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Los 3 retos de la industria acerera mexicana ante el mundo

¿Cuáles son los desafíos que enfrenta México, uno de los 15 países que más acero producen en el mundo y el segundo más importante en América Latina?

14-06-2017, 6:35:16 AM

Por Juan Antonio Reboulen*

El futuro de la industria siderúrgica internacional enfrenta uno de los momentos más definitorios: no sólo es un nuevo mundo, implica fijar un nuevo paradigma de productividad, negocio y cuidado del medio ambiente.

Sin duda, uno de los elementos que ha acelerado este punto es la nueva administración de Estados Unidos, en especial, el rompimiento (más simbólico que real) con el Acuerdo de París y, aún más, la tensa relación diplomática y comercial con el resto del mundo.

La nueva dinámica ha descubierto el interés de la región asiática por consolidar su liderazgo, y muy particularmente, el poderío económico de China, un país que durante décadas se ha preparado para desarrollar y adoptar diversos mecanismos de innovación que le permitan ser tomada como un motor económico.

Mientras Estados Unidos destacó su interés por retomar las minas de carbón y evitar regulaciones ambientales, China se ha movido hacia tecnología, infraestructura y energías limpias; aún más importante: ahora más que nunca queda clara su influencia de distorsionar mercados internacionales, al ser asumida como una economía de mercado (que no lo es).

¿Cuáles son los desafíos que enfrenta México, uno de los 15 países que más acero producen en el mundo y el segundo más importante en América Latina?

Primero: asumir que el mercado – al menos el siderúrgico- está distorsionado; y que no es inmune al embate de las prácticas de dumping.

De hecho, parte de la agenda de la industria se ha concentrado en fortalecer un piso parejo de competencia, a través de medidas como una salvaguarda de 15% aplicable en 97 fracciones arancelarias de cinco familias de productos (placa en hoja y rollo, el planchón, alambrón, lámina rolada en frío y lámina rolada en caliente).

Segundo: detonar la innovación y adopción de tecnologías para asegurar energía limpia, sostenible y de menor precio; una situación particularmente importante dado que la producción de coque –una de los principales insumos de la industria- registró su nivel más bajo desde 2002.

Tercero: reiterar el compromiso hacia el cuidado del medio ambiente, en especial porque en México enfrentamos un círculo vicioso donde faltan leyes adecuadas, compromiso institucional y transparencia para fomentar el reciclaje.

Hoy más que nunca tenemos la oportunidad de contar con el compromiso de las instituciones para generar un marco legal que permita la consolidación de toda la cadena de valor: desde quienes recolectan los materiales ferrosos hasta quienes los reusan. No es menor si consideramos el impacto ambiental –y social- que esta actividad tiene.

Finalmente, es imperativo que México defina un proyecto nacional con políticas industriales orientadas a elevar los índices de competitividad industrial, que nos permitan consolidar una manufactura sólida, innovadora y productiva.

Además del reto de México de sustituir las importaciones de manera competitiva y participar en cadenas de manufactura con mayor valor agregado con una visión sectorial y regional.

Y aún cuando el primer trimestre del año estuvo marcado por la incertidumbre en relación al futuro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, lo cierto es que será fundamental que la región trabaje de manera coordinada para hacer frente al reto asiático.

Sin duda, China aprovechó el tiempo y está dispuesta a cambiar las reglas a su favor. América del Norte y muy particularmente, México, tienen la oportunidad de establecer un bloque económico sólido, competitivo y sostenible, que permita un verdadero equilibrio social, laboral y ambiental.

*Juan Antonio Reboulen es presidente de la comisión de enlace legislativo de Canacero.

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