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Opinión

La sombra del comunismo en el Proyecto de Constitución CDMX

El artículo 21 del proyecto constitucional de la CDMX reconoce la función social de la propiedad y establece “la recuperación de las plusvalías generadas” que deberán ser aplicadas en beneficio de los sectores de bajos ingresos. ¿Y la propiedad privada?

07-11-2016, 7:34:15 AM
La sombra del comunismo en el Proyecto de Constitución CDMX
Francisco Martín Moreno

Con aquel flemático sentido del humor que lo caracterizaba, –al estilo inglés–, Winston Churchill sostenía, palabras más, palabras menos, que “la mayoría de nosotros antes de los 20 años habíamos sido comunistas, pero quien después de esa edad continuaba siéndolo, era un imbécil”. El destacado y talentoso político inglés, ganador además del Premio Nobel de Literatura en 1953, tenía toda la razón.

Claro está que la juventud viene acompañada de una notable cantidad de sentimientos místicos, de modo que todos tengamos acceso a la mayor cantidad de satisfactores materiales y culturales. Es evidente que en dicha coyuntura emocional resulta imposible entender que, tal y como acontece en un bosque, es imposible que todos los árboles crezcan exactamente iguales sin distinción alguna. La teoría es una maravilla, la práctica es imposible.

En ese orden de ideas, y partiendo del supuesto de que el marxismo-leninismo fue la gran mentira del siglo XX, el gran embuste que quedó al descubierto con el escandaloso derrumbe de la famosa Cortina de Hierro, es claro que nunca nadie votó libremente por el comunismo; este siempre se impuso por el uso de la fuerza y de las armas. Para pruebas, entre otras tantas, ahí está la revolución rusa y la china, con sus gigantescas estelas de innegables consecuencias. Nadie puede votar por la desaparición de la propiedad privada. ¿Quién puede darse un tiro en el paladar y estar a favor del desastre económico y social ocurrido en la Cuba de Castro, quebrada de punta a punta?

Ahí están los balseros, que huyen como pueden, lanzándose desesperados al mar con el riesgo de ahogarse, en busca de la libertad en Estados Unidos, sin poder resistir ni un día más la “felicidad” impuesta por el régimen comunista cubano.

¿Cómo coincidir con un José Stalin, quien mandó asesinar a casi 20 millones de sus compatriotas opuestos a sus designios? ¿Y la revolución cultural que privó de la vida a millones de chinos, sin olvidar otros tantos casos imposibles de reducir en este espacio?

Después de este breve introito y con el ánimo de insistir en las consecuencias sociales, económicas y culturales que se desprenden de un sistema en el que ha desaparecido la propiedad privada, me propongo tratar de explicar lo que podría significar el artículo 21 del proyecto constitucional para la Ciudad de México.

Dicha disposición reconoce la función social de la propiedad” y establece que “la recuperación de las plusvalías generadas que deberán ser aplicadas en beneficio de los sectores de bajos ingresos”. La propiedad privada brilla por su ausencia y aun cuando la Constitución local no puede ir más allá de la federal, todavía existiría otra severa amenaza en contra de dicha propiedad, debido a que el proyecto propone “la confiscación de las plusvalías”, es decir, si alguien tiene un inmueble en Ciudad de México con un valor de un millón de pesos y de un avalúo practicado en cualquier momento por la autoridad capitalina, se desprende que su valor aumentó —sin importar el monto— con el paso del tiempo y ahora vale el doble, entonces el fisco capitalino podría aplicar una tasa de impuesto para grabar esa ganancia, esté o no a la venta el inmueble.

Si el contribuyente se encuentra en la imposibilidad de pagar ese impuesto a la plusvalía, además del predial, simplemente se procederá al remate su patrimonio. ¡Claro que la Constitución de la Ciudad de México afortunadamente no se ha promulgado ni se conocen sus leyes reglamentarias, pero la amenaza está muy presente en esta legislación decadente de extracción comunista!

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