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Lo que debe hacer México para no imitar la novatez de Trump

Si hay algo más preocupante que la posibilidad de que Luis Videgaray le corrija los discursos a Trump es ver cómo el gobierno mexicano asume un estado de novatez similar al del gobierno de EU.

10-02-2017, 2:24:17 PM

Lo que preocupa de la intervención de Luis Videgaray en el discurso de Donald Trump no es el hecho, ni el resultado. Es decir, para quienes gustan de leer sólo las cabezas de los reportajes para dar su opinión, no fue una mala idea y no fue contraproducente para México. Lo cuestionable, sin embargo, es que el país entre en el juego de la Casa Blanca de manejar la relación entre dos Estados soberanos a partir de encuentros personales y relaciones de amigos.

La nota de CBS y The Washington Post relata una historia de esfuerzo “diplomático” entre el secretario de Relaciones Exteriores y el yerno de Trump para suavizar su discurso de anuncio de construcción del muro fronterizo. Uno de los logros fue eliminar los párrafos en donde —nuevamente— el presidente de Estados Unidos aseguraría que México terminaría pagando la magna obra, que hoy se tasa en 21,000 millones de dólares (mdd).

Al parecer, Videgaray y Kushner suavizaron lo más filoso de la arenga, evitando que la crisis diplomática entre ambos países tocara nuevo fondo. Es cierto, el funcionario estaba ahí oficialmente y para trabajar, pero imaginar que estuvo entrando y saliendo de la Oficina Oval convenciendo al presidente así, casual, le pone los pelos de punta a más de un mexicano y le resulta chocante a otros.

Uno de los grandes defectos de la administración Trump es que se apoya preferentemente en relaciones personales y en atacar directamente a las personas, un rasgo bastante disfuncional en política interna, pero que resulta francamente desastroso en política exterior.

México no puede manejar este tipo de gestión anecdótica, este “pasaba por aquí y te arreglé el discurso”, por provechosa que sea. Es preciso tender más puentes formales de diálogo entre ambos Estados, con agenda e interlocutores oficiales.

Lee Los negociadores improvisados que hablan por México ante Trump

Es preciso considerar que Trump no tuvo un gabinete con qué atender la relación con México, pero ya no es el caso. Ahora es el equipo del presidente Peña Nieto el que debe organizarse, para crear un sólido frente común, con una agenda bien coordinada.

Si, por ejemplo, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, tuvo una conversación con el secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, para hablar sobre tráfico de armas y lavado de dinero, lo menos que esperamos es que se lleve a cabo con transparencia y se informe el resultado por canales formales.

Si el Senado mexicano está llevando a cabo encuentros con senadores estadounidenses, no estaría mal que exista una agenda unificada con el Poder Ejecutivo, para estar seguros de empujar hacia el mismo lado.

Igualmente, la estructura de la Secretaría de Relaciones Exteriores, en específico los consulados mexicanos, deberían estar siguiendo un plan de acción respecto de la estrategia legal y judicial, así como otras medidas de defensa de los migrantes. México debería estar demandando en los tribunales de allá contra todo lo que huela a discriminación en la política migratoria estadounidense, en coordinación con las organizaciones de ese país. Ya vimos que el Poder Judicial puede plantarle serios reveses a los abusos de Trump. Y, por cierto, citando las quejas de los migrantes y los deportados por igual: ¡que los consulados contesten el maldito teléfono!

También, el secretario de Economía Ildefonso Guajardo y su equipo podrían estar iniciando encuentros previos a una renegociación del TLCAN, no sólo con funcionarios o con Wilbur Ross, sino con las organizaciones y think tanks que deberían estar intercediendo en favor del libre comercio.

Finalmente, no hemos visto esfuerzos significativos por llevar el caso a los organismos internacionales como la ONU, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la OCDE, o la Organización Mundial de Comercio o, de perdida, formar un frente común efectivo con los países latinoamericanos que no han dejado de pronunciarse a favor de México.

La administración de Peña Nieto no puede asumir el mismo estado de novatez y de improvisación del gobierno estadounidense. Debería estar articulando la lucha en todos los frentes, más allá de Jared Kuschner.

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