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La idea que salvará a la industria del calzado en el Edomex

En abril pasado, nació el Centro de Diseño, Desarrollo e Innovación de Calzado, una iniciativa que busca que los artesanos mexiquenses puedan ser competitivos a través del uso de tecnología y que eviten el abandono de su actividad.

14-07-2016, 6:41:57 AM
La idea que salvará a la industria del calzado en el Edomex
José Roberto Arteaga

Fotos: Roberto Arteaga

El Estado de México (Edomex) se encuentra asediado por la pobreza y la delincuencia. Es la entidad del país con el mayor número de pobres, uno de los estados más peligrosos y con la mayor población. Pero también existe ahí un municipio llamado San Mateo Atenco, que busca convertirse en el referente del diseño en la República Mexicana.

En abril pasado, nació el Centro de Diseño, Desarrollo e Innovación de Calzado (CDDIC), una iniciativa que busca que los artesanos mexiquenses puedan ser competitivos a través del uso de tecnología y que eviten el cambio de la actividad económica de los pequeños empresarios.

“En cierto momento nos dimos cuenta que los artesanos se estaban dedicando a otras cosas y se iban a pedir trabajo al parque industrial de Toluca, porque ya no vendían sus zapatos por falta de innovación en un mercado competido. Dijimos: ‘¿qué vamos a hacer?’ En ese momento nos dimos cuenta de que nos estábamos hundiendo”, dice Carlos Díaz, director del CDDIC.

En el Estado de México existen 1,422 productores de calzado que generan 10,000 empleos directos en la región, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Sin embargo, la competencia de China, así como de otros estados del país han puesto en peligro el oficio de hacer zapatos.

“En el pasado, los artesanos se encargaban tan sólo de realizar imitaciones de otros productos y ahora lo que venden es un diseño propio, con un estilo único como marca”, asegura Claudia Torres, diseñadora de Calzado y Accesorios en el centro.

En la actualidad, el Estado de México tan sólo concentra el cinco por ciento de la producción de calzado en el país, mientras que Guanajuato acapara 70 por ciento, Jalisco 15 por ciento y la Ciudad de México un tres por ciento, de acuerdo con cifras oficiales. El reto es incrementar la producción y la calidad del producto para colocar al territorio mexiquense en los primeros lugares de la industria del calzado.

Zapatero a sus zapatos

San Mateo Atenco se ubica en la región central del Estado de México y se encuentra en el área que comprende Toluca. Su población es superior a los 66,000 habitantes y pertenece a una de las entidades más azotadas por la pobreza.

El Estado de México es la entidad con el mayor número de pobres en la República Mexicana, al concentrar 8.26 millones de personas en pobreza moderada, y es el tercer estado que concentra mayor número de pobladores en pobreza extrema, con 1.20 millones de personas, de acuerdo con el reporte de evolución de la pobreza de 2012 a 2014 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

El municipio que rodea a la capital del Estado de México tiene una tradición por la producción y venta de zapatos. Todos los fines de semana el poblado recibe visitantes de todas las regiones vecinas, como es el caso de la Ciudad de México, los cuales compran calzado para uso propio o para la venta en mensualidades. Las calles parecen invadidas por columnas de hormigas que se distribuyen por todas las tiendas de calzado.

Hace cuatro años, en una reunión de amigos, en donde se encontraba el actual presidente municipal y el director del CDDIC, se preguntaron cuál era el legado para las nuevas generaciones de su poblado. La primera respuesta fue extender un brazo de la Cámara Nacional de la Industria del Calzado (Canaical) para incluir a los productores en el gremio nacional, pero el sueño también comprendía crear un lugar que cobijara a todos los artesanos.

La idea del centro fue apoyada por Julio Cesar Serrano González, presidente municipal de San Mateo Atenco, quien apoyó el proyecto para impulsar a los productores locales.

“El presidente municipal y un servidor somos parte de la tradición de San Crispín (patrono de los zapateros)”, comenta el directivo, cuyo bisabuelo era artesano zapatero y hacía huaraches, por lo que es una tradición heredada. Sin embargo, también fue nutrida por cinco años en las escuelas de diseño de calzado en Italia.

