Uno de los principales riesgos que arrastran las empresas dentro de la actual coyuntura económica, es el abandono de sus "trabajadores cerebro", producto del descontento, insatisfacción y posterior búsqueda de mejores oportunidades.
Este fenómeno se ha visto acrecentado por la crisis financiera, que tras reducciones de salario, peticiones de aumento no atendidas, recorte de personal o cambios en las condiciones de trabajo, ha generado una especie de competencia entre los directivos de las empresas para ganarse a estos empleados estrellas.
Como solución a este fenómeno y consciente de que una fuga de colaboradores pondría en duda su competitividad a largo plazo, más aún después de la salida de algunos altos ejecutivos, el gigante de internet Google, busca establecer un modelo para identificar cuáles de sus 20,000 empleados están descontentos.
La medida, que está actualmente en fase de pruebas, se basa en el grado de satisfacción y las expectativas de promoción que mantiene cada trabajador, de acuerdo a un algoritmo. Además, completa otras dimensiones tradicionales como la formación y los encuentros periódicos para evaluar el talento de sus empleados.
El director de la división de recursos humanos de la compañía, Laszlo Bock, asegura que el algoritmo de Google ayudará a "meterse dentro de la mente de sus trabajadores antes incluso de que ellos mismos sepan que se quieren ir".
Toda esta idea forma parte de una serie de medidas para evitar que sus más prometedores ingenieros, diseñadores y ejecutivos de ventas salgan de la compañía en un momento en el que sus principales activos se están diluyendo por su gigantismo.
Ejemplo de ello lo ha experimentado el propio Google, con altos ejecutivos como el director del departamento de publicidad, Tim Armstrong, el directivo de la publicidad online, David Rosenblatt y su director de ingeniería, Steve Horowitz, se han visto tentados por el éxito de nuevas webs sociales como Facebook o Twitter y decidieron renunciar.
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