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La era de Trump marca el fin del orden mundial

El triunfo de Donald Trump no es una buena noticia para nadie. El político populista, racista, machista y abusivo, tendrá todo a favor para llevar a su país a donde le plazca por cuatro años. ¿Qué será de la relación México- Estados Unidos?

09-11-2016, 9:29:03 AM
La era de Trump marca el fin del orden mundial
Jorge A. Monjarás, director editorial de Alto Nivel

Para escuchar a Donald Trump se necesita tener el hígado bien preparado. Afortunadamente escribimos esto a las dos de la mañana y queda el alivio de que la campaña por la presidencia de Estados Unidos por fin terminó. Sin embargo, habrá que acostumbrarse a ver y escuchar al nuevo presidente de Estados Unidos. El discurso conciliador, incluso generoso, de Trump parece haber calmado un tanto a los mercados, especialmente a la paridad peso/dólar, que durante ayer se fue de 18.25 a 20.70, para descender a 19.90. Veremos qué pasa hoy y el resto de la semana, pues el “Trumpómetro” sólo podrá continuar en volatilidad.

No son buenas noticias. Especialmente si Trump se propone cumplir las tres grandes amenazas que lanzó sobre México: construir el muro (y hacer que de alguna manera lo paguemos los mexicanos), revisar el TLC de Norteamérica e imponer impuestos a las empresas estadounidenses que exportan autos, electrónicos y una larga lista de productos desde nuestro país y, por último, deportar a millones de inmigrantes mexicanos.

Tampoco son buenas noticias si cumplen algunas de sus muchas promesas sobre el mismo Estados Unidos, como su política económica consistente en bajar impuestos de forma indiscriminada, sin decir dónde recortará el presupuesto.

Y menos son grandes noticias para el resto del mundo, que espera un aliado serio y estable para hacer frente a los problemas de terrorismo y guerra, pero también a las amenazas de calentamiento global.

Porque el presidente Trump, el populista, tendrá todo a favor para llevar a su país a donde le plazca, toda vez que el Congreso será de mayoría republicana. Será su voluntad por cuatro años.

De lo mucho que hay que analizar al respecto, vale la pena detenerse en tres aspectos:

1. EU votó por volver al pasado

Al final, la voluntad del pueblo estadounidense encontró un eco en esta voz que calificamos de populista, racista, machista y abusiva. Las elecciones demostraron que sus mayorías no quieren un sistema de salud universal, ni el “big government”, ni la corrección política, ni las limitaciones en armas, ni la legalización del aborto, ni el libre comercio. Eligieron a quien prometió terminar con todo ello, a quien prometió, básicamente, volver al pasado. Es la rebelión de los Wasps, comenta un amigo internacionalista, pero es también la rebeldía de todo estadounidense que quiere algo muy simple: un buen trabajo, un buen negocio, una buena casa, un buen auto, con qué vivir su American Dream y retirarse a unos dorados 60 años, como antes, como piensa que es su derecho divino.

Es gente cansada de que les dijeran que están avanzando como país, cuando personalmente iban hacia atrás. Son personas que no vieron frutos en la globalización, que se sienten en un mundo más amenazante y están dispuestos a culpar a los “políticos” de ello. Finalmente, demostraron su lejanía de los medios de comunicación tradicionales y de la clase intelectual. Les importó un bledo las descalificaciones que expertos y líderes de opinión se cansaron de lanzar contra su candidato.

Trump ganó con la carta del outsider; también, con el espejismo del “éxito” y la garantía de entrar en acción contra ese gobierno federal que muchos estadounidenses ven como enemigo y un estorbo a su libertad. Todo ello, querámoslo o no, retrata la mente de esta población, lo que verdaderamente piensa, lo que quiere, que no tiene nada que ver con el mundo, ni con el clima, ni con los derechos humanos, ni con la solidaridad global.

2. El fin del orden mundial

Este momento puede marcar el fin del orden mundial propuesto en los 80: el de la globalidad, el del libre comercio y el libre flujo de capitales, pero no siempre de trabajadores; el de empresas llevando sus necesidades de mano de obra barata a otros países; mientras que, en teoría, los estadounidenses se quedarían con los trabajos mejor pagados de orden tecnológico, financiero y administrativo.

El liberalismo económico sacó a millones de personas de la pobreza en todo el mundo, pero también aumentó la desigualdad y dejó a la deriva a los obreros de países desarrollados, como los estadounidenses. Aquellos no entrenados para los puestos altos quedaron condenados a cocinar hamburguesas en los mal pagados negocios de servicio.

El Brexit, por un lado, y estas elecciones presidenciales, por el otro, marcan el hartazgo de la población del primer mundo con este orden mundial. Quieren algo diferente o, más bien, algo anterior. Hay quien equipara el mandato de este 2016 con una nueva caída del muro de Berlín. Es, más bien, la era en que regresarán los muros.

3. ¿Qué será de México y su relación con EU?

De aplicarse un verdadero endurecimiento en la política comercial de Estados Unidos y en el caso de un desmoronamiento del bloque de Norteamérica, lo peor, pero nada improbable es que en México encuentre eco en el otro populismo, el que quiere volver a otro pasado: el estatista, el “rector de la economía”, el de planificación central, el también proteccionista y culturalmente chovinista.

De desarmarse el modelo que sostiene nuestra prosperidad manufacturera, sin petróleo y con pocos recursos primarios qué exportar, México sería fácil presa de la crisis económica y los políticos mentirosos. Internamente, retrocederíamos a otros modelos económicos que tampoco no sacaron de pobres, pero que hoy parecen extrañar quienes se oponen a lo que llaman “neoliberalismo”.

Políticamente, México podría distanciarse de la esfera política de Estados Unidos, ya no invocando la no intervención de los pueblos o el tercer mundo, sino afiliándose a uno de los bloques emergentes. Hay que recordar que México es uno de los pocos países latinoamericanos que no tiene una gran relación comercial y de inversiones con los chinos. Esta sería una señal importante para comenzarla.

Las políticas de Trump podrían terminar con la era de un México en el rol de socio comercial y financiero, abriendo la puerta a un nuevo enemigo geopolítico.

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