Sabrina Díaz Romero, secretaria general de la Canaical, escuchó la propuesta y decidió apoyar el proyecto desde la planeación administrativa para dar forma al centro de innovación y negociar con la Secretaría de Economía recursos para las nuevas instalaciones que se visualizaban en aquél momento.

“Tocamos más de 14 puertas y en muchas nos dijeron que no, pero nosotros volvimos a insistir”, dice.

En agosto de 2014, las autoridades de Economía informaron a los artesanos sobre la aprobación de recursos para crear el centro y el ocho de abril abrió sus puertas el espacio a los productores de calzado.

El CDDIC inició operaciones con un grupo inicial de 50 empresas dedicadas a la fabricación artesanal de calzado en San Mateo Atenco, aunque tiene la expectativa de atraer a 1,000 más en los próximos 24 meses, ya que posee una capacidad de operación para dar servicio hasta a 2,000 empresas, entre productores de calzado y diseñadores de moda que deseen integrar calzado a su oferta.

La inversión en los equipos que dan vida al Centro de Innovación tuvieron un costo de dos millones 400,000 pesos, de los cuales un 75 por ciento provienen de recursos federales y un 25 por ciento proviene del ayuntamiento y las organizaciones de zapateros locales. Aunque la inversión total alcanza casi los cuatro millones de pesos.

El centro tiene el objetivo de apoyar a los artesanos del zapato desde el diseño hasta la producción del calzado a través de la tecnología, por lo que toma en cuenta la capacidad productiva del artesano, como es el caso del número de empleados,  maquinaria con la que dispone y el cliente objetivo al que llegará el producto.

Hasta hace unos meses, el director del centro era el encargado del capítulo de la Canaical en San Mateo Atenco, pero decidió dedicar su labor a atender el nuevo polo de innovación que recibe a artesanos mexiquenses.

La innovación

A simple vista parece un local más sobre las calles de San Mateo Atenco. Sin embargo, tras el cristal polarizado del inmueble existe el proyecto que quiere salvar un oficio que parecía estar destinado al olvido.

El proceso de innovación  inicia en el área de diseño del Centro de Innovación. Ahí se imaginan nuevos conceptos para el calzado mexicano.

“Es más fácil crear que clonar”, dice el director del centro.

El siguiente paso es realizar los planos del zapato y las piezas a través de un software utilizado por diseñadores franceses. El equipo permite definir costos y tiempos de producción.

Un equipo hace un corte del plano por medio de una cortadora láser y, al final, desarrollar un zapato requiere tan sólo de un par de horas, mientras que en el pasado se requería una semana entera para realizar el mismo trabajo.

Al cliente final se le entregan los planos y los cortes de cada pieza del zapato, las cuales tienen instrucciones para ensamblarse sin ningún error. El artesano sólo se encargará de armar una especie de rompecabezas que dará vida a las piezas de calzado.

Madera, acrílico, cristal, papel o piel son candidatos para pasar por la cortadora laser y detallar con lujo de detalle cada componente de un par de zapatos. Una máquina de este tipo tiene un costo en el mercado de 370,000 pesos, costo que no es rentable para un pequeño o mediano productor por la cantidad de piezas que manufactura, mientras que el costo por utilizar el equipo es de cuatro pesos por minuto en el centro.

Después, los planos pasan a un cuarto en donde un grupo de tres jóvenes dan vida a moldes de lámina que permitirán al productor hacer eficiente su trabajo diario.

“Todos estos procesos costaban muy caros y eran encargados a talleres industriales que los tenían hasta en un día, pero que ahora se realizan hasta en 45 minutos”, dice el director del centro de innovación.

Asimismo, el CDDIC cuenta con una impresora en tercera dimensión que permite imprimir en plástico un tacón o un zapato con las dimensiones reales que el cliente verá en el aparador.

