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La cerveza artesanal que reta a Donald Trump y lo viste como mariachi

Donald Trump llevó a Luis Enrique de la Reguera y Casa Cervecera Cru Cru a salir en las televisión y portales de noticias en el mundo, ya que, con un grupo de amigos, vistieron al magnate de mariachi.

04-08-2017, 6:35:54 AM

Luis Enrique de la Reguera nunca esperó que Donald Trump lo fuera hacer amado y odiado en Estados Unidos. El joven mexicano apareció en los canales de televisión y en los portales de internet de varias partes del mundo. La razón es que, con un grupo de amigos, había creado una cerveza cuya imagen era la del presidente estadounidense vestido de mariachi.

“Me hubiera gustado que la cerveza llamara la atención mundial por su sabor y no por la imagen de Trump”, dice en entrevista Luis Enrique de la Reguera, director general y cofundador de Casa Cervecera Cru Cru.

Amigous es el nombre de la cerveza creada por las firmas Error de Diciembre, Casa Cervecera Cru Cru y la estadounidense Epic Brewing. Hoy, Luis Enrique recibe cartas y correos electrónicos provenientes de Estados Unidos que le expresan odio y admiración por la bebida con sabor a mango que producen en la colonia Roma de la Ciudad de México.

Tres días fue el lapso que duró la producción de la cerveza con la imagen del magnate estadounidense, y ya preparan un nuevo lote para ser comercializado en el país.

De la Reguera y Casa Cervecera Cru Cru no solo ha retado a Donald Trump, sino a todas las adversidades que enfrenta un productor de cerveza artesanal en México: elevados costos de producción e impuestos que generan resaca.

Luis Enrique ha decidido sentarse a contar su historia y parte del retrato de los pequeños productores que contribuyen a difundir la cultura cervecera en el país, el cual se ha convertido en el primer exportador de la bebida de cebada y el cuarto productor mundial.

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Reuters.

El publicista de Grupo Modelo

Luis estudió Diseño Industrial, aunque no logró concluir su carrera por cuestiones económicas. La familia del emprendedor es de diseñadores.

El empresario comenzó a trabajar en el Museo del Niño, elaboró muebles, trabajó en agencias de publicidad, y  fue en este último empleo en donde participó en la elaboración de campañas para  Grupo Modelo.

Las nulas posibilidades de crecimiento llevaron al ejecutivo a buscar nuevos horizontes laborales y la cerveza se convirtió en una opción de vida.

Dentro de los cambios, Luis Enrique se casó y su esposa hablaba con el joven creativo sobre instalar un negocio.

Primero quiso elaborar muebles, pero no era algo que llamara la atención por completo, así que en sus ratos libres visitaba las cervecerías de la colonia Roma, barrio en donde vivía, y así aprendió sobre la cultura cervecera.

Pero todo tuvo una razón de ser con un pequeño presente. En 2013, una amiga cercana le hizo un regalo navideño que sería la semilla: un kit para elaborar quesos. El regalo no era lo que esperaba, pero lo llevo a buscar información en internet y encontrar un nuevo kit para hacer cerveza.

“En ese momento todo tuvo sentido, ya que descubrí que yo mismo podía hacer cerveza, así compramos una cubeta de plástico e hicimos la primera cerveza, la cual nos quedó horrible”, recuerda.

Así fue como Luis Enrique decidió que quería dedicarse al negocio de la cerveza.

El mundo de los cerveceros lo llevó a reencontrarse con un antiguo profesor, José Arango, que se dedicaba al negocio tres años ante de la incursión del emprendedor. Después de un par de cervezas, el académico y su exalumno ya eran socios de negocio.

El departamento de una amiga de Luis se transformó en la pequeña planta de producción y el primer cliente de la nueva cervecería sería el restaurante Pinche Gringo, un local que seis meses antes abrió sus puertas.

El dueño del lugar les dijo que necesitaba 15 barriles de 60 litros al mes, mientras ellos apenas hacían producciones de 20 litros. Así fue como las inversiones empezaron a fluir para comprar nuevos aditamentos de plástico, una infraestructura rústica.

