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Por qué las Zonas Económicas están destinadas al fracaso

Las zonas económicas especiales son una apuesta por generar una economía de exportación y empleos; sin embargo, es un modelo que podría generar altos costos y empleos precarios.

08-12-2016, 6:35:30 AM
Archivo Las Zonas Económicas Especiales podrían provocar salarios bajos.

En 1994, México decidió desarrollar el norte del país, lo hizo al aprobar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Entonces una innovación comercial que se antojaba imposible, el TLCAN no solo logró ser implementado, sino que cambió la forma de producción de la frontera.

Al día de hoy, las empresas exportadoras de México producen uno de cada cinco empleos y pagan salarios 40% más altos que empresas no exportadoras.

Además, las empresas con IED (Inversión Extranjera Directa) son responsables del 20% del empleo generado en México, y pagan salarios 26% más altos que el promedio de los salarios en la manufactura.

Hoy, nuestro país ha decidido desarrollar el sur, lo está haciendo al aprobar la Ley Federal de Zonas Económicas Especiales (ZEE). De la misma forma que el TLCAN, las ZEE son una apuesta por generar una economía de exportación y empleos en zonas que actualmente se encuentran alejadas de los mercados internacionales y áreas geográficas delimitadas por ley donde existirán prerrogativas fiscales, marcos regulatorios simplificados e inversión público-privada para atraer a empresas exportadoras.

De la misma forma que el TLCAN, las ZEE son una apuesta por generar una economía de exportación y empleos en zonas que actualmente se encuentran alejadas de los mercados internacionales.

Las regiones involucradas son: Istmo de Tehuantepec, que comprende a Oaxaca y Veracruz; el puerto de Lázaro Cárdenas, en Michoacán, y Puerto Chiapas.

Estas zonas son áreas geográficas delimitadas por ley, donde existirán prerrogativas fiscales, marcos regulatorios simplificados e inversión público-privada para atraer a empresas exportadoras.

Este proyecto llega a suplir lo que el TLCAN dejó en el tintero: crear un desarrollo nacional, que incluya todas las regiones de la República, no nada más en los estados del norte.

¿Será tan exitosa la apuesta que hoy hacemos, como la que hizo el TLCAN en los 90? Depende, sobre todo, de lo que consideremos éxito.

¿Fracasó el TLCAN?

En muchos aspectos, el TLCAN ha sido un fracaso, máxime si se le mira con lentes sociales. Se estima que el tratado ocasionó la pérdida de 1.3 millones de empleos en la agricultura mexicana, como resultado de la apertura a Estados Unidos. También acentuó la desigualdad de ingresos al interior de México y apoyó una estructura económica de salarios bajos que, incluso hoy en día, son más bajos que en China.

Asimismo, es bien conocido que los mecanismos de resolución de disputas laborales que se crearon con el TLCAN son disfuncionales y particularmente difíciles de aplicar, lo cual originó que varios e importantes derechos laborales quedaran desprotegidos.

Aún más, dicho tratado ha permitido que las corporaciones violen regulaciones ambientales impunemente o han exigido que, en caso de que se les apliquen las sanciones correspondientes, el estado tenga que pagar compensaciones millonarias por afectaciones a las utilidades corporativas.

Empleos poco capacitados e ingresos bajos

Por tanto, las ZEE dejan fuertes dudas sobre su impacto social. Estudios del Banco Mundial han sido explícitos en reiterar que el modelo de desarrollo que estas zonas persiguen es de “empleo asalariado poco capacitado”, que dada su naturaleza tiende a generar ingresos muy modestos.

Incluso, algunas investigaciones experimenta les han demostrado que los ingresos de los habitantes de la zona no aumentan o, si sucede, lo hacen
mucho menos de lo que se lograría si se promoviera en emprendimiento local.

Aún más, diversos análisis sobre las Zonas Económicas Especiales en el mundo, han evidenciado
que estas generarían el mismo desarrollo económico si se implementaran sin otorgar prerrogativas fiscales a los corporativos, pues lo que estos buscan no es reducir su pago de impuestos (de por sí ya demasiado bajo), sino condiciones de producción
poco riesgosas y de bajo costo.

Así, en el peor escenario, las ZEE únicamente representan inversiones públicas billonarias y pérdidas de recursos fiscales, a cambio de generación de empleos precarios de bajo valor agregado.

Muchos asumen que las este modelo económico será exitoso en la medida que generen empleo, independientemente de sus salarios. Ello hace eco,
sobre todo considerando que en las áreas geográficas donde se implementarán las ZEE existen casos,
—como Chiapas o Oaxaca—, donde más del 63% de las personas que trabajan no tienen ingresos laborales suficientes para alimentarse a ellos mismos
o a su familia (Coneval 2016). Asumir que cualquier empleo es mejor que ningún empleo no solo es
equivocado, sino poco ambicioso
.

Muchos fracasos

En Bangladesh e India, las ZEE de bajos salarios trajeron consigo desestabilidad política y huelgas masivas, dejando duda sobre si su efecto terminó siendo más negativo que positivo. Más aún, si estas zonas no logran anclar las exportaciones que atraen, estas pueden salir estrepitosamente rápido, en cuanto
surgen lugares con trabajo más barato.

Por ejemplo, en Costa Rica INTEL operó por muchos años con apoyos fiscales del Estado generando un sinnúmero empleos hasta que decidió cerrar operaciones, regalar el capital físico que había adquirido en el país e irse a operar a Vietnam, donde la mano de obra era todavía más barata.

En Honduras, la atracción de call centers ha generado empleo para muchos jóvenes que, atraídos por salarios que les parecen altos, dejan la escuela, volviéndose, en el mejor de los casos, presas de empleos de poco valor agregado por el resto de su vida productiva y, en el peor, se convierten en carne  de cañón para el crimen organizado.

Asumir que cualquier empleo es mejor que ningún empleo es miopía de corto plazo y es ignorancia de  los efectos políticos, sociales y económicos de largo plazo que ese modelo puede traer consigo. Es, por tanto, fundamental exigir que las ZEE de México se implementen de forma ambiciosa, socialmente ambiciosa. Esto es, teniendo en mente que el éxito será generar empleos dignos y oportunidades de negocio para proveedores locales. Nada menos es aceptable.

Cualquier modelo económico que se defina mediocremente, por ejemplo, la legitimización de empleos de cualquier tipo, no merece ser financiado con recursos públicos. No lo merece porque la alternativa es utilizar esos recursos en mejorar la calidad de la educación pública y apoyar el desarrollo emprendedor, amabas políticas probadamente eficientes para crear desarrollo económico.

Para crear las ZEE que nuestro país merece, con oportunidad de negocios y empleos dignos, hay que exigir tres puntos fundamentales: distanciarse del calendario electoral, ser socialmente ambiciosos, y regular por altos estándares de calidad para los administradores integrales.

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