Carlos Salinas, de llevarnos a un estatus de país desarrollado a la vuelta de 20 años.

Han pasado 22 y seguimos muy lejos, pese a la hombrada de enrolarnos en la OCDE, organización en donde México siempre es el prietito en el arroz al momento de las estadísticas comparativas.

El notorio estancamiento del crecimiento en el PIB per cápita mexicano, a partir de los primeros años del siglo XXI, marca el hecho incontrovertible de que el país se quedó atorado en un rol que le asignaron los actores económicos: el de un maquilador, dependiente de la mano de obra barata –y de no mucho más– para competir en el comercio internacional.

Lo mismo en la industria automotriz que en la electrónica, la “garantía” mexicana para el resto del mundo es que no intenta siquiera apropiarse de la tecnología y el know how que recibe del exterior para crear una industria de punta, con la gracia de ser completamente nacional.

Tampoco invirtió el país en desarrollar una adecuada provisión de bienes intermedios, salvo antiguas y muy inteligentes incursiones en autopartes por parte de empresas como Rassini o Nemak, de Alfa.

Somos un país de exportaciones manufactureras, hecho que nos separa del resto de América Latina, productor de commodities. Sin embargo, el valor agregado que aportamos no es muy alto y no se queda en México.

Peor aún, desde el principio de este siglo, los países asiáticos se insertaron en nuestro mercado norteamericano para exportarnos bienes intermedios a los cuales pudiéramos agregarles el “contenido regional” para ingresar finalmente a EU por la vía del TLCAN.

Estos factores internos y externos le pusieron un techo de cristal a los salarios mexicanos, que no pueden subir porque perderían “competitividad” y porque nuestra extensa población en edad de trabajar compite con los obreros asiáticos.

Por ello, en nuestro propio examen del TLCAN, debemos concluir que ni nos ofreció todas las oportunidades que esperábamos, ni aprovechamos las que sí estaban disponibles por falta de una política industrial, ese concepto que todavía parece ser un tabú en México, pero no en China, ni siquiera en EU. Por ello es preciso elevar el contenido regional dentro del TLCAN y exigir una mejor integración tecnológica con nuestros vecinos.

Debemos, por último, revisar las flaquezas internas que nos han impedido aprovechar el TLCAN para siquiera disminuir nuestros niveles de pobreza.

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