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Las razones que pueden quitarle la sonrisa a los banqueros

La banca está optimista para este año, pero en 2018 hay varios factores externos e internos que le oscurecen el panorama.

23-03-2017, 2:32:28 PM
convencion bancaria

Dicen los banqueros que están preparados para que cualquiera llegue al poder en 2018. Por supuesto, respondían a una muy incómoda pregunta sobre su posición ante Andrés Manuel López Obrador. Era obvio que ningún presidente de una corporación financiera que opera en México iba a pronunciarse directamente en contra del político que va adelante en esta especie de carrera presidencial que todavía no empieza. Menos, tratándose de bancos extranjeros; nadie come lumbre, pues.

Sin embargo, en esta y otras muchas notas durante la Convención Nacional Bancaria, se insistió en que el país no debe cambiar de modelo. Ahí tenemos muy malas noticias, y no vienen del político tabasqueño. Porque la parte concerniente al libre comercio en este modelo muy probablemente será objeto de cambios en los próximos meses. Esto nos viene de fuera, pero no sólo de parte de la administración de Donald Trump en Estados Unidos; como sabemos, la misión de este país a la reunión del G-20 logró sacar de su narrativa la defensa a ultranza del libre comercio y la prevención del cambio climático.

La renegociación del TLCAN se aproxima y los más optimistas esperan que, por lo menos, cambie el clausulado del contenido regional, que actualmente se sitúa entre 50 y 60%, dependiendo de cómo se cuente, para elevarlo y dejar fuera la gran cantidad de importaciones asiáticas que son un auténtico jugador en Norteamérica. Pero los pesimistas predicen que ni México ni el resto del mundo se salvarán del impuesto fronterizo, que Estados Unidos usaría para desalentar las importaciones, pero también como un componente importante de su política económica. Es decir, como recaudación para equilibrar sus finanzas públicas.

El caso es que la renegociación del TLCAN será una primera pelea, la de entrenamiento, pues el verdadero déficit comercial estadounidense proviene de China y Alemania. La guerra comercial que pudiera desatarse sería un cambio de modelo, que nos llegaría desde el populismo, el de Trump.

Pero no se trata de la única amenaza exterior. El otro cambio de modelo que vendrá de fuera sería una radical baja en los impuestos a empresas y personas en Estados Unidos. Si el Impuesto sobre la Renta en ese país baja a 15%, no sólo pondría en aprietos las finanzas públicas de su propio gobierno, sino que presionaría fuertemente al resto del mundo a adaptarse para poder seguir compitiendo, so pena de desatar una salida de inversión directa sin precedentes.

El gobierno mexicano, ya lo han declarado entre otros el secretario de Hacienda José Antonio Meade, no piensa reaccionar, porque ve “poco espacio” para disminuir impuestos. Pues claro, si esta administración no ha podido enderezar el déficit fiscal y la ruta de endeudamiento del país, sería imposible que trabajara con la mitad de los ingresos por ISR. De los 4.88 billones de pesos que contempla la Ley de Ingresos de la Federación, 1.42 billones provienen del ISR. No podría recortarse 750,000 millones al presupuesto, con Pemex dejando de ser la “vaquita” alternativa del gobierno.

Sin embargo, esta nueva realidad podría venírsele encima en el último año de la administración al presidente Enrique Peña Nieto. Ni hablar, para mala suerte la suya.

Pero a los banqueros mexicanos también se les podría venir encima un “cambio de modelo” proveniente del interior del país. Ya dijo el propio AMLO que pondría a referéndum la posibilidad de dar marcha atrás en la reforma energética, una veta de inversiones y negocios que los bancos esperan consolidar en los próximos años y que sería una de las bases de crecimiento del país. El propio presidente saliente de los banqueros, Luis Robles, calificó a la ronda 1.4, del pasado diciembre (que suma 44,000 millones de dólares en inversiones), como una de las licitaciones más exitosas del mundo. Es una de las bases del modelo de desarrollo del país, pues. De cambiar este panorama, el potencial de negocios para la banca en México decrecería dramáticamente, hay que decirlo.

Por último, no queda claro hasta ahorita que ningún político, aspirante presidencial del PRI, PAN, PRD, Morena, anexos y conexos o independientes, ubique en la discusión la necesidad de alcanzar el equilibrio fiscal como mínimo en los próximos años, para anular el ritmo de endeudamiento del país, que ya está subiendo a niveles preocupantes. Esta situación también sería un importante disruptor de la estabilidad financiera en México, un desequilibrio que echaría por tierra los planes de crecimiento de la banca.

La banca está optimista para este año, como dijimos, pero en 2018 es posible que tenga que revisar eso de que les viene bien que cualquiera llegue a la presidencia. En la próxima Convención Bancaria estaremos en pleno periodo electoral y lo preferible es que lleguen mensajes muy claros por parte de los aspirantes sobre qué piensan hacer con la economía

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