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El Oxxo que te ofrece botellas de refresco a precios de obras de arte

Esta tienda tiene refrescos, papas, condones, vinos y licores y otros productos que verás en cualquier Oxxo, pero su objetivo es diferente al de cualquier tienda de conveniencia.

21-02-2017, 2:50:20 PM

¿Cuánto pagarías por el lienzo de Guernica? ¿Cuánto considerarías que vale La última cena? ¿Te alcanzaría la cartera para comprar La persistencia de la memoria? ¿Qué cantidad escribirías en un cheque a cambio de tres girasoles holandeses? ¿Pagarías 15 mil dólares por una botella de refresco?

Claro, si consideramos que la botella se expone de la misma manera en que se presenta un paisaje, un retrato o un óleo, se encuentra en una repisa, a un lado de cientos de productos a su alrededor. Un joven y un anciano caminan en todas las direcciones, buscan algo que llame su atención y pueda satisfacerlos. Hay obras de todos colores y tamaños. Cada artículo representa una idea sencilla que se traduce en una necesidad, un grito desesperado de una comunidad que demanda algo: dar un mensaje y ser recibido para bien de su creador. Bajo esta perspectiva, una tienda de convivencia alberga lo mismo que una galería de arte.

 

Al menos así lo concibió Gabriel Orozco, uno de los artistas mexicanos más importantes de la década, quien se ha atrevido a cambiar a la par del arte; ese que ha sabido seguirle la pista al arte contemporáneo y caminar con los preceptos del mismo, aunque los espectadores no terminen por entenderlo. Es así como Orozco abrió un Oxxo en la Galería Kurimanzutto.

En la entrada de la tienda vemos uno de los típicos botes de basura que están en los establecimientos reales, sólo que éste tiene un sello de tres colores; emblema que caracteriza desde los 90 la obra de Orozco. Este logotipo le otorga valor a un bote de basura sólo por llevarlo.

Imagina un escenario: compras un pantalón, no tiene marca y, en consecuencia, tendrás que pagar una accesible cantidad. Caminas diez minutos, tratas de matar tiempo y entras a una tienda cuya marca pesa en el mercado, transitas por los pasillos y encuentras un pantalón idéntico, pero con una etiqueta en la parte trasera, y sólo por ese detalle te costará muchísimo más. Orozco plantea esa metáfora como base: pegar su sello, el mismo del bote de basura, en 300 productos de uso cotidiano y consumo como una bolsa de papas, una botella de aceite, una caja de condones, una docena de huevos e incluso una cerveza, y aumentar su precio como si se vendiera una pieza artística.

Una de las intenciones naturales del arte es despertar la mente, hacerla pensar, dudar, razonar, cuestionar, entender y criticar para generar una idea propia. Un loco piensa en la muerte y pinta un árbol a blanco y negro, la vende como arte, y nosotros tenemos la tarea de darle otros cien sentidos posibles o ridículos para hacer crecer esa idea. Sea como sea, el arte no nos puede dejar vacíos o indiferentes. Orozco no se toma esto a la ligera, lo que él hace es criticar al arte desde el arte. Trata de establecer los límites entre lo que es arte y lo que simplemente no lo es; ya que, al parecer, él tampoco está del todo de acuerdo con la pregunta que plantea el arte contemporáneo: ¿todo puede ser arte?

El mexicano no intenta responder a esto, sino dar fundamentos desde otra perspectiva para responderla colectivamente. Y es que en su “exposición de arte” es posible tirar a la basura la envoltura de la pieza artística. Su arte se puede comer. Te puedes limpiar con su arte. Puedes fumar su arte. Es posible leer, subrayar y recortar su arte. Embriagarte con su arte. Masticarla. Untarla. Ponerle cátsup y mostaza. Utilizarla como rehidratante. Usarla como método anticonceptivo. Pero, ¿será arte porque se vende y se expone como tal? La crítica es muy fuerte y, en consecuencia, ha hecho enojar a muchos, maravillado a otros y causado conflicto.

Algo es claro: nada está dejado al azar. Si Orozco escogió a la cadena Oxxo no fue sólo porque es posible combinar su apellido con la marca y llamarle Oroxxo, sino que es un lugar que forma parte de la realidad mexicana, ya que podemos hallar un establecimiento en cada tres esquinas. Estableció a la tienda como cualquier otra, y creó un billete especial para que los asistentes lo puedan intercambiar por lo que quieran, a excepción de aquellos marcados por Gabriel, que son los que se venden en la galería. Por lo tanto, unas papas pueden ser regaladas como algo insignificante y efímero, o puede ser vendido a manera de obra de Da Vinci. Aunque puede parecer una crítica al arte, también lo es a la economía. En este Oxxo todo vale lo mismo, y se vende de acuerdo a la oferta y la demanda.

La propuesta está ahí. Ya no se sabe qué es arte y qué no lo es. El artista pretende esclarecer el tema haciéndolo más confuso. Despedaza al capitalismo haciéndose parte de él. Comercia su arte sin hacerla en sí. Homenajea a Rivera burlándose de él. Crítica a aquello que representa. Utiliza a la tienda más visitada por mexicanos para que sean extranjeros los principales asistentes de su obra. Así es el arte… y a la vez no.

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