A Fondo

Lo único cierto para Brasil es la incertidumbre

La clase política carioca está manchada por la corrupción, desde Dilma hasta el vicepresidente, pasando por el Congreso (quien ahora juzga a la presidenta). ¿A quién creerle?

20-04-2016, 5:03:27 PM
Lo único cierto para Brasil es la incertidumbre
Melchor Arellano

Terminó la tentativa de nomalidad institucional en Brasil (y en particular del PT): más allá del hipotético escenario de que Dilma Rousseff salvara el inminente juicio político, ya nada será igual. Este domingo, la Cámara de Diputados decidió el proceso de desafuero de la primera mandataria (la cual lo llamó golpe de Estado), mediante 367 votos a favor por 146 en contra y, este lunes, ingresó a discusión en el Senado (integrado por 81 miembros) para su aprobación o rechazo.

Dilma será separada del cargo durante 180 días y asumirá el vicepresidente Michel Temer, como primer mandatario. Si el Senado no aprueba el desafuero, regresará al cargo y si ocurre lo contrario, será enjuiciada. Una vez sustituida será sometida a juicio. Dilma es acusada de maquillar la situación económica del país para lograr el triunfo electoral, realizando maniobras fiscales (entre otras cosas, permitió sobrefacturaciones) para ocultar los problemas económicos del país, irregularidad que es penada por la Constitución.

Rousseff (hoy con una aprobación menor al 10%) debió renunciar antes de llegar al proceso, para evitar el juicio y condena al partido en el gobierno, pero no lo hizo y ahí están las consecuencias. Cabe destacar que muchos de los juzgadores están bajo juicio legal por actos de corrupción, lo cual empaña el proceso de destitución de la presidenta, puesto que se trata de juzgadores sin calidad moral para actuar conforme a derecho.

Si el Congreso no está limpio, sino imputado por corruptelas, tendremos un proceso de desafuero sucio. ¿A quién creerle? ¿Qué dice la sociedad? ¿Celebra la confirmación del proceso de desafuero? ¿Es para alegrarse? ¿Para celebrar?

El desencanto es generalizado y la población se mueve bajo la incertidumbre de no saber que pasará en el corto plazo. Quien sustituiría a Dilma está poco acreditado o no ofrece una actuación imparcial, justa y limpia. La percepción es que los políticos son sucios, corruptos y no confiables para sacar la basura. Tristeza, escepticismo, esperanza, angustia y ansiedad, es lo que priva en el país.

Enmedio del escepticismo, la población invadió las calles para celebrar dicha decisión y el entorno mediático tiene “mucho que vender”. El proceso es una crónica de una destitución esperada. Dilma fue abandonada por sus anteriores aliados, para no cargar con el descrédito del gobierno en turno.

La clase política carioca, está manchada por la corrupción, incluyendo al actual vicepresidente, quien asumiría el cargo en caso de prosperar el desafuero y luego destitución de la Presidenta. Dilma debió ser autocrítica frente a los hechos y renunciar (como lo hiciera Collor de Melo en 1990) antes de que empeoraran las cosas. Lo que sucede en Brasil no es algo que alegre sino que preocupa. Obliga a analizar el impacto de esta coyuntura en América Latina y mundo mismo.

La actuación del Congreso brasileño, debe centrarse en mejorar la democracia y devolver la credibilidad a la sociedad, no para golpear simplemente al partido en el poder, el cual difícilmente se levantará de este maremoto político.

Impacto en el Mercosur y ALBA

El escenario económico brasileño sigue siendo grave: inflación, devaluación, caída de las exportaciones, petróleo, café, azúcar y resto de las materia primas (como la soya). En el nivel regional, es innegable que habrá un fuerte impacto en el Mercado Común del Sur (Mercosur) o el nuevo eje de integración llamado Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América Larina (ALBA TCP: tratado comercial entre los pueblos) que detendría la aspiración de la soñada integración de América Latina.

Con Asia, los efectos adversos podrían darse particularmente con China y Rusia, aunque habría que esperar, si la respuesta no es más bien a la inversa: estos países podrían decidir apoyar a los cariocas para hacer frente a su grave crisis.

En el marco del ALBA TCP se creó el fondo económico ALBA-CARIBE, orientado al financiamiento de programas sociales y económicos, con aportes de mecanismos financieros, al igual que contribuciones derivadas de la factura petreolera y ahorros procedentes del intercambio mercantil directo.

Dicho fondo está financiado por PETROCARIBE y serviría para nivelar a los países débiles, ante las grandes potencias. Es aquí donde el impacto será mayor: el ALBA dejaría de dar prioridad a la integración latinoamericana, al igual que a las negociaciones intarregionales e interzonales, cerrando espacios de consulta para avanzar en la identificación de problemas comunes, que permita construir alianzas estratégicas y de esta forma, negociar proyectos afines y de beneficios mutuos.

Urgente atender la coyuntura

Es urgente atender la coyuntura actual, para evitar que se irradie hacia países como Argentina, Perú y Venezuela con problemas que podrían terminar en procesos parecidos al de la destitución de Rousseff. Guatemala es un caso previo, pero evidente de destitución por corrupción. Habría afectación indirecta sobre México donde la población podría exigir, que se haga lo mismo ante galopantes casos de corrupción. En el corto plazo, no se puede esperar la recomposición de las cosas en Brasil, sino tal vez en el mediano y largo plazos, cuyas consecuencias resultan impredecibles, frente a la continuidad de la crisis económica, financiera y política considerada la peor de la historia. 

A algunos les preocupa la celebración de los próximos Juegos Olímpicos en Brasil, mismos que no tendrían por qué verse afectados, si la situación es manejada con apego a la legalidad e institucionalidad. Si las cosas se dieran de esta forma, Brasil exhibiría una democracia efectiva y un manejable juego político e institucional.

Empero, el verdadero riesgo estriba en que no hay una democracia madura y es posible que se polaricen las posiciones y se camine hacia el desorden, sin visos de solución en el corto plazo. Los mercados esperan que se lleve a cabo el proceso de desafuero, merced a que suponen que la salida de Dilma, favorecería los procesos legal administrativos, de combate a la corrupción y facilidades a la inversión. En el contexto global, vivimos en un mundo interconectado, en el cual la noticia impactará en el globo vivamente, especialmente en la ya deteriorada imagen del país. Pero al mismo tiempo es la oportunidad para Brasil, de ofrecer una faceta de credibilidad, de certidumbre ante una escenario funesto. Es bien cierto que los perniciosos intereses políticos y económicos han impuesto un formato de desafuero para llevar a Dilma al cadalso, tambíen es innegable que ella lo construyó con sus propio errores que señalamos en este espacio.

Es un momento histórico tenso, a la vez que de reconversión del escenario político e institucional brasileño. Se prevé un futuro incierto y penoso para quienes generaron la expectativa de una democracia real, socialista y de conversión hacia un mejor sistema de vida. No obstante, son los brasileños y corresponde solo a ellos, resolver sus problemas. Ellos habrán de definir la mejor salida (sea honrosa, adecuada, o procedente) para el pais. El reto formidable para Brasil, será recuperar la confianza de los ciudadanos, limpiando los procesos políticos subsecuentes donde la inmoralidad institucional sea repartida entre todos los actores involucrados y no inmolar como expiación de culpas a Dilma, que no por ello deja de ser la principal responsable. Lo único cierto para Brasil es la incertidumbre.

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