Los diablitos cargados de cerveza circulaban hacia el restaurante y el negocio comenzaba a subir para los jóvenes cerveceros. Otros lugares comenzaban a preguntar por la cerveza Cru Cru y todo iba viento en popa.

La taquería el Califa también se convirtió en uno de los puntos de venta para la recién creada cervecera artesanal. Un escaparate para llegar a nuevos clientes de la mano de los platillos tradicionales, aunque con el reto de embotellar la bebida.

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La resaca

Sin embargo, el primer fracaso no tardó en llegar. La pequeña planta improvisada comenzó a tener problemas por las condiciones amateur del negocio y llegó la clausura del primer espacio de producción.

Los jóvenes se dieron a la tarea de buscar un nuevo lugar para producir la cerveza y descubrieron por casualidad una casa de 120 metros cuadrados en renta, la cual pertenecía al político y activista social Gilberto Rincón Gallardo.

“En cuanto entré, pude imaginar la cervecería desde el primer momento y así decidimos poner nuestra primera planta grande”, explica.

Silvia Pavón, viuda de Rincón Gallardo, probó el producto y dio el visto bueno para que los jóvenes pudieran ocupar el espacio para producir cerveza.

El nuevo espacio contaba con una infraestructura adecuada y que daba prioridad a la calidad del producto a través de nuevos procesos productivos, así como un laboratorio. Esta es la actual casa de Cervecera Cru Cru.

Fermentadores con control de temperatura y materiales de acero inoxidable son parte de los nuevos aditamentos que profesionalizan la producción de la amarga bebida. La capacidad instalada es de 4,500 litros mensuales.

La empresa se constituyó en septiembre de 2014 y en octubre de 2015 adecuaron la actual planta de producción.

“Estamos trabajando en una pequeña planta de cerveza que tratamos como una planta muy grande”, asegura.

Emblema de la CDMX 

Ahora, el objetivo de Casa Cervecera Cru Cru es conseguir una planta 10 veces más grande, la cual ostente una capacidad superior a 45,000 litros mensuales. “Somos una empresa que apenas está empezando”.

Sin embargo, la firma se enfrenta a varios retos que Luis Enrique no deja de lado. En la actualidad, las cervezas artesanales sólo alcanzan el 0.08% del mercado nacional, porcentaje que podría escalar en los próximos años por la aparición de nuevas marcas.

Los costos son elevados en la producción de cerveza artesanal por la importación de los insumos y el pago de impuestos.

“Todos los insumos son importados y caros, lo que hace que su producción sea más costosa y los impuestos son muy altos para desincentivar el consumo de la bebida alcohólica”, dice Luis Enrique.

Hoy, cerca de 40 por ciento de los costos de la cerveza artesanal se destinan al pago de impuestos.

Las cervezas artesanales pagan casi tres veces más impuestos que los industriales, ya que la bebida artesanal se encuentra bajo el régimen ad valorem, que genera un pago mayor por el valor del producto.
Por cada litro que la cerveza industrial vende se pagan 4.28 pesos de Impuesto Especial a Productos y Servicios (IEPS) antes de Impuesto al Valor Agregado (IVA), mientras que la cerveza artesanal paga 11.92 pesos, de acuerdo con la Asociación de Cerveceros de la República Mexicana (Acermex).

El reto es elevar la calidad del producto artesanal y vencer los altos costos de producción de enfrentan los pequeños productores artesanales

“Nuestro futuro depende de la cultura cervecera”, asegura.

La cervecería Cru Cru se encuentra dentro del tour de visitas a cuatro cerveceras que discurre en la Ciudad de México.

Luis Enrique a tirado tanques de mil litros de cerveza para mejorar por su calidad y lo ha logrado con el paso del tiempo. Su historia es un botón de muestra de lo que pueden hacer los artesanales.

La cervecera artesanal espera que Donald Trump solo haya sido el inicio de su famosa historia, pero que el sabor de su cerveza se convierta en la mejor carta de presentación entre los consumidores y rompa muros.

Luis Enrique de la Reguera acaricia su barba e imagina el futuro que le gustaría para Cru Cru: ser la cerveza emblema de la capital del país. “La idea es que cuando alguien venga a la Ciudad de México le digan que no puede irse sin probar una cerveza Cru Cru. Ojalá lo podamos lograr”.

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