Estilo de VidaHistorias

Manuel Álvarez Bravo y la simpleza de lo anónimo

Su talento para retratar sin dramatismo llevó a este fotógrafo a formar parte de una generación que revolucionó el arte en el mundo.

11-03-2009, 5:00:00 PM
Manuel Álvarez Bravo y la simpleza de lo anónimo
Estilo Hoy

Manuel Álvarez Bravo (1902 – 2002) es uno de los referentes obligados de la historia de la fotografía en América Latina. Dueño de un sentido estético templado -que evitaba la expresividad evidente- y de una técnica capaz de captar a gente anónima en actividades ordinarias sin sentimentalismo, este creador hizo escuela hasta transformarse en un verdadero gurú para miles de aficionados y profesionales de la fotografía.


Un ejemplo perfecto de su obra es “La mamá del bolero y el bolero”, una imagen exquisita de los años cincuenta, en la que una madre visita a su hijo para llevarle alimentos y comer con él mientras descansa de su tarea de reparar zapatos.


Manuel Álvarez Bravo ha sido una influencia por donde se le mire. Su rechazo al pintoresquismo fácil, su ironía insistentemente ambigua y su rescate de la gente común lo transformaron en uno de los fotógrafos más respetados del continente.


Su carrera comenzó a mediados de la década de los 20. Sus primeros trabajos destacan por la belleza y sencillez del blanco y negro, así como por la capacidad para capturar la realidad sin falsos dramatismos.


Pero su vida cambió cuando, en 1923, conoció a Edward Weston y Tina Modotti, destacados artistas que ayudarían a cambiar su visión de arte. Desde entonces, no paró de crecer y de definir un trabajo netamente propio.


Así, Álvarez Bravo fue el primer fotógrafo mexicano en adoptar una postura militante de anti-pintoresquismo. Conciente tanto de la extraordinaria variedad de culturas de su país, se convirtió casi de manera natural en un fotografo de imágenes anti estereotipadas. Caminando siempre contra la corriente de los clichés establecidos, utilizó muy bien la ironía visual, para invitar al público a tomar una postura más exógena.


La imagen más famosa de Álvarez Bravo, “Obrero en huelga asesinado” (1934), generó diversos contrapuntos, fundamentalmente por el título, el cual podría haber sido influido por el compromiso de Álvarez Bravo con la LEAR (Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios) durante los años treinta.


André Breton, uno de los fundadores del surrealismo, lo buscó en 1938 para encargarle una imagen para la portada del catálogo de una exposición en París (el fotógrafo cumplió con su conocida imagen, “La buena fama durmiendo”). Trabajó y se relacionó con Diego Rivera, Hugo Brehme, Pablo O’Higgins, Henri Cartier-Bresson y Sergéi Eisenstein.


En la segunda mitad del siglo XX, el trabajo de Álvarez Bravo fue exhibido en la Corcoran Gallery of Art en Washington D.C. (1978) y el Museum of Photographic Arts (San Diego, 1990). Esto lo hizo ganar un gran prestigio internacional, lo que culminó con su regreso al MOMA de Nueva York, en 1997, para su exhibición definitiva de 175 fotos.


El artista falleció, a los 100 años, en octubre de 2002. 

Relacionadas

Comentarios