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El mexicano que triunfó en Texas y enfrenta la amenaza de Trump

Un comentario racista dejado en su restaurante cambió el panorama de este empresario mexicano que lleva cinco años invirtiendo en Estados Unidos. Aquí te contamos su historia.

16-02-2017, 6:35:12 AM

El 4 de febrero de 2017 parecía un día normal en la vida de Fernando Franco, dueño del restaurante italiano DiFrabo, en San Antonio, Texas, hasta que una pareja dejó una nota con un claro mensaje de discriminación, claramente ligado a la política de rechazo a los migrantes, tras la entrada de Donald Trump a la Presidencia:

“La comida era deliciosa y el servicio atento. Sin embargo, el propietario es mexicano. No volveremos. América primero”, decía el ticket que dejaron la semana pasada en su restaurante.

Luego de darse a conocer esta nota en redes sociales, al empresario le cayeron amenazas e, incluso, varios de sus empleados renunciaron por la presión social en la que vivieron.

“Nunca pensé que ese ticket fuera a ser tan trascendental. Pensé que sería una cosa sin mayor importancia, pero alcanzo a percibir que hay mucha incertidumbre, te pone a pensar y a dejar las cosas en ‘stand by’ para medir realmente las decisiones que el nuevo gobierno va a tomar en cuanto a medidas migratorias para empresarios”, comenta Fernando Franco en entrevista con Alto Nivel.

Fernando es sólo uno de los miles de empresarios mexicanos que invierten en Estados Unidos, quienes lograron que la Inversión Extranjera Directa (IED) de México a EU pasara de 8,420 millones de dólares (mdd) a 16,568 mdd en 2015, de acuerdo con el Buró de Análisis Económico del Departamento de Comercio de EU.

Esta es la primera vez en cinco años que Franco enfrenta una situación así, luego de invertir en franquicias y dar empleo lo mismo a mexicanos que a estadounidenses en su restaurante.

Negocios que no conocen frontera

Para Franco, la pasión de la cocina es internacional y no conoce fronteras. Su inquietud por los negocios nació en la Ciudad de México, de donde es originario, siguiendo el ejemplo de su padre, quien por varios años dirigió una firma de distribución de discos.

Bajo ese ejemplo de trabajo, decidió estudiar contaduría en el Tec de Monterrey y hacer un diplomado en finanzas en Europa, con el objetivo de emprender a su regreso a México. Fue en Italia donde comenzó su pasión por este estilo gastronómico.

Lee: Trump declara la guerra comercial a países que más invierten en EU.

“En ese lugar agarré el gusto por la comida italiana y aprendí a valorar las cosas buenas de la comida. Cuando regresé a México, decidí emprender en ese tema y empezamos el primer DiFrabo en Monterrey”, relata.

Tras varios años de manejar su restaurante en esta ciudad, tomó la decisión de expandirse a Estados Unidos y, en 2013, adquirió varias franquicias de helados y postres para conocer el mercado, las reglas de operación y, finalmente, establecer su propia marca.

El restaurante DiFrabo en San Antonio abrió sus puertas en junio de 2015 y, hasta apenas un par de semanas, las cosas iban viento en popa.

“Ya con dos años operando franquicias supimos cómo hacerlo con nuestra propia marca, y en este año y medio las cosas han ido muy bien, las personas han ido aceptando muy bien el concepto y pensamos seguir creciendo en Estados Unidos y también en Canadá”, cuenta.

Momentos de tensión

El ticket dejado por esa pareja de estadounidenses abrió una caja de Pandora para Franco: por un lado, le llovieron amenazas y mensajes de odio y, por otro, una horda de mensajes de estadounidenses brindándole apoyo.

Pero más allá de las palabras, Franco tuvo que tomar decisiones drásticas en su vida: sus hijos dejaron de ir unos días a la escuela y se cambió de casa.

“Tratamos de mantenernos, por ahora, lo menos visible. Si hoy fue una nota, no vaya a ser  que mañana (ya que en este país la portación de armas es legal), y entre tantas pasiones, alguien pueda hacer que pase a mayores. Aunque yo espero que no, estamos trabajando y nuestra idea es seguir creciendo, pero tomando precauciones porque son cosas serias al final de cuentas”, dice.

Franco dice no tener miedo, sino sentir mucha incertidumbre sobre lo que puede pasar con las políticas migratorias promovidas por Donald Trump, lo cual es negativo para los negocios y para la vida.

Pese a ello, es optimista. Espera que las reglas no se hagan más duras para las personas que cuentan con residencia legal, como es su caso, o que la animadversión sea cada vez mayor hacia personas que no nacieron en Estados Unidos, pero que, pese a ello, trabajan y contribuyen con este país.

“Todo puede cambiar y, como están las políticas, todo puede pasar, ese es el principal problema que enfrentamos aquí, el no saber qué va a ocurrir mañana. Hasta hace poco, sabíamos hacia dónde íbamos. En los negocios, como en lo personal, la incertidumbre es lo peor.”

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