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Los riesgos para México de ‘contagiarse’ de populismo

La adopción en México de otro tipo de populismo sería un asunto grave. Nos regresaría a un Pemex quebrado, administrado por un gobierno al que no hay dinero que le alcance y un cese de inversiones en petróleo.

01-03-2017, 6:35:51 AM

Los mercados financieros tienen siempre la intención de adelantarse a los hechos. Entre los bancos en México lo que priva es optimismo, por lo menos para 2017.

El problema de una potencial cancelación del TLCAN no les parece tan probable este año, pues viene un periodo de negociación que parecería largo y que apenas arranca en junio. Los otros temas de la agenda bilateral, si bien siniestros (como la criminalización de los inmigrantes o la construcción del “bellísimo” muro), no tienen tanta influencia en los mercados.

Sin embargo, lo que más hay que temer del actual gobierno populista de Estados Unidos es que se propone cumplir sus promesas, por infames que sean. De ser así, bien podría pasar por encima de los intereses económicos que unen a ambos países, destruyéndolo todo a su paso y llevando a México a una recesión en 2018.

Ante ello, da cierto alivio saber que la banca está mejor protegida contra una crisis, lo cual evitaría una quiebra del sistema financiero como en 1995. Pero no serían años buenos, ni de cerca.

Existen dos elementos más que sí podrían generar un peor futuro para los grupos financieros y para el país. El primero es –como lo hemos dicho ya incontables veces– el excesivo gasto del gobierno y su necia negativa a eliminar el déficit público, no solo el primario, sino el que contempla más ampliamente todas sus obligaciones financieras. Este solo hecho resta estabilidad al sistema financiero y exige uno o dos puntos más en las tasas de interés mexicanas, como premio para evitar una salida de inversiones.

El otro es la adopción en México del otro tipo de populismo, el cual también tememos que cumpla sus promesas. Una cosa queda muy clara: este tipo de políticos, que todo lo quieren solucionar con gasto público, tampoco es muy receptivo al balance presupuestal.

Pero lo peor sería su intención de volver a viejos errores. La marcha atrás en la reforma energética sería un asunto grave. ¿Hacia dónde regresaríamos? A un Pemex quebrado, administrado por un gobierno al que no hay dinero que le alcance; por tanto, al cese de inversiones en petróleo y al desarrollo de fuentes energéticas urgentes, como el gas natural, del que también dependemos de los estadounidenses en 50%.

También volveríamos a un gobierno federal, construyendo, con fondos públicos, refinerías costosísimas y muy ineficientes, en lugar de permitir que el capital privado se invierta en soluciones ágiles al problema de los combustibles.

También regresaríamos a la cancelación de proyectos en aguas profundas para otorgar más subsidios directos a la población, los cuales no la sacarán de la pobreza, ni harán avanzar al país. Es decir, volveríamos a quedarnos como estamos: pobres, pero con gasolina subsidiada.

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