Robert Solow, premio Nobel de Economía en 1987, destacó en una entrevista al diario español Expansión que para evitar las “tentaciones” del proteccionismo" es necesario que “el estímulo fiscal sea global” y que los planes se adopten de forma simultánea.
Las palabras de este economista han cobrado fuerza durante esta crisis. ¿La razón? Solow, famoso internacionalmente por el modelo que elaboró en 1956 para explicar el crecimiento a largo plazo de las economías, ha sido siempre un emblemático defensor del pensamiento keynesiano (que considera clave la intervención justa de las instituciones del gobierno para enfrentar épocas de recesión o crisis).
Estas son algunas de las reflexiones del premio Nobel:
El origen de la crisis
La burbuja inmobiliaria fue impulsada, desde luego, por la prolongada política de bajos tipos de interés que mantuvo la Reserva Federal (Fed) tras la recesión de 2001. Jugaron ahí dos factores: por un lado, la excesiva confianza de Alan Greenspan en la capacidad de los mercados financieros en estabilizarse por sí solos -un error que él mismo ha reconocido públicamente-; por otro, la reticencia de la Reserva Federal a provocar, de forma deliberada, el estallido controlado de la burbuja, en vez de dejar que siguiera creciendo y estallara por sí sola. Pero también el Congreso americano colaboró a que se fraguara la crisis subprime, porque empujó a las agencias Fannie Mae y Freddie Mac a que ampliaran sus operaciones a préstamos hipotecarios de esa naturaleza.
Hoy vs. "La Gran Depresión"
La recesión que estamos viviendo es, desde luego, seria, pero no es comparable con la Gran Depresión. Entonces el desempleo en Estados Unidos llegó al 30%, mientras que ahora subirá, como mucho, hasta el 10%. Ahora tendremos alguna caída ocasional del nivel de precios –es decir, con inflación negativa–, pero no un proceso acumulativo de deflación, como el que vivimos durante la Gran Depresión.
¿Hasta cuándo durará la crisis?
Para los optimistas, la economía americana podría tocar fondo a finales de este año o principios de 2010. Incluso así, el crecimiento seguiría muy por debajo del potencial hasta por lo menos 2011. No debemos descartar, sin embargo, que la recesión pueda durar algo más. Por eso, debemos tomar las medidas precisas para evitar que la recesión se prolongue. La capacidad productiva de la economía americana sigue intacta. En los últimos 18 meses la población activa en Estados Unidos ha aumentado en 2 millones de trabajadores; el stock de capital sigue aumentando, porque aunque el volumen de inversión ha disminuido, la inversión neta –es decir, descontada la amortización de capital– ha seguido siendo positiva; y nuestros conocimientos técnicos y tecnologías siguen ahí. Somos, pues, tan potencialmente productivos como antes de la crisis. Lo que falla es, por desgracia, la demanda y por eso estamos en recesión.
La importancia del gasto público
El programa (fiscal del presidente Barack Obama) tiene un tamaño adecuado: sus casi US$900,000 millones para un período de dos años equivalen, aproximadamente, a un estímulo anual del 3% del PIB (el PIB americano es de unos 14 billones de dólares). En circunstancias como las actuales, es mejor pecar de exceso (overkill) que de timidez.
El programa contiene demasiadas reducciones de impuestos para las empresas. Obama las introdujo para conseguir el apoyo de los Republicanos en el Congreso, pero, paradójicamente, todos votaron en contra de la propuesta. Esas reducciones de impuestos pueden estar justificadas desde el punto de vista de la eficiencia y de estimular el crecimiento a largo plazo: pero la prioridad ahora debe ser estimular con rapidez la demanda y, en especial, el consumo privado.
La reducción de impuestos a las familias e individuos tampoco será muy eficaz, porque la experiencia demuestra que en épocas de crisis las reducciones de impuestos se destinan en gran medida al ahorro. Sólo tienen sentido medidas dirigidas a aquellos que están reduciendo su consumo por falta de liquidez, como serían un aumento de las prestaciones por desempleo o una disminución de impuestos a los trabajadores de menores ingresos.
El aumento del gasto público tendrá un papel esencial. Deberá concentrarse en partidas que no hagan que disminuya el gasto privado. Las transferencias federales a los Estados serán especialmente útiles, porque la falta de ingresos ha obligado a muchos Estados a reducir sus gastos –especialmente en proyectos de infraestructura y en educación–. Los fondos deben utilizarse con rapidez –en dos años, como máximo–, en proyectos y actividades intensivas en empleo. Es verdad que Keynes no descartaba que unos empleados abrieran zanjas y que otros las cerraran, pero lo ideal es que el gasto público promueva el crecimiento a largo plazo y no constituya un despilfarro.
La evaluación de Bernanke (su discípulo)
La Reserva Federal ha reducido prácticamente a cero el tipo de interés, ha venido inyectando liquidez de forma masiva y está comprando activos que en circunstancias normales ningún Banco Central compraría. Está siendo una política valiente: parafraseando el título de un episodio de la serie Star Trek (Where no man has gone before), Ben Bernanke y la Reserva Federal están prestando "a quien nunca se prestó antes". Son medidas excepcionales y entrañan cierto riesgo. Pero pensemos que cuando llegue la recuperación, muchos de esos activos aumentarán de valores, y puede que las operaciones no ocasionen ninguna pérdida.
Más información: www.altonivel.com.mx
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