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La era Trump y su muro de contención

A pesar de los temores por el inicio de este periodo, el nuevo presidente necesitará una monarquía plenipotenciaria para poder cristalizar su retórica de campaña en políticas públicas al pie de la letra, y, afortunadamente no es el caso.

19-01-2017, 5:31:14 PM

Estamos a un día del inicio de la era Trump. Su antesala ha estado cargada de un ambiente de incertidumbre auspiciado por un presidente electo que ha puesto en tensión la estabilidad de las relaciones internacionales a base de mensajes de 140 caracteres que lanza desde su smartphone como torpedos antidiplomáticos.

Por lo mismo, establecer un pronóstico detallado sobre los alcances reales de la administración del 45º presidente de EUA resulta aventurado. Lo visiblemente ya muy claro es que, como han señalado varios analistas, el arribo de Donald Trump al despacho oval podrá situarse en la historia como el final de la época de la Post Guerra Fría. Es decir, 2017 marca el inicio de un reacomodo del orden geopolítico.

Sin embargo, a pesar de la entendible ansiedad colectiva que vivimos, sobre todo los mexicanos, tanto los que viven en México como la comunidad de connacionales residentes en EUA, por las constantes amenazas de ataque hacia nuestra economía y el panorama en el escenario migratorio, podemos asirnos aún a la esperanza de que Trump, ya investido, no tendrá tanta capacidad de acción como ha vociferado.

El termómetro para comprobarlo serán los primeros 100 días de su gobierno, etapa clave en el inicio de cualquier ejecutivo donde prueba su “músculo”.

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La ruta de acción ya la ha hecho pública en su documento denominado “Contrato de Donald Trump con los estadounidenses”, en el cual se ha impuesto metas muy ambiciosas, como llegar a dos millones de deportaciones, financiar en su totalidad la construcción del muro con México, renegociar o abandonar el TLC, cancelar recursos a las localidades “santuario” de migrantes y a los programas de la ONU para el cambio climático, etcétera.

Esta “ruta del terror” tan pública, tan abierta, ha permitido a las contrapartes la posibilidad de diseñar sus estrategias de resistencia.

Cada nación sabe la postura del próximo presidente que intentará ejecutar desde Washington; desdén a la Unión Europea, confrontación comercial con China, acercamiento con Rusia, y México como su piñata favorita.

Una de las lecciones claves de estrategia política es nunca mostrarte tan abiertamente al adversario antes de la batalla, decir menos de lo necesario y disimular sutilmente tus intenciones hasta estar en una posición de poder lo suficientemente fuerte como para poder ejecutar tu plan de acción sin dar la posibilidad a tu enemigo de planificar un contraataque eficaz.

Trump, el magnate inmobiliario, carece de un perfil político que entienda estas dinámicas y más bien parece que asimila que la tarea de gobernar a la más grande potencia del mundo será como gestionar una de sus empresas. He aquí el muro de contención (este, metafórico), al que el sistema democrático en el que se inscribe su mandato lo enfrentará.

Estados Unidos tiene un régimen de gobierno republicano, con un presidencialismo fuerte, sí,  pero que no deja de lado sus contrapesos. Es decir, Donald Trump requeriría una monarquía plenipotenciaria para poder cristalizar su retórica de campaña en políticas públicas al pie de la letra, y, afortunadamente no es el caso.

Y aunque se ha señalado reiteradamente el dato no menor de que ahora mismo las dos cámaras legislativas tienen mayoría republicana, habrá que subrayar que esto no es sinónimo de apoyo ciego de este partido al presidente que, recordemos, no pertenece a sus filas.

Si algunas de sus acciones a favor del proteccionismo económico que prometió en campaña requerirán en su tejido fino la aprobación del legislativo, se pondrá a prueba la coherencia de los principios del partido de los elefantes, que más bien han apoyado el liberalismo económico.

Asimismo, habrá que observar con especial atención si el senado ratifica a todas las personas que ha propuesto para su gabinete y que por ley requieren esta luz verde.

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Otro factor a analizar detenidamente será cómo operan en la realidad sus propias contradicciones y como son tomadas por quienes lo votaron; porque el candidato que se presentó como “anti Wall Street” tiene un gabinete muy Goldman and Sach, con Gary Cohn y Steven Mnuchin como ejemplos estrella.

En resumen, se avecina una fuerte prueba a las instituciones democráticas de EU, bajo la premisa de que no tiene el mismo peso el canto de sirena de un candidato en campaña electoral que la necesidad permanente de un presidente por la búsqueda de consenso con los otros dos poderes.

El hecho de que 50 legisladores demócratas no asistan a su sesión de investidura ya es un símbolo de la resistencia que estará en pie a partir de mañana en el Congreso.

Y, por otro lado, quedará observar el despliegue de las estrategias de la resistencia exterior a la era Trump por parte de cada nación ya amenazada vía Twitter o conferencia de prensa, en este sentido, esperamos que el gobierno mexicano nos sorprenda con acciones más dignas que las mostradas hasta ahora… pero eso ya es tema de otro artículo.

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