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Olvida el nacionalismo, lo importante son los litros de a litro

La euforia colectiva que desató la llegada de British Petroleum y la ilusión de los litros de a litro ha hecho que los mexicanos olviden que, en realidad, es a Pemex a quien le están comprando gasolina, pues la petrolera mexicana es quien abastece el combustible a la empresa británica.

23-03-2017, 6:40:01 AM
Olvida el nacionalismo, lo importante son los litros de a litro.

El petróleo representó por casi ocho décadas lo más duro del nacionalismo, el último reducto para los estatistas más entusiastas. Los mexicanos muestran desde hace días sus sentimientos para con el capital extranjero petrolero que ha regresado al suelo del país: en ondulantes filas (como la serpiente en el Escudo nacional) para llegar a las bombas despachadoras de la British Petroleum. No son hordas buscando incendiar ese portaestandarte del capital extranjero, sino esperando con inusual paciencia para poder llenar el tanque.

¿Cuál es el principal argumento de los automovilistas que incluso llegan a obstaculizar la circulación del periférico? “Litros de a litro”. El más rancio nacionalismo pierde ante la cartera; el color del pasaporte del dueño de la gasolinera es por completo indiferente al cliente, que lo que espera es un buen servicio y recibir aquello, completo, por lo que paga. Porque lo que ocurre en muchas gasolineras del país hasta el momento tiene un nombre llano en cualquier lugar del mundo: fraude en gran escala.

¿Qué indican, además, esas largas colas? Que la liberalización del mercado de gasolina al menudeo será todo un éxito, con diversas empresas invirtiendo (nacionales y extranjeras, con el pasaporte respectivo siendo irrelevante) y una dura competencia desarrollándose por lograr el favor del cliente, tanto por la vía de la calidad como del precio (también ya empiezan a llegar los baños limpios en las gasolineras, otro logro otrora impensable).

La ironía actual es que la gasolinera de BP se surte directamente de Pemex (todavía). En el momento que una marca ofrezca combustible como el que se vende en cualquier gasolinera estadunidense, aparte de litros que de veras sean litros, será la histeria colectiva.

¿Qué otro elemento es evidente por esas colas de Satélite? Los enormes costos que implica un monopolio, incluso (la ironía final) para su propio dueño. Porque los propietarios nominales de la empresa somos todos los mexicanos, y el gobierno su administrador (delegado por medio de los votos).

Las dos partes salieron perdiendo, y los contribuyentes tendrán que aportar por décadas mucho dinero para rescatar a la quebrada Empresa (Im)Productiva del Estado. ¿Alguien ganó? Los trabajadores de la entidad, sobre todo aquellos en los altos niveles del escalafón (y del sindicato), aparte de muchos de los directivos que ha tenido por décadas. Ha sido, muy a la mexicana, una concentración injusta de la riqueza (peor, de una riqueza que se suponía colectiva). El petróleo sigue siendo de todos, y en consecuencia todos pagaremos el costosísimo pato del que muy pocos se llevaron las grandes tajadas.

Nada es irreversible, como lo muestra claramente esa gasolinera de empresa trasnacional en suelo mexicano. La liberalización de ese mercado puede verse desbarrancada con un nuevo gobierno a partir de diciembre 2018, sobre todo con un Presidente que prometa gasolina barata y espere que las empresas privadas cubran el subsidio. Las señales son preocupantes: prácticamente todos los hoy aspirantes a ocupar Palacio Nacional han hecho ofrecimientos en esa dirección.

Por otra parte, ese mercado competitivo que hoy inicia muy probablemente habrá mostrado sus bondades para cuando una nueva administración tome posesión. Y si algo funciona, cualquier gobierno medianamente sensato probablemente lo dejará seguir caminando.

El camino por andar es largo, sobre todo en lo referente a instalación de nuevas empresas gasolineras y sus necesarias redes de distribución. En un país en que la ordeña de ductos parece deporte nacional, y la inseguridad campea en muchas regiones, el reto será enorme.

Pero un cimiento necesario fue colocado a inicios de enero: precios que incentivaran la importación privada de gasolina y la construcción de nuevas gasolineras. Ciertamente fue muy doloroso para los bolsillos de todos, pero fundamental. No sólo se trataba de atraer inversiones, sino de inyectar dinero a la quebrada petrolera nacional.

Para los nacionalistas queda un consuelo por parte de la petrolera británica que estableció su primera parada en Ciudad Satélite. Con poca imaginación, se puede considerar su símbolo como una versión estilizada, moderna, del sol azteca, con varias tonalidades de verde, con alguna correspondiendo a la primera franja de la bandera, con blanco al centro. Sólo faltaría el rojo.

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