Opinión

La apuesta contra el peso se intensificará

Los problemas para el peso se recrudecieron este mes, en parte por la expectativa de un alza de tasas de interés en Estados Unidos (EU) tan pronto como el mes próximo, así como por la consolidación de Donald Trump como el casi seguro candidato del partido republicano a la presidencia de los EU.

19-05-2016, 1:46:07 PM
La apuesta contra el peso se intensificará
Salvador Kalifa Assad

El mes de mayo le ha sentado mal a las monedas de los países emergentes y, particularmente, al peso mexicano. Nuestra divisa ya perdió todo el terreno que ganó frente al dólar como resultado de las medidas de política económica que anunciaron nuestras autoridades a mediados de febrero. De hecho, el peso es, al día de hoy jueves 19 de mayo, junto con el bolívar venezolano y el peso argentino, de las monedas más depreciadas en este mes y en lo que va del año.   

Los problemas para el peso se recrudecieron este mes, en parte por la expectativa de un alza de tasas de interés en Estados Unidos (EU) tan pronto como el mes próximo, así como por la consolidación de Donald Trump como el casi seguro candidato del partido republicano a la presidencia de los EU.

En el primer caso, todo comenzó hace unas semanas con declaraciones de varios presidentes regionales de la Reserva Federal (Fed) y culminó ayer, cuando se dio a conocer el contenido de las minutas de la reunión más reciente del Comité de Mercado Abierto del Fed, donde la mayoría de sus miembros veía con buenos ojos la posibilidad de un alza de tasas en el mes de junio.

La reacción de los mercados fue inmediata, tumbando las bolsas de valores, apreciando al dólar frente a la gran mayoría de las divisas, y aumentando la probabilidad, implícita en la cotización de los bonos, de un alza de la tasa de interés de los fondos federales en junio, de un 4 a un 30 por ciento.

Las tasas de interés van a subir en EU, no hay duda, y lo que está pendiente es el momento en que lo harán. Esto coloca al peso, junto con muchas otras monedas de países emergentes, en un canal de turbulencia continua, por lo menos mientras se llega a una nueva estabilidad de las tasas de interés estadounidenses.

Por otro lado, las promesas de campaña de Donald Trump incluyen varias acciones muy negativas para nuestro país, lo que ya comenzaron a descontar los mercados financieros, que por lo general se adelantan a las malas noticias. Es cierto que lo visto hasta ahora es una caída ordenada del peso, pero esto es solo un preámbulo de lo que ocurriría en caso de que Trump ganase las elecciones presidenciales estadounidenses.

La duda respecto a quién ganará esas elecciones se despejará hasta el segundo martes de noviembre, pero ello no significa que el peso será inmune a las expectativas de los mercados financieros. Por el contrario, la apuesta contra nuestra moneda se intensificará en la medida que las encuestas de opinión muestren una contienda cerrada entre Donald Trump y Hillary Clinton.  

Estamos, por tanto, ante un temporal que pudiera arreciar contra el peso y nuestro país en el futuro próximo, por lo que sorprende que nuestras autoridades sigan dejando la evolución de la economía en piloto automático.

Es necesario agarrar el control de la economía y aplicar las medidas que sean necesarias para amortiguar los daños sobre nuestras variables financieras y la actividad económica. No hay forma en que nuestras autoridades puedan evitar por completo las repercusiones negativas de esos eventos externos, pero bien pueden amortiguarlas, aun cuando ello signifique adoptar políticas que pudieran frenar la economía.

Me refiero, en particular, a la necesidad de reducir más rápido el déficit público, hasta ahora financiado casi en su totalidad con recursos externos, ya que éstos no estarán disponibles en el futuro cercano. También me refiero a abandonar la idea ingenua del Banco de México de que todavía es posible sostener el diferencial de tasas de interés (alrededor de 3 puntos porcentuales) que estuvo vigente durante el periodo anormal de tasa cero en EU, sin que haya repercusiones negativas sobre la cotización del dólar y, posteriormente, sobre la inflación interna.  Se requiere, por tanto, un alza inmediata de las tasas de interés, no para evitar, pero sí para amortiguar los daños actuales y futuros sobre nuestra economía.

En síntesis, los próximos meses serán particularmente turbulentos para las monedas de los países emergentes, incluido por supuesto el peso. En ese contexto nuestras autoridades necesitan adelantarse a los acontecimientos y aplicar medidas que amortigüen los daños. Y esto significa una reducción del gasto público y, principalmente, un aumento de las tasas de interés internas. Entre más tiempo se dilaten en hacerlo, mayores serán las consecuencias negativas de la turbulencia externa. 

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