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La deuda de México en la lucha contra el cambio climático

México se ha sumado a otros países del mundo para promover iniciativas verdes que mitiguen los efectos del cambio climático. Sin embargo, formalizar un mercado de carbono es una de las tareas pendientes de este país.

19-06-2017, 6:30:05 AM

México avanza a contrarreloj para reducir sus emisiones de carbono. Cada día, las emisiones contaminantes aumentan como consecuencia del crecimiento económico y cambios en el uso de suelo. Aunque en el país ya hay iniciativas puestas en marcha, la luz de alarma se encuentra encendida, debido a que los niveles han ido en aumento.

“Desde la revolución industrial, los niveles de carbono y la temperatura se han incrementado drásticamente”, asegura Jesús González, Socio Líder de Asesoría en Sostenibilidad, Gestión de Riesgos y Gobierno Corporativo de KPMG México.

A pesar de que las economías desarrolladas tienen una mayor huella de carbono per cápita, México se encuentra en el noveno lugar de los países que más emiten gases de efecto invernadero (GEI), de acuerdo con el indicador de emisiones del Banco Mundial (BM).

En 1960, México produjo 1.7 toneladas métricas per cápita de carbono, pero, a diferencia de otros países, esta cifra se elevó a un nivel de 3.9 en 2013, año de la última medición.

“El término huella de carbono hace referencia a la cantidad de gases de efecto invernadero que emite un individuo, organización, empresa o país determinado”, explica la plataforma MéxicO2.

A finales de 2016, México presentó sus objetivos ante la ONU. Uno de ellos era reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero a la mitad en 2050 respecto al año 2000.

En este sentido, la agencia de noticias AFP detalló que México presentó dos escenarios posibles para lograr su objetivo a mediados de siglo.

El primero contempló la reducción de 22 por ciento de sus emisiones globales hacia 2030, y particularmente 51 por ciento sus emisiones de carbón negro en 2030, para luego llegar al objetivo declarado de mitad de emisiones en 2050.

El segundo escenario, más ambicioso, y ligado a la ayuda internacional, sugería reducir 36 por ciento las emisiones globales, y particularmente 70 por ciento las emisiones de carbón negro en 2030.

En este último escenario se podría llegar además a lograr un mínimo de 50 por ciento de energía limpia en 2025, y reducir 40 por ciento las emisiones de metano “en una acción coordinada en Norteamérica” es decir con Estados Unidos y Canadá.

La deuda contra el cambio climático

Con el Protocolo de Kioto de 1997 se determinó que existían emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) en el planeta que eran provocadas por las industria de todos los países, las cuales serían reguladas por el mismo Protocolo.

Fue entonces, cuando el Banco Mundial creó un fondo de bonos de carbono, los cuales fueron distribuidos entre diversos países tomando en cuenta sus emisiones de 1990 y las perspectivas hacia 2012.

Para el caso de México, el mercado de carbono existe hace apenas unos años. Desde su llegada en 2013, las empresas han podido convertir sus servicios en carbono neutral. Esto quiere decir que la huella de carbono del productos se compensa con la compra de bonos de carbono, neutralizando su impacto ambiental.

Los contaminantes también se pueden reducir en fábricas, oficinas, vuelos y eventos, tal es el caso de los conciertos.

A mediados del año pasado, el gobierno mexicano anunció la implementación de un programa piloto de Sistema de Comercio de Emisiones encabezado por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) con la finalidad de que 60 empresas nacionales e internacionales, de forma voluntaria, se sumaran a esta dinámica de desarrollo sostenible y financiera.

México estableció que con el programa piloto, las empresas que demuestren haber reducido sus emisiones podrán certificarse para obtener permisos de emisiones de estos bonos, mismos que podrán ser adquiridos por las empresas que se les dificulte reducirlas.

“De este modo, las empresas podrán invertir en el desarrollo de estas tecnologías y reducir aún más su huella de carbono”, detalla el informe del piloto.

Aunque la iniciativa es positiva, el inconveniente principal es que el establecimiento de este mercado de carbono se concretará hasta 2018.

Cada bono de carbono equivale a una tonelada de CO2 que no se emite a la atmósfera a través de la reducción de un gas de efecto invernadero (GEI).

El estudio Unlocking the hidden value of carbon offsetting elaborado por Incroa (International Carbon Reduction and offset Alliance) revela que las principales motivaciones de las empresas para neutralizar sus emisiones son:

  • Reputación/Imagen de marca
    67 por ciento
  • Compromiso del empleado
    48 pct.
  • Diferenciador de mercado
    47 pct.
  • Filantropía
    37 pct.
  • Eficiencia
    15 pct.
  • Gestión de la cadena de suministro
    4 pct.

Un mercado en ascenso 

En los últimos 10 años, el mercado de carbono ha crecido hasta alcanzar los 4,500 millones de dólares en transacciones, con lo que se han reducido 1,000 millones de toneladas de CO2, según estimaciones de la plataforma MexicO2.

Entre las empresas que participan en el mercado de carbono en el mundo están Danone, General Motors y Microsoft.

En México, las aerolíneas Aeroméxico y Volaris ya cuentan con estos bonos de carbono. Heineken México es otro de los actores que también ya contempla la entrada al mercado de carbono nacional.

Jesús Jesús González, Socio de KMPG, es realista al momento de hablar sobre los retos que enfrenta México en materia ambiental. Sin embargo, asegura que el principal paso es reconocer la gravedad del asunto y ayudar a que este país pague su deuda: “Es imposible dejar de contaminar, lo que sí podemos hacer es educar a la sociedad e impulsar a los gobiernos a que haya más esfuerzos para transformar y cuidar del medio ambiente”.

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