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Petróleo y gas: la oportunidad que abre Trump para México

En 2017, México se juega algo más que su intercambio comercial con su mayor socio. También su futuro energético está en riesgo, pero la prioridad que dará Donald Trump al sector energético en EU abre un camino.

04-01-2017, 6:30:45 AM
Reuters México deberá negocia de forma correcta con Trump.

Una puerta se cierra, pero se pueden abrir otras. Ayer Ford canceló una inversión de 1,600 millones de dólares en México, destinados a una nueva planta de San Luis Potosí. También conviene recordar que el pasado 5 de diciembre otras compañías norteamericanas como Chevron y ExxonMobil comprometieron hasta 8,000 millones tras ganar áreas de aguas profundas en la última subasta petrolera.

La incertidumbre es el principal sentimiento que generó el triunfo de Donald entre los inversionistas, mercados y gran parte de la población. Pero hay un sector económico al cual, dadas las señales, le puede ir muy bien durante la presidencia del empresario estadounidense.

En las últimas décadas, los republicanos han sido relacionados con la industria del petróleo y el gas (como la familia Bush), y en el gobierno de Trump la presencia e intereses de este sector serán mucho más visibles. La señal más clara es el nombramiento de Rex Tillerson, director de ExxonMobil, como secretario de Estado, el cargo diplomático de más alto rango en Estados Unidos.

“El que ganó es Trump, pero los beneficiados son los republicanos porque van a tener una apertura del mercado”, dice Ramses Pech, analista de Caraiva y Asociados.

Durante la administración de Barack Obama, el sector energético estuvo sujeto a varias normatividades, bloqueos a Medio Oriente, prohibiciones a producción en aguas profundas e inclusive se suspendieron grandes proyectos, como el poliducto Keystone Pipeline. Ahora, con Trump y su gabinete, se prevé una desregulación y apertura de más negocios en este segmento.

¿Cómo le afectará esto a México? Pueden pasar dos cosas: en 2017, el país pasaría de ser codependiente a dependiente total de la industria de Estados Unidos, o aprovechar esta coyuntura para sus intereses propios. ¿Cómo? Cuando México firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), dejó fuera el sector energético porque el Estado tenía el monopolio en estos negocios.

En este sentido y con la reforma energética, a México sí le conviene reabrir con EU el acuerdo comercial para incluir un apartado sobre la energía, coinciden analistas.

Los hombres de Trump

Desde su campaña, Trump ya tenía a influyentes empresarios del sector detrás suyo. Su asesor en temas energéticos fue Harold Hamm, el hombre más rico de Oklahoma (con una fortuna de 13,000 millones de dólares, según Forbes) y también conocido como el pionero del ‘fracking’, técnica que detonó la ‘revolución’ del petróleo y gas shale, y que impulsó a Estados Unidos como el productor más grande del mundo.

Hasta ahora, Trump ha nominado personas relacionadas con el sector hidrocarburos en puestos clave.

  • Rex Tillerson. Trump escogió a Tillerson, de 64 años, para ser secretario del Estado, luego de que el texano fue respaldado por varias importantes figuras del Partido Republicano, incluyendo a los ex secretarios de Estado James Baker y Condoleeza Rice, además del ex secretario de Defensa Robert Gates. Su respaldo es considerado clave para ayudarlo a superar la confirmación en el Senado, que probablemente se enfocará en su relación con el presidente ruso, Vladimir Putin.
  • Rick Perry. El ex gobernador de Texas de 2010 a 2015 será el secretario de Energía, una dependencia oficial que él mismo propuso eliminar durante un debate cuando buscaba la nominación presidencial republicana en 2012. El departamento es responsable de la política energética estadounidense y supervisa el programa de armas nucleares. Perry ha defendido una menor regulación de la industria de los combustibles fósiles, y calificó a la ciencia en torno al cambio climático como “inestable”.
  • Scott Pruitt. El fiscal de Oklahoma, estado petrolero, dirigirá la Agencia de Protección al Medio Ambiente (EPA, por sus siglas en inglés). Pruitt también es un escéptico del cambio climático y luchó contra la agenda regulatoria de Barack Obama en energía.

Sector favorecido

Pese a las diferencias que tiene Trump con el Partido Republicano, hay unanimidad respecto a la política de energía, según un análisis de Natixis Global Asset Management, publicado el 24 de noviembre.

