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Locávoros, sana tendencia de consumo y alimentación

Entérate en qué consiste este sistema en el que lo primordial es la búsqueda de alimentos saludables, frescos, orgánicos y de calidad.

24-05-2010, 5:00:00 PM
Locávoros, sana tendencia de consumo y alimentación
Estilo Hoy

Existe una nueve especie de consumidor que se surte de productos provenientes de un radio no mayor a 160 kilómetros: el locávoro. Tener un contacto más estrecho con quienes cultivan y elaboran los alimentos, saber cómo y dónde se producen y fortalecer el tejido social y económico de una localidad están entre sus principales motivaciones.


Por Eva Muñoz Ledo


Cuna y meca del movimiento locávoro, el área de la Bahía de San Francisco, en California, es el escenario perfecto para apreciar cómo funcionan las redes de producción y consumo a escala humana. Su papel es tan importante que han hecho que la palabra “local” un argumento más de venta. Con la intención de conocer de cerca a algunos de los protagonistas de esta tendencia, viajé hasta Bolinas, 50 kilómetros al norte de San Francisco donde se encuentran gran parte de las granjas agrícolas que proveen a los locávoros de la región.


Conciencia, salud y sabor
La mayoría de estas granjas practican la agricultura orgánica y su extensión no es mayor a 15 hectáreas. “Cultivamos sólo 40% de la superficie, el resto se deja como reserva para diferentes hábitats: rivera y pantanos donde abundan las aves de la costa y tierras altas con árboles y pantanos, pues nos ayudan a mantener el equilibrio entre los cultivos y las plagas”, explica Dough Gallagher, administrador de la primera granja californiana que obtuvo la certificación orgánica.


Reservas de agua de lluvia, energía solar, cajas de plástico reciclado para transportar las verduras… todo está pensado para optimizar recursos y proteger el medio ambiente. Aunque lo orgánico no es un requisito para los locávoros, su búsqueda de calidad y alimentos saludables los acerca de manera natural a ello, dadas las virtudes que resume Gallagher: “Con la actitud orgánica la tierra alcanza la complejidad de microorganismos que requiere para estar sana. Cuanto más rico es el suelo mayores son las cualidades nutritivas de los cultivos y desde luego, mejor el sabor”.


Granja de autoservicio
“Para mí esto es el arte de la vida -declara Micky Murch de 25 años de edad, quien tras estudiar artes plásticas, decidió aplicar la estética a la tierra-. Los hippies empezaron esto como una forma de apartarse del mundo y hoy Bolinas se ha convertido en un ejemplo para el país y el planeta” afirma con una sonrisa de satisfacción, al tiempo que abarca sus sembradíos con un gesto en la mano.


Mientras los agricultores de esta región suelen vender sus productos directamente a restaurantes y en mercados de agricultores en las ciudades cercanas Micky ha ideado un original sistema: el puesto en la granja. A un costado de su finca, acondicionó un espacio con exhibidores donde pone huacales con diferentes productos de la cosecha del día. El puesto funciona en completo autoservicio: el cliente escoge su mercancía, la pesa y deposita el dinero en una caja. Al lado hay un cuaderno donde van haciendo la cuenta y algunos dejan recados: “Te debo 5 dólares, luego te pago”, “Las lechugas estaban ricas”.


Univero local, fenómeno mundial
En el área de San Francisco hay varios mercados de agricultores donde éstos venden directamente sus mercancías. Comprar productos locales forma parte de una convicción, un estilo de vida. Numerosos establecimientos –heladerías, queserías, pizzerías, panaderías-  ofrecen ahora como garantía de calidad y frescura el uso de insumos de la región.


Este ánimo de compra se ha extendido en el mundo por diversas motivaciones: una o todas a la vez: alimentos orgánicos cuyo cultivo contribuye a preservar la biodiversidad y son más sanos y sabrosos; evitar intermediarios; fortalecer el tejido social regional al comprar a los pequeños productores; valorar su labor; humanizar el intercambio comercial.


Además de los tianguis de agricultores, han surgido otras formas de consumo local como cooperativas que vinculan a productores y consumidores mediante una cuota de suscripción; pedidos por Internet y entregas a domicilio. Las fórmulas son variables pero todas aspiran a un comercio más justo. Tengo amigos en un pueblo a 50 kilómetros de París que pagan a un agricultor de los alrededores un precio fijo por la “canasta de la semana”, que él entrega a su domicilio. Además de verduras, legumbres y frutas de temporada, suele incluir quesos y huevo.


“Es una sorpresa lo que cada semana trae la canasta de Claude”, me contó mi amiga Chantal cuando empezó este sistema. Un año después esta excelente cocinera sigue disfrutando del enigmático surtido de cada entrega y asegura que gracias a ello sus menús son mucho más creativos y variados.


En México no faltan ejemplos de esta modalidad de consumo, que es más bien una vuelta al pasado. Vivo en una ciudad de provincia donde no es difícil acercarse a ciertos productores locales, cada vez hay más tianguis orgánicos y han surgido cooperativas de consumo. En todas partes hay locávoros.

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