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Juegos Olímpicos: última oportunidad para salvar a Brasil

A partir de hoy y hasta el 21 de agosto, la mayor economía de América Latina estará en la mira de todo el mundo. El país carioca deberá pasar la prueba de fuego para tratar de restaurar su deteriorada imagen o terminar de socavar su tambaleante marca país.

05-08-2016, 1:59:37 AM
Juegos Olímpicos: última oportunidad para salvar a Brasil
Nayeli Meza Orozco

Los Juegos Olímpicos de 2016 han comenzado. Este evento representa la última oportunidad de Brasil para salvar su imagen tras los escándalos de corrupción relacionados con algunas de sus más importantes empresas nacionales, crisis políticas internas y el sobregasto que le dejó el  Mundial de Futbol 2014, lo que obligó al gobierno de la presidenta Dilma Rousseff a tomar medidas de austeridad, las cuales generaron descontento entre la sociedad brasileña.

La contaminación del agua en las playas de Río de Janeiro, sede principal del magno evento, amenazas de terrorismo y el brote del virus Zika fueron otros factores que opacaron la antesala de la fiesta olímpica, a tal grado de que varios deportistas declinaron participar en Río 2016.

Brasil recibe a los Juegos Olímpicos en un momento que no es el ideal. Es importante que demuestre su eficiencia y capacidad organizativa, principalmente en un momento en que su imagen global está deteriorada por la crisis y las expectativas defraudadas. El camino a recorrer no será fácil”, asegura en entrevista Mauricio Claverí, coordinador de Comercio Exterior y Negociaciones Internacionales de la consultora argentina Abeceb.

Incluso, la mala planeación y desarrollo de la infraestructura de los Juegos Olímpicos hizo cuestionar al Comité Olímpico Internacional (COI) si Brasil había sido la mejor elección. En 2014, John Coates, vicepresidente del organismo, consideró que los trabajos de preparación eran “los peores que había visto jamás.

Durante 17 días, el gigante latinoamericano albergará a medio millón de turistas provenientes de todo el mundo y a 10,500 atletas de 200 nacionalidades que se darán cita en los primeros Juegos Olímpicos en territorio sudamericano.

Las 308 actividades deportivas se realizarán en 33 recintos de cuatro barrios de Río de Janeiro, también conocida como La cidade maravilhosa (La ciudad maravillosa).

“Bienvenidos al infierno”

Las condiciones de Brasil en 2009, año en que Río de Janeiro se disputó la sede de los Juegos Olímpicos de 2016 con Madrid, Tokio y Chicago, eran diferentes a las actuales.

En ese año, la economía carioca registró una inflación a tasa anual de 4.13%, el menor nivel desde 2006 (3.14%) y por debajo de la meta del gobierno, de acuerdo con datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE).

Asimismo, las riendas del país estaban a cargo del entonces presidente Lula da Silva, quien posicionó en el mapa a Brasil como un referente económico.

El primero de enero de 2011, Dilma Rousseff tomó posesión de su primer mandato al frente de Brasil y cuatro año más tarde iniciaría su segundo periodo presidencial.

Aunque para 2016 el mandatario ya no estaría en el cargo, da Silva aseguró que apoyaría “como ciudadano brasileño, poniendo mi alma, mi corazón, para que hagamos lo mejor que se pueda en este país”, cita el diario Jornal do Brasil.  

Sin embargo, con el paso de los años el panorama se fue deteriorando. En 2014, el gobierno a cargo del Partido de los Trabajadores (PT) desembolsó más de 13,600 millones de dólares (mdd) para la realización de la Copa del Mundo, cifra que generó descontento entre la población sudamericana, ya que el presupuesto establecido por el COI fue de 10,300 mdd, lo que obligó a Rousseff a aumentar impuestos y hacer drásticos recortes de gastos que afectaron principalmente a programas de salud, vivienda y salarios.

Para los Juegos Olímpicos de 2016, Brasil tuvo que gastar más de 11,100 mdd de dólares, de acuerdo con estimaciones de la Autoridad Pública Olímpica (APO). Cerca de 43% del monto ejercido corresponde a recursos públicos y un 57% restante a privados, de acuerdo con datos de la alcaldía de Río. Sin embargo, el costo podría elevarse de forma considerable.

En la antesala de las Olimpiadas el descontento social fue en aumento. Prueba de ello fue en junio pasado durante una protesta encabezada por policías civiles y militares, así como de bomberos de Río de Janeiro que se manifestaron en contra de los recortes a sus salarios.

Con carteles y pancartas con la leyenda “Bienvenidos al infierno” (Bem-vindo ao inferno, en portugués) los trabadores recibieron en el Aeropuerto Internacional Tom Jobim a los miles de turistas que arribaban a la ciudad.

Para Guillermo Barba, economista de la Escuela Austríaca, las políticas proteccionistas implementadas tanto por Rousseff, quien se encuentra actualmente suspendida de la presidencia del país por el escándalo de corrupción que ensombrece a la nación sudamericana, tanto como para Michel Temer, presidente provisorio, no han ayudado a restaurar la imagen del gobierno de manera interna o externa, pues en un intento por proteger a la economía carioca, el gigante latinoamericano se ha cerrado las puertas.

“El alza de impuestos y controlar el tipo de cambio han sido graves errores. En un contexto económico en donde las cosas no han salido bien esto daña más la imagen de Brasil, ya que ahuyenta a posibles fuentes de inversión que en este momento necesita”, comenta el también autor del blog Inteligencia Financiera Global.

Restablecer la marca país

A pesar de los retos que implicará para Brasil la ejecución de los Juegos Olímpicos, Iliana Rodríguez Santibañez, directora de Derecho y Relaciones Internacionales del Tec de Monterrey, Campus Ciudad de México, asegura que la nación sudamericana se valdrá de todos sus recursos para evitar socavar su tambaleante marca país.

Para ello, el gobierno deberá aprovechar los reflectores internacionales para mostrar que está avanzando en un proceso de reconstrucción interna.

“Un error en este evento no sólo le dejará un daño económico a Brasil, también terminará por acabar la poca credibilidad que todavía le queda. Deberá ser muy cuidadoso, en especial con el tema de seguridad, pues las manifestaciones podrían ser el principal detractor durante estos días”, dice la internacionalista.

Los analistas coinciden en que en este momento a Brasil le quedan tres caminos a seguir si quiere mejorar el panorama en el futuro:

1. Devolver la credibilidad del gobierno ante su sociedad.

2. Mostrar mayor apertura comercial.

3. Comenzar a atender las demandas de los brasileños.

Aun con el complejo panorama y que los pronósticos no favorecen al país, Miguel Ruiz, presidente de la Cámara de Comercio México Brasil, se muestra positivo y confía en que la mayor economía en América Latina logrará salir de su crisis.

El entusiasmo del funcionario es similar al de un atleta que se levanta después de haber caído en una prueba, pero sin haber perdido de vista su meta y la ilusión de alcanzarla. “El país ya tocó fondo, ahora debe ir hacia arriba. Los Juegos Olímpicos son la mejor oportunidad para que demuestre que es una economía que tiene la capacidad de salir adelante. Aunque antes se tendrá que enfrentar a muchos retos dada la actual situación. La moneda está en el aire, lo que suceda dependerá sólo de Brasil”.

No te pierdas ningún detalle de la justa mundial en nuestro microespecial: Juegos Olímpicos Río 2016

 

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