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México debe pasar de la manufactura a la economía del conocimiento

México está intentando posicionarse en la revolución 4.0, pero seguimos en la etapa de automatización. Te decimos por qué es urgente que nos movamos rápido.

27-01-2017, 4:18:46 PM

Con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y su plan de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en México se ha planteado un escenario de incertidumbre económica, ya que las exportaciones mexicanas representan alrededor del 25% del Producto Interno Bruto (PIB) del país, y aproximadamente el 82% de éstas se dirigen a Estados Unidos, esto según un análisis económico publicado este mes por el Consejo Nacional de la Industria Maquiladora de Exportación (Index).

Asimismo, de acuerdo con la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), la situación económica internacional ha generado un estancamiento en la actividad del sector manufacturero, y citando cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), indicó que mientras en los primeros 11 meses del 2014 y 2015 se reportaron crecimientos de 2.6 y 1.0 % respectivamente, en el mismo periodo de 2016 su variación fue de 0%.

Independientemente de que el mundo se encuentre inmerso en un periodo económico complicado, es una realidad que el proceso manufacturero continúa automatizándose, por lo que la mano de obra está perdiendo valor.

Un elemento que poco se ha destacado en los argumentos de Trump sobre la pérdida de empleos en su país, es que Estados Unidos está registrando un cambio de paradigma en su economía, una tendencia que también está ocurriendo en otros países desarrollados. En este caso ha sido más fácil culpar a la migración de mexicanos de “robar empleos”, que tomar las riendas de los retos que se enfrenta con la nueva economía digital.

México no está mejor preparado para el cambio tampoco y esta situación vuelve a traer a la mesa un tema que, si bien no es nuevo, ha tenido poco impacto en las políticas públicas y privadas que se han implementado en los últimos años: la necesidad de que nuestro país evolucione de ser una nación manufacturera y dé un mayor empuje a la industria del conocimiento.

Aunque del 2012 al 2015, el Gasto en Investigación y Desarrollo Experimental (GIDE) pasó del 0.43% al 0.57% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional –de acuerdo con el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt)-, diversos estudios señalan que para que este sector tenga un impacto significativo en la economía mexicana, la inversión debe ser de al menos 1%.

Además, la Coordinación de Universidades Tecnológicas y Politécnicas ha indicado que nuestro país registra un déficit de 800 mil ingenieros en diversas áreas, y ni hablar de la evaluación PISA, implementada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en la que México ha ocupado el deshonroso último lugar por 15 años.

La elección de Trump es una clara muestra de que México no puede y no debe seguir construyendo su realidad basándose en la de otros países, y está obligado a potencializar las capacidades de nuestra gente.

Por ello, es necesario que nuestro país migre hacia nuevas competencias y nuevas habilidades, enfocadas en la fabricación aditiva, plataformas digitales, nanotecnología, internet de las cosas, ciberseguridad, realidad aumentada, análisis de datos y sistemas de integración vertical, lo cual sólo se logrará a través de la conformación exitosa de clústeres, que serán el resultado de la correcta integración entre la industria, la academia y el gobierno.

México está intentando posicionarse en la revolución 4.0, pero seguimos todavía en la etapa de automatización, y por eso es urgente que nos movamos rápido, o nos quedaremos rezagos.

Paralelamente, es urgente que nuestro país desarrolle una base de datos de identidades digitales, que no sólo dé servicio al gobierno y sirva para agilizar los servicios de salud y de atención a la ciudadanía, sino también a la iniciativa privada, beneficiando principalmente al comercio y los servicios financieros.

México debe tomar las riendas de su propio destino e incluso adelantarse a lo que están haciendo los países desarrollados. Ésta será la única oportunidad que tendremos para cortar el cordón umbilical que nos une con nuestro vecino del norte.

*Adolfo Loera es director general y fundador de Biometría Aplicada, empresa pionera en la implementación de soluciones biométricas en el país. Cuenta con una trayectoria de más de 16 años en el sector, y ya ha trabajado con empresas privadas y dependencias de gobierno como la Secretaría de Relaciones Exteriores y el Seguro Popular, y afores como MetLife, Sura, Invercap, Banamex y Pensionissste.

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