“Es probable que las compañías de energía reciban una desgravación bajo la administración de Trump. Los proyectos de oleoductos que están detenidos, incluyendo el Keystone, pudieran ser aprobados y seguir adelante”, dice la firma financiera, que prevé un ligero repunte de la producción de crudo con la desregulación que pretende hacer Trump.

Este cambio de políticas coincide con el interés de las grandes compañías por explotar los campos de aguas profundas en México. El pasado 5 de diciembre, México concluyó con éxito la cuarta subasta de la llamada Ronda 1, en la que se adjudicaron ocho de diez áreas posibles.

El fortalecimiento del dólar frente al peso y el anuncio de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de recortar la producción de crudo fueron algunas de las razones por las que las compañías se animaron a hacer más ofertas. Tres estadounidenses (ExxonMobil, Chevron y Murphy) y dos inglesas (BP y Ophir Energy) ganaron cinco de las ocho áreas adjudicadas.

En 2017, México pondrá en marcha la Ronda 2, en la que se subastarán 53 áreas en campos terrestres y aguas someras y profundas, que estarán divididas en tres licitaciones. Las autoridades llevarán a cabo después una tercera y cuarta ronda, que en total sumarán 241 campos y áreas con reservas estimadas de 15,299 millones de barriles de petróleo crudo equivalente (mbpce).

La incertidumbre por el gobierno de Trump tendrá un impacto ineludible en la inversión extranjera en México, pero las industrias extractivas, incluida la energética, tienen un panorama más alentador.

Citibanamex redujo su estimación de Inversión Extranjera Directa (IED) en 2017, de 35,800 millones de dólares (mdd) a 25,000 mdd. El sector más afectado será la manufactura, mientras que en el de energía, con el resultado satisfactorio de la ronda 1.4, se espera que las inversiones se aceleren.

Todo o nada

El nuevo gobierno que entrará y el cambio de políticas pueden tener dos efectos en México en 2017: que el país aumente aún más su dependencia de la energía de Estados Unidos o que aproveche para hacer adiciones al TLCAN.

Las promesas y acciones de Trump en cuanto a política económica han girado en torno a las manufacturas, pero no ha mencionado hasta ahora a la energía en las discusiones, mientras que México dejó fuera este rubro cuando firmó en el TLCAN, porque en aquel entonces aún mantenía el monopolio.

El gobierno de Enrique Peña Nieto impulsó una ambiciosa reforma energética, cuya apertura superó las expectativas del sector privado. ¿Hay necesidad de tocar este tema también en el TLCAN? El país está en una situación frágil en cuanto a la dependencia de los productos que importa de EU, por lo que asegurar el abastecimiento sería una prioridad, indica Ángel de la Vega Navarro, profesor e investigador de las facultades de Economía e Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“México está en la línea de construir varios gasoductos para conectarse con el mercado norteamericano e importar gas. Si Trump pone algunas restricciones, eso pone en problemas al país”, afirma el académico.

Natixis Global Asset Management coincide en que si el TLCAN es renegociado, como se mencionó durante la campaña, las exportaciones de gas natural a México pudieran verse afectadas de forma negativa. EU exporta cada día 3 millones de pies cúbicos de gas a México, casi 60 por ciento de su consumo total.

Otra cosa que puede hacer México es facilitar el ingreso de su petróleo a las refinerías estadounidenses. “Está llegando más fácil el crudo pesado canadiense hasta el Golfo que el crudo mexicano”, dice Ángel de la Vega, y explica que para estos puntos no es necesario reescribir el TLCAN, sino solamente agregar anexos.

“Una característica interesante del TLCAN es que su redacción está hecha de tal forma que un cambio de postura de alguno de los miembros sobre un tema particular, que al momento de la negociación original no se consideró, lleva en automático a una garantía de tratamiento semejante al de los nacionales para los socios del Tratado. El caso del sector energético en México es un buen ejemplo”, comenta Citibanamex en un análisis.

También hay temas jurídicos que México puede llevar a la mesa. El capítulo 11 del TLCAN señala que, en conflictos por inversiones privadas, todo se dirime en tribunales internacionales y no cuentan los tribunales locales, explica Ángel de la Vega. “Eso normalmente favorece los intereses privados, no los del país. Ese es un tema.”

Citibanamex da un 40 por ciento de probabilidades de que las discusiones en 2017 den un TLCAN “rebalanceado”, es decir, con bloques añadidos, incluido el de energía.

En 2017, México se juega algo más que su intercambio comercial con su mayor socio. También su futuro energético está en riesgo.

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