Este sistema permite observar el producto y así analizar las características del mismo para precisar o corregir algún detalle sin haber iniciado la producción de varias empiezas. La impresora también ha sido utilizada por especialistas universitarios para imprimir prótesis que, en cierto momento, pueden tener movimiento a través de sus articulaciones plásticas.

Por último, las instalaciones ubicadas en San Mateo Atenco cuentan con pequeño estudio que contiene una caja blanca y una plataforma giratoria que es vigilada por las lentes de dos cámaras profesionales. Este espacio logra dar vida a imágenes digitales de 360 grados que permiten a un usuario en internet observar un zapato en todos sus ángulos.

En este sentido, el centro apoya a los empresarios del calzado para crear su propio catálogo en línea y poner en funcionamiento su propia tienda en internet. Un modelo que permite introducir a los artesanos al comercio electrónico.

Diseñadores independientes entran y salen de esta área con la emoción de romper las fronteras físicas y presumir los productos con el sello “Hecho en México” a clientes en todo el mundo.

“Puedes ser muy creativo, pero el problema es en dónde vendo mi producto. Ahora no es necesario abrir un local”, dice el directivo.

Camino a la exportación

Los próximos proyectos del centro serán el desarrollo de zapatos para invidentes y zapatos ortopédicos estéticos a la vista de los consumidores. Sin embargo, esperan que la entrada de los artesanos al comercio electrónico sea una puerta que se abra hacia la exportación de productos.

“México tiene muchísima cultura e historia que puede aprovechar para sacar inspiración y hacer algo para vender al mundo. El reto es arriesgarse a hacer una cosa diferente”, dice Claudia Torres, quien estudió Diseño durante cuatro años en Italia. 

En 2014 se exportaron 25.6 millones de pares de zapatos, con valor de 571.7 millones de dólares., de acuerdo con cifras oficiales.

El centro de innovación se encuentra aliado a las páginas más importantes que siguen las tendencias de moda para definir colores y diseños de temporada a nivel mundial. Un acercamiento de los mexiquenses con la vanguardia del diseño mundial.

Por ahora, el centro recibe hasta tres clientes por semana, aunque la capacidad es mayor.

“Hace tres años la demanda del centro hubiera sido cero, pero ahora hay una ruptura generacional en donde los hijos están buscando innovar en el negocio y le están echando todas las ganas del mundo”, dice el director del Centro de Innovación.

Hoy, la industria del calzado atiende nichos de mercado que no hubiera imaginado en el pasado, como es el caso de la personalización de los zapatos con un nombre o acabo específico, lo que apoya la nueva visión de negocio en la región.

Asimismo, se espera que la llegada del centro impulse el desarrollo de nuevos proveedores de la industria del calzado en el Estado de México.

La industria del calzado es el principal eslabón de la cadena cuero-calzado-marroquinería y está integrada por cerca de siete mil 400 establecimientos productores a nivel nacional (equivalentes al 68.4% del total de la cadena productiva).

“El reto es sobrevivir administrativamente durante los próximos tres años y en el cuarto año colocarnos como el centro innovación en calzado número uno del país y así rivalizar con las escuelas de diseño en Italia. La idea es sentar las bases para que la industria del Calzado en el Estado de México pueda sostenerse durante los próximos 25 años”, dice el director del CDDIC.

Otro reto es afrontar la entrada de calzado a bajo costo. Dentro de los primeros ocho meses de 2014, México importó cerca de siete millones de zapatos provenientes, principalmente, de China y Vietnam, de acuerdo con datos del Sistema de Administración Tributaria (SAT). El modelo tendrá su prueba final en este terreno. 

Por ahora, estados como Jalisco y Guanajuato se han acercado a conocer el modelo nacido en el Estado de México y ya analizan la instalación de nuevos centros de innovación similares al CDDIC.

Carlos Díaz recuerda que los especialistas de la industria del calzado le daban tan sólo cuatro años de vida a la industria del zapato en San Mateo Atenco y hoy tiene una esperanza de vencer el plazo fatal, así como impulsar el desarrollo económico de una de las regiones con más pobres en el país. “La innovación nos permite tener esperanza”.

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