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La crisis de contaminación que ‘goleó’ a la CDMX

La reciente crisis de contaminación que tuvo la CDMX no ha sido la primera; tuvimos una a finales de los 80 y salimos bien librados, sin embargo, después, como en el futbol, íbamos ganando, aflojamos y el problema nos ganó.

25-08-2016, 3:51:42 PM
La crisis de contaminación que ‘goleó’ a la CDMX
Luis Manuel Guerra

Llevamos más de cinco meses tú y yo, querido lector, de medidas ambientales que han trastocado nuestras vidas, la posibilidad para desarrollar nuestras actividades cotidianas y cumplir con nuestras obligaciones. A partir del 14 marzo pasado, nuestra vida cambió: llegamos a 203 Imecas. El 15 se detonó, por parte de la Comisión Ambiental Megalopolitana, la Fase 1 de Contingencia Ambiental, después de 14 años sin tener esta emergencia.

Al transcurrir los días en plena Fase 1 y no disminuir los índices, se desata una lucha mediática entre las autoridades ambientales de Ciudad de México y las del Estado de México: las primeras acusan al segundo de que la contaminación que sufrimos los ciudadanos provenía primordialmente de los municipios de Ecatepec y Neza.

El Edomex respondió, en boca de su gobernador Eruviel Ávila Villegas, que a partir de ese momento ya no recibirán la basura proveniente de la capital, porque es causa fundamental de la contaminación.

Ante estos pleitos interviene el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, imponiendo medidas emergentes adicionales a la Fase 1: el Hoy no Circula parejo por 90 días, restringiendo la circulación de todos los vehículos sin importar el holograma. Este hecho trastocó la vida de una gran mayoría de los habitantes de la Zona Metropolitana, conformada por CDMX, 59 municipios del Edomex y uno de Hidalgo.

Cientos de miles de familias se vieron obligadas a tomar medidas extraordinarias para poder llevar a sus hijos a la escuela por la mañana, llegar a sus trabajos y cumplir con sus obligaciones. En los días siguientes se observó un aumento en el ozono que alarmó y enojó a la población. Con toda razón, la población se pregunta: ¿cómo es posible que aumenten los índices, con todo y estas medidas draconianas? Esto dio pie a la aparición en redes sociales de todo tipo de especulaciones, como la importación por parte de Petróleos Mexicanos (Pemex) de gasolinas chinas de bajo precio pero en alto grado contaminantes, o bien que la verdadera causa de la contaminación eran las fábricas y no los 5.5 millones de automóviles que circulan diariamente en la capital del país.

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Estas aseveraciones alcanzaron con rapidez un nivel “viral” y se extendieron entre la población en abril pasado. De modo inexplicable, ni la Comisión Ambiental Megalopolitana ni la paraestatal petrolera respondieron a estos cuestionamientos y dejaron pasar dos semanas sin atajarlos de manera convincente. El crecimiento del descontento aumentó. ¿A qué se debe todo esto?

Te lo voy a explicar: CDMX se encuentra, junto con su zona conurbada, en una cuenca atmosférica propensa a sufrir altas concentraciones de contaminantes fotoquímicos por su escasa ventilación, alta radiación ultravioleta y poca humedad en época de secas (abril-junio).

Al crecer en gran medida el número de vehículos (de 2 millones en 1980 a 5 millones en el 2016), la cantidad de emisiones de origen móvil creció también de forma alarmante, sobre todo porque el parque vehicular es mayoritariamente viejo, muy contaminante.

¿Una película que ya habíamos visto?

A fines de los 80, la situación se volvió inmanejable: caían muertos los pájaros en las calles, la ciudad tuvo que cerrar escuelas y oficinas de gobierno, a los diplomáticos europeos y norteamericanos destacados en CDMX se les pagaban sobresueldos y se les rentaban casas de fin de semana en Cuernavaca y Puebla, por vivir en áreas “peligrosas para la salud”. Se creó en 1988 la iniciativa ciudadana voluntaria Un Día sin Auto, que logró afiliar en seis meses a 400,000 automovilistas.

Al entrar la administración de Carlos Salinas de Gortari se reconoció este problema y se inició uno de los programas de mejoramiento de la calidad del aire más ambiciosos del mundo: se cerró la Refinería 18 de Marzo en Azcapotzalco, se cambiaron a gas natural las dos termoeléctricas cercanas a la ciudad: la Jorge Luque en Tlalnepantla, Estado de México, y la de Villa de Carpio, en Ciudad de México.

Además, se obligó a las empresas automotrices a instalar convertidores catalíticos en los vehículos a gasolina que comercializaban en el país y se volvió obligatoria la restricción al uso vehicular a través del programa “Hoy No Circula”, con un programa obligatorio de verificación vehicular.

Este conjunto de medidas, que se sistematizaron poco después en el Programa para Mejorar la Calidad del Aire, el ProAire, dieron un resultado espectacular: a pesar del aumento en el parque vehicular, los índices Imeca promedio fueron bajando paulatinamente año con año.

Aunque ahora parezca increíble, CDMX se convirtió en un ejemplo exitoso a nivel mundial de combate a la contaminación del aire. 

¿Entonces, qué pasó?

Lo que nos pasa a los mexicanos cuando vamos ganando en el futbol: si vamos 1-0 nos la creemos, aflojamos y nos meten 3-1. Como la contaminación ya no era tema de la agenda pública, a los políticos no les interesó y cayeron en la complacencia insolente.

Para todos nosotros era evidente la corrupción que existía en los verificentros de CDMX y Edomex: mediante “una lana”, todos recibían su calcomanía.

Pero esta situación llegó a un extremo cuando se cometieron dos errores inadmisibles de política pública por parte de las autoridades:

1. No evitar la migración masiva, a partir de junio del año pasado, de todas las calcomanías 1 y 2 a calcomanía 0, incrementando así en seis meses la circulación, en la ZMVM, de 1.7 millones de vehículos viejos muy contaminantes.

2. Bajar el umbral de 180 IMECAS a 150 IMECAS a principios de este año para detonar la Fase 1.

Un marciano que nos viera desde fuera diría: la pinza perfecta para los seis ozonazos:

La parte positiva de este vía crucis que hemos transitado tú y yo en estos últimos meses:

La contaminación atmosférica se colocó de nuevo en la agenda pública.

• La intervención decidida de las autoridades federales de Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) ha colocado al problema en su justa dimensión.

• Ahora todos sabemos lo que es el OBD II (On board diagnostic system), el sistema de medición electrónico que imperará en el futuro en la megalópolis de México, integrada por CDMX y diversos municipios del Edomex, Morelos, Puebla y Tlaxcala, cuya población estimada es de 28 millones.  

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