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#SiMeMatan hallarán la manera de que la culpa sea mía

El crimen de la joven Lesby en la UNAM exhibe la indefensión a la que son sujetas las víctimas en México y la falta de sensibilidad de las autoridades para atender casos como este.

05-05-2017, 1:12:34 PM
feminicidios, mujeres, muerte
Reuters/Archivo

La sororidad, entendida como la hermandad o alianza entre mujeres para transformar nuestra realidad a favor de todas, para empoderarnos y lograr vivir en dignidad como personas, para realizar acciones que hagan visibles y paren las violencias que vivimos por cuestiones de género, ha encontrado en las redes sociales un gran espacio de expresión e incidencia, y el caso de Lesby y el hashtag #SiNosMatan se suma como ejemplo de ello.

La UNAM difundió el miércoles por la mañana un comunicado donde daba cuenta de que el cadáver de una mujer fue encontrado en las instalaciones de Ciudad Universitaria (CU) esa misma mañana con un cable atado al cuello y suspendido de una caseta telefónica. Con el transcurrir de las horas se supo que el nombre de la mujer era Lesby Berlín Osorio Martínez, que tenía 22 años y que se había activado el protocolo de investigación por feminicidio dadas las características del caso. Ese mismo día la indignación colectiva decantó en la convocatoria de una marcha en CU para la tarde de este viernes, lo que no se sabía en ese momento es que Lesby sería revictimizada por la propia autoridad encargada de la investigación de su muerte.

El área de Comunicación Social de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJ) en cuatro lapidarios tuits retrataron su carencia de ética al incluir en el contenido de los mismos datos de la vida de Lesby que trivializan o minimizan su asesinato en lugar de centrarse en su o sus victimarios: debía materias de la prepa, vivía en concubinato, tomaba alcohol y consumía drogas. En el subtexto del relato que construyó la autoridad se lee el mensaje de “se lo buscó”, y, a raíz de este enmarcado que del avance de las investigaciones se dio de manera oficial, muchos medios replicaron el mismo modelo en el tratamiento de la información.

Sin embargo, en un país en el que los feminicidios ya son considerados más bien como pandemia, entendiéndose ésta como la máxima expresión de una espiral de violencia que comienza desde las representaciones simbólicas que una sociedad enferma de machismo hace de nosotras las mujeres, resulta esperanzador ver cómo las manifestaciones individuales de resistencia se colectivizan ahora también en la blogósfera, logrando incidir en el terreno de lo político, promoviendo el cambio hacia un mundo mejor. Para ejemplos recientes están los casos de #MiPrimerAcoso #NoTeCalles #NiUnaMenos.

Tras el retrato moralino que la PGJ hizo de la difunta como una “mala mujer”, y por ende, “culpable de su cruel destino”, nació el día de ayer el hashtag #SiMeMatan, a través del cual miles de mujeres se indignaron de la revictimización de Lesby y visibilizaron cómo todas, en caso de ser asesinadas, podríamos muy fácilmente caer en la misma criminalización por detalles de nuestra vida privada que no “encajen” en el modelo que se nos impone para que podamos ser consideradas “buenas víctimas”.

Usar escotes, salir de noche, tener sexo fuera del matrimonio, ser lesbiana, transexual, soltera, divorciada, no ir a misa, ser pobre, morena, no querer ser madre, ser activista, hacer trabajos “de hombre”, decir lo que pienso, y un largo etcétera que no cabría ni en diez columnas como esta dejaron registro de cómo cualquiera salimos de la norma de lo que se esperaría de nosotras para que autoridades y medios consideren que somos aptas para merecer justicia, porque, en síntesis: “Si me matan, hallarán la manera de que la culpa sea mía.”

La visibilización de esta realidad alcanzó el nivel de Trending Topic nacional y la PGJ tuvo que rectificar. Esperemos que esta crisis comunicacional por la que pasó trascienda en la adquisición de perspectiva de género y respeto hacia todas las víctimas por parte de sus funcionarios.

Sororidad para Lesby que ya no está para defenderse y que merece justicia porque su vida valía, la hubiera vivido como sea, y sororidad para todas, porque el apoyarnos y alzar la voz por cada una es lo que nos permitirá seguir de pie, luchando y sin que el desasosiego de vivir en un país donde se normaliza la violencia, la impunidad está a la orden del día y ser mujer es un factor de riesgo nos haga rendirnos.

*La autora es consultora en comunicación política, socia-directora de la firma hispanomexicana Abella y Valencia.

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