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Javier Duarte y la misteriosa sonrisa de Mona Lisa

Como la Mona Lisa, el misterio de la sonrisa de Javier Duarte tiene explicaciones múltiples, todas ellas un insulto para aquellos que robó en tanto ocupaba el ejecutivo veracruzano.

28-06-2017, 4:53:14 PM
Javier-Duarte-Reuters
Reuters.

Con esposas, rodeado de fuerzas de seguridad… y sonriendo campechanamente. Javier Duarte, quien hoy personifica la voraz corrupción en México (esa que tanto indigna al presidente del partido que lo postuló, Enrique Ochoa Reza) se muestra, no tranquilo, sino risueño. No parece algo forzado, sino un gesto natural, pleno en su placidez. Mostró ese rostro feliz cuando fue arrestado, y de nuevo en días recientes. ¿Enloqueció y cree que los policías son sus guardaespaldas, como aquellos lo protegieron durante años? ¿Qué hay detrás de esa misteriosa sonrisa que probablemente habría fascinado a Leonardo Da Vinci?

Hay una posibilidad mucho más patética: Duarte regresa a tierras nacionales con una idea muy precisa de su futuro, y con certeza absoluta con respecto al que tendrán sus familiares más cercanos. Por años sometió a Veracruz a un pillaje con escasos precedentes por su magnitud, seguro que nada le pasaría. Al fin y al cabo, su cercanía con el presidente Peña Nieto era prácticamente una garantía de impunidad al menos hasta fines de 2018.

No era una mala apuesta, vistos los precedentes. No contó con que algunos de sus esquemas de robo fuesen descubiertos por medios como Animal Político. Menos que, ante la exhibición de la rapacería de su gobierno, ocurriera lo que parecía inconcebible: la derrota del PRI en Veracruz, a pesar de los esfuerzos del tricolor y (es importante recordar) el formidable sabotaje que implementó Andrés Manuel López Obrador. Curiosamente, en esa elección el líder de Morena se abstuvo de ofrecer la declinación que habría asegurado la caída del PRI y que posteriormente exigiría en el Estado de México. Pero con todo se logró la derrota priista a manos del PAN-PRD.

Pero incluso en las semanas subsecuentes a esa victoria opositora, el Gobierno Federal no pareció muy ansioso por cercar al gobernador saliente. Quizá la sonrisa de hoy se explica por ese recuerdo no lejano de la huida. Una vez más, México mostró esa capacidad para mezclar la tragedia con toques de comicidad: “se va a escapar, se va a escapar”, era la consigna popular. Y, pues sí, renunció antes de concluir su periodo… y se escapó, alejándose hacia el horizonte en un helicóptero del gobierno, cortesía de su sucesor.

Quizá la sonrisa también se explica por ese misterioso arresto en Guatemala. Unos días agradables en compañía de su familia, que viajó para unirse al prófugo. Nada de arrestar al susodicho apenas la parentela indicara su paradero. Al contrario, unos días de espera para al parecer permitir una despedida con estilo y relajada. Todo finalizado con un arresto muy conveniente para todas las partes. Duarte salió solo de su cuarto, y listo.

La expresión de placidez, esa sonrisa, igual puede ser resultado de saber que nadie de su familia será molestado por las autoridades judiciales. Personal de primer nivel de la Procuraduría General de la República hicieron el inusual anuncio poco después de su detención: ningún familiar era objeto de investigación alguna.

Duarte no sólo era acusado de ladrón, sino exaltado como ladrón en solitario. La felicidad de su rostro quizá provenga de esos bienes, esas cuentas bancarias, a salvo de la rapiña de esa ciudadanía que le gustaría recuperar algo del dinero robado a las arcas públicas.

Pero hay otra posibilidad igualmente deprimente: Duarte sabe que regresa a México para enfrentar cargos que no serán tan duros para su vida futura como pudiera pensarse dado todo lo que robó (ya no digamos sustituir quimioterapias por agua). Tiene confianza en esa PGR que ya tuvo el gesto de exonerar a su familia sin tomarse el trabajo de investigar. Unos años, probablemente pocos, a la sombra, pero en esas condiciones de excepción que ciertas prisiones mexicanas pueden ofrecer a gentes otrora poderosas y que mantienen una posición adinerada. Y, por supuesto, nada de maras que lo molesten.

Como la Mona Lisa, el misterio de la sonrisa de Javier Duarte tiene explicaciones múltiples, todas ellas un insulto para aquellos que robó en tanto ocupaba el ejecutivo veracruzano. Una ofensa para un país que asiste asqueado, prácticamente impotente, ante las corruptelas de sus gobernantes. Porque finalmente la sonrisa de Duarte es eso: una burla para México.

Esta es la victoria pírrica del PRI y la derrota simbólica de Morena

Nota del editor: Este texto refleja la opinión del autor y no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel. 

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