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México es racista y clasista (aunque no nos guste)

La paradoja en México es que se presume un mestizaje como una especie de mezcla superior, pero ese mismo mestizaje es fuente oculta de vergüenza si el color es más inclinado hacia el oaxaqueño que el madrileño.

22-06-2017, 6:40:27 AM
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“Tipo oaxaqueño”, “raza de bronce”, “color de llanta”, “indio pata rajada”, “por suerte nos salió güerito y mejoró la raza”. “No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre”, “se cobró a lo chino”, “lo bajaron del cerro a tamborazos”, “güero de rancho”, “es algo morenito pero bonito”.

Las sirvientas son en su mayoría muy morenas, con los dueños de la casa respectiva menos morenos, o ya blanquitos. Las telenovelas, las páginas de sociales, están repletas de personas que bien podrían ser europeas. La clase pudiente, la dominante en muchos aspectos, tiene poco de prieta, morena o indígena. El parámetro de belleza nacional tiene un componente esencial: la pigmentación de la piel: entre más se acerque a la escandinava, ya ni se diga con un par de ojos azules, mejor.

El racismo y clasismo mexicanos están claramente empatados, casi siempre uno acompañado por el otro. Pero hay otro elemento, por decir lo menos, peculiar: muchos mexicanos se ofenden si se les dice que su sociedad es profundamente racista y clasista. Muchos, de hecho, proclamarán airados, furiosos, que en México no hay racismo.

Se piensa, claro, en el racismo estadounidense. En un país como Estados Unidos, con población indígena pequeña en número, y mezcla de esos indígenas con otras razas igualmente poco importante, el contraste es entre los descendientes de colonos europeos y aquellos de esclavos africanos. Y como en México, se dice, no hay negros (lo que no es correcto, por cierto) pues entonces no hay racismo. Tan simple como falso.

Por ello no sorprende la tormenta que desató en redes sociales un tuit del presidente del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Julio Santaella. El breve mensaje (forzosamente corto dada la limitación de caracteres que impone Twitter) simplemente presentaba una de las varias conclusiones del Módulo de Movilidad Social Intergeneracional (MMSI). Pero sucede que el mensaje era, para muchos, incendiario: entre más clara la piel, generalmente la persona respectiva contaba con una categoría laboral más elevada. La paradoja fue que esos críticos acusaron a Santaella de mandar un mensaje racista, cuando se limitaba a describir aquello que tanto escozor provoca: el racismo en México. Un clásico ejemplo de matar al mensajero porque no agrada la noticia que trae consigo:

La MSSI es un producto novedoso, aparte de extraordinario, del INEGI. Por primera vez se presenta información considerando las características sociodemográficas de la población de 25 a 64 años de edad, sus niveles educativos y de trabajo, a partir de su situación socioeconómica de origen, es decir, cuando los encuestados tenían 14 años de edad.

En el MMSI se aplicó una escala cromática, utilizada en el Proyecto sobre Etnicidad y Raza en América Latina (PERLA por sus siglas en inglés), que clasifica la piel en 11 tonalidades con el propósito de que el propio entrevistado identificara su color. De las personas que se autoclasificaron en las tonalidades de piel más clara, solo 10% no tenía escolaridad alguna. Esa cifra se duplicaba (a 20.2%) para las personas que se autoclasificaron en las tonalidades de piel más oscuras. Mientras más oscuro el color de piel, los porcentajes de personas ocupadas en actividades de mayor calificación se redujeron. Cuando los tonos de piel eran más claros, los porcentajes de ocupados en actividades de media y alta calificación subieron.

El INEGI aporta, así, datos duros a la realidad ya conocida pero que duele reconocer: México es un país racista y clasista en grado extremo. En cierta forma, es el peor de los racismos. De entrada, dirigido contra nosotros mismos. Porque el racismo estadounidense será también entre ellos, pero hay una clara diferenciación. En México el moreno claro (mestizo) ya puede tener fundamento (racial) para sentirse “superior” con respecto al prieto más color allantado (igualmente mestizo).

La paradoja es que México presume ese mestizaje como una especie de mezcla superior: europeos e indígenas combinados explican lo que hoy es el país. Pero ese mismo mestizaje es fuente oculta de vergüenza si el color es más inclinado hacia el oaxaqueño que el madrileño. Está bien ser mestizo, pero mejor con tonalidad más clara que oscura, de preferencia, porque así se mejora la raza.

El MMSI del INEGI aporta datos duros de una realidad lacerante. Debe ser un elemento que contribuya no a la molestia, sino al enfrentamiento de la realidad. Lograr la igualdad de tonalidades de piel está en el futuro, pero buscar una mayor igualdad para todos los mexicanos, desde los negros que se dice no existen hasta los indígenas que hoy tantos desprecian de manera discreta o abierta, es un imperativo. Ojalá que el INEGI y otros sigan retratando la triste realidad, y Santaella tuiteando sobre la misma. Si duele ayuda, porque contribuye para que se busquen soluciones a un problema que muchos argumentan ni siquiera existe.

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