Opinión

La osadía de vivir en la Ciudad de México

Cristóbal llegó de Guerrero para estudiar la preparatoria. Acostumbrado a los pequeños traslados, el Premio Nacional de la Juventud 2014 nos cuenta cómo se acopló a vivir en la capital del país.

06-05-2016, 3:37:29 PM
La osadía de vivir en la Ciudad de México
Cristóbal Miguel García Jaimes

Sin duda, vivir en este gran monstruo es toda una hazaña.

Ya sea para trabajar, estudiar o simplemente charlar un poco con los cuates, el movernos por estas articuladas avenidas supone una buena inversión de tiempo.

Por consejo de un profesor llegué de un pueblo de Guerrero a estudiar mi preparatoria por aquí, cuando aún era Distrito Federal. El trasladarme supuso bastantes cambios, no solo en la comida o el hospedaje sino también en el transporte y la movilidad.

Mi primer domicilio en la capital fue en Iztapalapa, allá por Cárcel de Mujeres. El ambiente fue muy diferente al que yo vengo acostumbrado de mi pueblo, pero sin duda son de esas experiencias que enriquecen el alma.

Ya estando por acá mi trayecto ordinario era de la casa a la preparatioria número 6, en Coyoacán, y de la prepa a la casa.

Todos los días me despertaba alrededor de las 4:30 a.m. para estar listo como a eso de las 5:00 de la mañana sobre el eje 6 esperando mi camión. Lo malo de todo ello es que siempre pasaba lleno, era una de las rutas que alimentaba a la Central de Abastos y por consecuente de la base ya salía con bastante gente. De cada 10 veces que viajaba 8 las hacía en la puerta, y algunas de ellas literalmente aprisionado por las puertas con contorno de goma. Después de llegar a Churubusco tenía que tomar una combi que me dejara en División del Norte. Ya con el regreso gastaba algo así como 21 pesos diarios. Me hacia entre 1:40 y 2:00 horas en dicho recorrido. Invertía como 4 horas en tan solo moverme a la escuela.

Me di cuenta de que el sistema del transporte era muy insuficiente o yo vivía en un lugar que no me correspondía. Todo ello en primer año de prepa.

Para el segundo ciclo escolar tuve la oportunidad de cambiarme de casa y así lo hice. Me pasé a vivir a Tlatelolco, en uno de los departamentos interminables que yacen por ahí. La vida era diferente, se veía más urbanizado y me quedaba cerca el Chopo, sí, aquel lugar cerca de la estación Buenavista donde se congregan diferentes tribus que para mi son muy interesantes. Había sábados que iba para allá, simplemente por curiosidad y chacharear.

Recuerdo que la primera vez que fui, la única iniciación que recibí fue: “como a eso de las 10 te paras enfrente de Buenavista y sigues a los que vayan de negro”…así fue y así llegué.

El camino a la prepa era más “ligero”. Tomaba un camión para llegar al metro y el metro. Gastaba 18 pesos diarios para un recorrido de ida y vuelta de 3 horas. Ya llevaba una de ganancia con respecto a la otra.

Y en tercer año de nuevo me cambie, ahora vivía enfrente del Cecyt 13. Allá en la Avenida Tasqueña. Para llegar a la prepa me hacia como 45 minutos pero era porque solo me gustaba tomar el trolebús y caminar dos buenos tramos hasta éste. Gastaba 8 pesos diarios y utilizaba hora y media. La vida era más fácil. 

También he tenido la oportunidad de vivir en la Roma y justo ahora escribo este texto desde Coyoacán, por Ciudad Universitaria.

Puedo opinar de lo que sé, y hasta al momento de lo más difícil que veo en esta ciudad es el moverse. Realmente yo le huyo a cambiarme a un lugar mucho más lejos del desarrollo de mis actividades. Pues eso significa una inversión de tiempo y dinero. Y no solo eso, si un sujeto utiliza 3 horas en llegar de su casa a la escuela en comparación de otro que solo invierte 1, éste último tendrá dos horas de ventaja sobre el primero, sin necesidad de utilizar la Teoría de la Relatividad.

Por ello un grave asunto por resolver en esta metrópolis, muy aparte de ya conseguir a nuestro propio Batman, es el de la urbanización. Estamos creciendo de forma desordenada, y a lo ancho. Dicho problema lo podemos bautizar como eso, obesidad citadina.

Pienso que podríamos empezar con los estudiantes foráneos, muchas veces nosotros tendríamos muchas ventajas si estuviéramos más cerca de las escuelas, y seria más fácil movernos que a toda una familia. Si estuviesen los espacios. Simplemente son ideas, pero de las ideas se forjan ciudades. Hasta aquí mi opinión de esta semana.

*Cristóbal Miguel García Jaimes es ganador del Premio Nacional de la Juventud, en la categoría de ciencia. A los 18 años construyó el acelerador de partículas más barato del mundo, y es fundador de la Asociación Ciencia Sin Fronteras. Estudia y trabaja en proyectos de investigación en el Instituto de Física de la UNAM.

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