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La víctima nazi que se convirtió en “diosa” de la gimnasia

Larisa Latynina perdió a su padre en la llamada Guerra de las Ratas, durante la Segunda Guerra Mundial, un episodio que la impulsaría para ganar escalones en la gimnasia, hasta ser la mejor del mundo.

10-08-2016, 5:16:32 PM
La víctima nazi que se convirtió en “diosa” de la gimnasia
Rocío Camarena Muñoz

Larisa Latynina, nacida en Kherson, en la orillas del Dnieper en Ucrania, perdió a sus padres a los siete años: los nazis invadieron su país, y su padre Semyon fue uno de los cuatro millones de víctimas de la ‘Guerra de las ratas’ (‘RattenKrieg’) de Stalingrado y su madre Natasha murió enferma un año después.

La Segunda Guerra Mundial, años de pobreza y ser huérfana no le impidieron a la ucraniana cumplir su sueño de tener una vida mejor y hermosa.

A los 11 años, el Estado la ayudó a formar parte de un programa para el Estudio del Arte y la Práctica del Deporte. Inició sus entrenamientos en ballet bajo el nombre de Dirii, su apellido de soltera, comenzó a hacer sus presentaciones de música y baile frente a sus profesores, quienes la dirigieron a la gimnasia debido a sus movimientos y desenvolvimiento.

Tan sólo cinco años le bastaron para convertirse en la campeona nacional de gimnasia de la división escolar, mismo año en el que se convirtió en mamá. En 1953 consiguió posicionarse en el lugar catorce en el Campeonato Mundial de Gimnasia y formar parte de la selección soviética; tan sólo un año después ganó la medalla de oro en el Campeonato Mundial de Gimnasia celebrado en Roma.

“La Diosa de la Gimnasia Olímpica”

En 1956 llegó a sus primeros Juegos Olímpicos en Melbourne, donde inició su colección de medallas con cuatro oros, una plata y un bronce. Fue ahí donde se dio cuenta que sus ejercicios y movimientos no eran tan diferentes a los de sus contrincantes, por lo que decidió que tenía que hacer todo con fuerza y, sobretodo, elegancia, convirtiéndose en la primera estrella de la gimnasia aclamada internacionalmente. 

En los Juegos Olímpicos de Roma 1960, Latynina defendió sus medallas y ganó de nueva cuenta la medalla de oro con su equipo y en individual, además del primer lugar en los ejercicios de suelo. Además acumuló dos medallas más de plata y una de bronce. Con un total de siete medallas de oro en cuatro años, todavía no era el final de la ucraniana en la justa internacional veraniega.

En Tokio 1964 volvió a lograr dos oros, dos platas y dos bronces a pesar de su derrota contra Vera Caslavska. “En este momento yo ya tenía veintinueve años. Vera era muy joven y poseía una arrasadora vitalidad”, explicó Larisa al cabo de los años.

Pero Tokio no fue su última vez en territorio olímpico. Durante la justa de Montreal 1976 regresó como entrenadora del equipo femenil de la Unión Soviética y tras algunas victorias, fueron vencidos por una nueva proeza: Nadia Comaneci. “Fui entrenadora principal en tres Juegos Olímpicos y mis chicas ganaron 10 medallas de oro. Puedo decir, con orgullo, que jugué un rol importante al ganar 19 oros olímpicos si se suman mis nueve a las 10 de ellas”. Cuatro años después formó parte de la organización de los Juegos de Moscú de 1980.

La vida después del oro

Sus récords permanecerían más allá de 1964. Hasta antes de que el nadador Michael Phelps acumulara 23 medallas, la “Diosa de la Gimnasia Olímpica” era la única deportista con 18 medallas olímpicas en su lista.

Durante su visita a Madrid en 1983 para la competencia amistosa entre la selección de Moscú y la de Madrid declaró al periódico El País (11 de octubre de 1983) que es labor de la federaciones estimular a los niños para que duren más como deportistas y no hasta los 18 o 20 años. “Eso sólo se consigue no explotándoles prematuramente como deportistas, no rindiéndoles con entrenamientos exagerados, sino proponiéndose el objetivo de alargar su vida deportiva mediante la dosificación de los esfuerzos de los gimnastas”.

Actualmente es una de los cuatro atletas que tienen nueve medallas de oro y una de las tres mujeres que han ganado el mismo evento durante tres ediciones seguidas de las Olimpiadas junto con la australiana Dawn Fraser y la húngara Kirsztina Egerszegi, ambas en la categoría de nado. Su colección de preseas cerró con 28 medallas entre Mundiales y Campeonatos de Europa. “Creo que no dejaré jamás la gimnasia, mi amor por este deporte morirá conmigo”.

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